Estados Unidos: 1° de mayo con paros y movilizaciones en el corazón del capitalismo mundial

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Compartimos esta nota publicada por Máximo Paz para ANRed (anred.org)

Aunque a la sociedad de Estados Unidos le sea escondida históricamente el Día Internacional de las y los Trabajadores a través de la supresión del feriado y las consiguientes recordaciones a los que fueran sus compatriotas, los “Mártires de Chicago”, trabajadoras y trabajadores concretaron en la singular fecha un extensivo paro temporal de actividades en diversas ramas de la actividad productiva y económica del país del norte. La situación de quienes encuentran su sustento vital mediante la asignación de un salario, se han encontrado con innumerables abusos por parte de las patronales al estallar el flagelo mundial del Covid-19 y todos los riesgos sanitarios que implica.

Trabajadoras y trabajadores dedicados a lo que se consideran ramas esenciales de actividad y que por ello no pueden dejar de someterse al desafío de manera cotidiana a los riesgos de contraer la infección del coronavirus, llevaron adelante en el vedado Día del Trabajador en EEUU una serie de huelgas de alcance temporal en defensa de sus condiciones generales de trabajo y en protesta por la falta sustancial de elementos de seguridad sanitaria que tendrían que ser provistos para afrontar sus riesgosas actividades en este marco.

Empleados de la salud, de empresas de servicios comerciales como Amazon, Whole Foods, Instacart, FedEx, Target, Walmart y de otros rubros, lograron organizar la medida de fuerza que se valió de la ausencia de personal en sus puestos con movilización y protesta en sus lugares de trabajo y un llamado a los clientes –trabajadores, también, en su mayoría- de las empresas comerciales a que contribuyan en la acción participando mediante la no compra de productos.

El pliego de demandas estuvo signado por la centralidad del conflicto que aqueja el desempeño habitual laboral en un contexto de pandemia sin tener en consideración, por parte de las patronales, medidas básicas de higiene, artículos de limpieza, equipos de protección personal y material sanitario para evitar el contagio del coronavirus. También, algunos empleados extendieron su protesta contra los horarios inestables, por compensaciones por ausencias permitidas y que no le son remuneradas, por un pago adicional por trabajo de alto riesgo y licencia por enfermedad.

A su vez, las distintas protestas centradas en las compañías privadas denunciaron el escondimiento del número real de casos de infectados para evitar las repercusiones comerciales que la información llevaría adelante y que tal actitud, en consecuencia, recae directamente sobre la salud y los riesgos de las propias obreras y los obreros.

La iniciativa relumbró por parte de las y los trabajadores de la gigante compañía Amazon –una de las beneficiadas enormemente por la pandemia ante su modalidad de comercialización on line- y traccionó a otras del rubro de comercio y servicios, como la cadena Walt Mart o FedEx. De todos modos, otras ramas gremiales también efectuaron su medida desde la movilización y bajo demandas que incluyeron el aumento de salarios, reconocimiento remunerativo de su labor en tanto actividad esencial y el pago de horas extras. Tales fueron los casos, por ejemplo, de varios choferes de transporte público o agentes de recolección de residuos.

“Como trabajadores, tenemos representación, tenemos la capacidad de cambiar las cosas y no tenemos que ser espectadores pasivos de nuestra vida política y social”, sostuvo Adam Ryan, un empleado de Target en Christiansburg, Virginia, y coordinador de Target Workers Unite, una agrupación gremial de los empleados para organizar las movilizaciones.

Además, las manifestaciones tomaron su propio color de acuerdo a la actividad. Por caso, enfermeras y enfermeros de un hospital del estado de California lo hicieron mediante una “manifestación silenciosa” en donde ilustraron el deceso de 60 compañeros fallecidos por el contagio del virus con cada uno de los nombres de las víctimas sostenidos en pancartas, rodeados de velas y flores sobre la entrada del nosocomio mientras un prolongado silencio del personal concluía la simbología.

Para mayor complejidad y descripción de la situación estadounidense, los reclamos de la clase obrera norteamericana por mejores condiciones laborales se combinaron, en ese mismo día, con múltiples acciones de protestas callejeras por parte de ocupantes inquilinos inmobiliarios quienes también reportan una serie de problemas relacionados con la pandemia del Covid-19.

“Les estamos pidiendo a todos que comiencen con estos conceptos básicos: no ir a trabajar, ni de compras, ni pagar el alquiler, ni la hipoteca, no ir a la escuela, no a las fronteras, no a las prisiones. ¿Correcto? Tomemos todos una acción conjunta, juntos”. Expresó Kali Akuno, referente de la asociación Cooperation Jackson, en declaraciones.

Los actos de reclamos y medidas de fuerza que pudieron extenderse a lo largo y ancho del territorio norteamericano dan cuenta de una sombría crisis económica que si bien se encontraba en proceso de desarrollo creciente, la pandemia potenció a niveles pocas veces visto en la historia del país, aún cuando se subrayó el énfasis en no establecer cuarentena alguna generalizada a la población a fines de no perjudicar la actividad económica general de la nación norteamericana.

La ruina de la economía estadounidense, principal potencia mundial, se expresa en guarismos alarmantes. Uno de ellos se trata del abrupto registro -en pocas horas- de 4.4 millones de solicitudes de fondo de desempleo y que sumadas a las demandadas anteriormente, da un total de 26 millones, un guarismo que sobrepasó las peores previsiones calculadas por el gobierno de Donald Trump y equipo.

También se encuentran las contradicciones del propio ritmo económico, teniendo en consideración el crecimiento de la actividad en aquellos negocios dedicados a los servicios de compra por internet. Tal es el caso del capitalista Jeff Bezos, dueño de Amazon, cuyo patrimonio creció en unos 24 mil millones de dólares durante el último mes por el fenómeno del coronavirus y los nuevos hábitos de compra, lo que llega, el empresario, a un total de 135 mil millones de patrimonio declarado y que, desde esos números, no cobra relevancia –ni él ni su empresa insignia- sobre el pedido mínimo de sus trabajadoras y trabajadores de no morir ni contagiar trabajando.

 

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