El rol decisivo de Lenin

TEORIA - A 100 AÑOS DE LA REVOLUCION RUSA
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LeninLenin fue el fundador y máximo dirigente del ala revolucionaria de la socialdemocracia rusa, conocida desde 1903 como los bolcheviques.  En 1917 vivía exiliado en Suiza con su compañera Natalia Krupskaia. Durante más de dos décadas había participado activamente en la política y actividades de los revolucionarios rusos y la internacional, con largos años de exilio. Al enterarse de la caída del zar, Lenin comenzó de inmediato comenzó a buscar algún camino de regreso a Petrogrado. En medio de la guerra interimperialista, entre Suiza y Rusia se interponía el frente militar de las tropas alemanas y austro-húngaras contra el ejército zarista. La solución fue el legendario “vagón precintado” con el que atravesó Alemania.

Confusión y errores oportunistas en la dirección bolchevique 

La militancia bolchevique participó en forma activa y protagónica en las cinco jornadas de la insurrección de febrero y todos los acontecimientos que le siguieron, pero en medio de una gran confusión y vacilaciones de su dirección1. Según las memorias de Sujanov2, en la sesión del comité ejecutivo del soviet del 1º de marzo, donde entre treinta y nueve delegados había once bolcheviques, ninguna voz cuestionó al nuevo gobierno encabezado por los burgueses Guchkov y Miliukov.Al mismo tiempo, los bolcheviques en el barrio de Viborg, en mitines con miles de obreros y soldados, hacían votar casi por unanimidad que el soviet tomara en sus manos el poder. El numero uno del periódico bolchevique Pravda decía: “La misión fundamental consiste […] en la instauración del régimen democrático republicano”. Y en el mandato a sus diputados al soviet, el comité de Moscú declaraba como objetivo: “El luchar por el socialismo, que es su objetivo final”, la tradicional formulación del reformismo socialdemócrata. 

Por su parte Lenin envió el 6 de marzo a los bolcheviques que estaban en Estocolmo un telegrama que entró en la historia. “Nuestra táctica: desconfianza absoluta, ningún apoyo al nuevo gobierno; sospechamos especialmente de Kerensky […] Telegrafíen esto a Petrogrado”3.

A mediados de marzo regresaron del exilio en Siberia dos miembros del comité central, Kamenev y Stalin, quienes dieron una orientación más consistente hacia la derecha, de apoyo a los conciliadores mencheviques y SR y al gobierno burgués, y a la participación en la guerra (el socialpatriotismo), llamado el “defensismo revolucionario”.

Desde el 15 de marzo desplazaron a la dirección del Pravda, que encabezaba el ex estudiante Molotov, por “izquierdista”. En el número del 15 de marzo, en una nota de presentación de la nueva redacción, decía que los bolcheviques apoyarían decididamente al gobierno provisional “en cuanto luchase contra la reacción y la contrarrevolución”. En relación a la guerra, decían que el soldado ruso “deberá permanecer firme en su puesto, contestando a las balas con las balas”. Y agregaba: “Nuestra consigna no debe ser un ¡Abajo la guerra! sin contenido. Nuestra consigna debe ser: ejercer presión sobre el gobierno provisional con el fin de obligarlo […] a tantear la disposición de los países beligerantes respecto de la posibilidad de entablar negociaciones inmediatamente. Entre tanto, todo el mundo debe permanecer en su puesto de combate.” Con estas palabras se sumaban por completo al defensismo de la burguesía y los partidos conciliadores. Lo opuesto al “derrotismo” de Lenin y los bolcheviques. Desde agosto de 1914 dijeron “transformar la guerra imperialista en guerra civil” y “la derrota de Rusia es el mal menor”, por lo que fueron ferozmente perseguidos. Fue tan escandaloso este artículo que Pravda debió publicar en sus páginas un enérgico rechazo de los bolcheviques de Viborg a esa capitulación.

Las tendencias conciliadoras se hacían cada vez más fuertes en la dirección bolchevique, y se propuso directamente una fusión con los mencheviques. Mientras las bases obreras pasaban de la confusión a la indignación, en las cúpulas del soviet y el gobierno se celebraba con alegría cada paso de los bolcheviques hacia el oportunismo. Lenin, por el contrario, el 26 de marzo, en su carta de despedida a los obreros suizos decía “no queremos nada con un gobierno Guchkov-Miliukov” y reafirmaba el derrotismo.

El 29 de marzo se realizó una conferencia de los bolcheviques de todo el país en Petrogrado, donde se planteó dar apoyo condicional al gobierno burgués. Decía Stalin es su informe: “Hay que apoyar al gobierno provisional en la medida que éste consolide los avances de la revolución; por el contrario, no se le deberá apoyar en aquello que sea contrarrevolucionario”.

Y entonces volvió Lenin 

El 3 de abril a la noche, luego de ocho días de larga travesía, Lenin, Krupskaia, Zinoviev y otros exiliados arribaron a Petrogrado, a la estación de trenes de Finlandia. Varios miles de obreros y soldados se habían convocado para recibirlos. El menchevique Chjeidse, presidente del soviet de Petrogrado, estaba presente como representante oficial del comité ejecutivo. Con un ramo de flores en las manos, Lenin hizo un breve discurso en uno de los salones de la estación, evocando a Carlos Liebknecht y su llamado a que los pueblos volverían sus armas contra sus explotadores y que finalizó ¡viva la revolución socialista mundial!

De allí, rodeado de manifestantes emocionados y entusiastas, se dirigió en un carro blindado (de esos que los obreros y soldados revolucionarios habían confiscado en febrero en los cuarteles) al local central del partido bolchevique, en el palacio Kchesinskaya, que había pertenecido a una bailarina palaciega. Allí, sobreponiéndose al cansancio y la emoción, en la madrugada del 4 de abril, durante dos horas hizo un discurso ante los obreros bolcheviques petersburgueses, que no quedó registrado. No eran momentos para actas taquigráficas ni eran aún habituales las filmaciones o grabaciones. Pero seguramente hizo allí su primera presentación de las “tesis” que había redactado breve y cuidadosamente en los largos días de la travesía de regreso. El infaltable Sujanov, invitado por Kamenev, se había metido con la multitud bolchevique en el palacio, y escribió luego en sus memorias: “No olvidaré nunca aquel discurso, parecido a un trueno, que me conmovió y asombró. […] Puedo afirmar que nadie esperaba nada parecido.” Lenin, según Sujanov, había dicho: ¡No tenemos necesidad de una república parlamentaria, no tenemos necesidad de una democracia burguesa, no tenemos necesidad de ningún gobierno fuera de los soviets.”

Pocas horas después, ese mismo día 4 de abril, Lenin presentó un informe con sus ideas resumidas en las célebres “tesis” ante la asamblea de delegados bolcheviques de todo el país que participaban en la primera conferencia de los soviets de toda Rusia. El 7 de abril apareció el texto en el Nº 26 del Pravda, con la solitaria firma de Lenin (ver página 7) . 

A fines de abril Lenin ganó la mayoría en su partido 

Había que hacer un giro decisivo, ya que el sector Kamenev-Stalin no solo venía capitulando a los mencheviques, sino que directamente estaban en negociaciones para reunificarse. Al respecto, en la asamblea de los bolcheviques de Petrogrado el 4 de abril, Lenin había cerrado su discurso diciendo: “He oído que en Rusia hay una tendencia unificadora, la unificación con los defensistas. Esto es una traición al socialismo. Considero que es mejor quedarse solo, como Liebknecht: solo contra 110.” Sin dar nombres, agregó que estaba dispuesto a “romper con quien sea”. Pero no quedó solo. A lo largo del mes de abril fue reorientando a los cuadros y las bases y discutiendo en la dirección. Stalin se replegó silenciosamente. Kamenev defendió sus posiciones con su habitual blandura. Entre el 24 y el 29 de abril se hizo en Petrogrado la primera conferencia legal de los bolcheviques de toda Rusia. Las célebres “tesis” fueron aprobadas por una mayoría de 71 votos, con 38 en contra y 8 abstenciones.

Si Lenin había ganado en forma fulminante su batalla política no era solo por su influencia personal y su prestigio en el partido. En casi dos décadas, con avances y retrocesos, e incluso crisis internas, los cuadros y las bases obreras bolcheviques se educaban en una sólida tradición revolucionaria. En medio de la represión, las deportaciones y cárceles, la clandestinidad, vivían cotidianamente la lucha contra el zarismo, la burguesía y el imperialismo. Contra todos los demás partidos obreros reformistas y conciliadores (en primer lugar al ala menchevique), por la intransigente independencia política de los trabajadores, y la perspectiva de tomar el poder. Cuando en la realidad se abrió esta última perspectiva, las bases y cuadros comenzaron a percibirlo, se lanzaron con entusiasmo a la lucha, y rápidamente Lenin pudo así reorientar sólidamente el rumbo que los llevaría en los meses siguientes a transformarse en la mayoría dirigente de los soviets y a la toma del poder. 

El debate de Lenin en 1917 sigue en la actualidad 

A lo largo del siglo XX los partidos comunistas estalinistas hicieron lo opuesto a la política que exigía Lenin a su partido bolchevique: ruptura con la burguesía y a los partidos que conciliaban con ella. En las últimas décadas aquellos partidos comunistas burocráticos se han visto muy debilitados o directamente han desaparecidos. Pocos son los que se animan a reivindicar a Stalin. Sin embargo, desde aquellos restos reciclados o los nuevos movimientos políticos, nadie apela a aquel debate de abril de 1917 para retomarlo en un sentido leninista.

Tanto los sandinistas en Nicaragua (aconsejados por el castrismo), Lula y el PT en Brasil y Chávez en Venezuela, y más recientemente en Europa, en Grecia Syriza (o en el Estado Español con Podemos que aún no ha gobernado), todos estos partidos aplicaron o aplican la política antileninista de pactar con la burguesía, o directamente gobernar para ella, rechazando la pelea por una salida socialista. Muchos de estos partidos actuales seguramente harán distintos homenajes a los cien años del triunfo de octubre y a su dirigente Lenin. Pero su política es la continuidad de aquellos conciliadores mencheviques y social revolucionarios, opuestos al leninismo y que fueron derrotados. Ninguno de esos partidos neoreformistas, igual que Kerensky en 1917, cumplió sus promesas de progreso para sus pueblos. Más bien todo lo contrario. La realidad sigue dándole la razón a Lenin y los intransigentes bolcheviques, que fueron consecuentes y para lograr la paz, el pan y la tierra encabezaron la toma del poder por los soviets. 

 

1. También en este artículo nos basamos en gran medida en la Historia… de Trotsky, sin aburrir al lector con citas en comillas y números de páginas. En 1924 Trotsky escribió Lecciones de Octubre, dando a conocer por primera vez la lucha interna en la dirección bolchevique iniciada con el regreso de Lenin. Está reeditado por Cehus, 2017.

2. Sujanov era un socialista sin partido, fanático del apoyo al gobierno burgués, mitad político y mitad periodista, que logró estar en la conducción del soviet en los primeros meses, y escribió luego sus memorias.

3. Este telegrama fue leído en la dirección bolchevique el 13 de marzo en Petrogrado, pero apenas en 1930 fue incluido por primera vez en una “recopilación leninista” en la URSS.

 

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