Moreno y las revoluciones Bolivia 1952, 1970-71 y 1985
El partido y la revolución- Nahuel Moreno (1985)
Prólogo (Pág. 14) La traición a la revolución boliviana de 1952
La consecuencia más nefasta de esta claudicación a las direcciones contrarrevolucionarias se dio en Bolivia. En 1949 hubo elecciones en las que triunfó Víctor Paz Estenssoro, del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Paz Estenssoro gobierna actualmente en Bolivia como agente directo de Estados Unidos, pero en aquel entonces aparecía ante las masas como un líder antioligárquico y antiimperialista. Por eso los militares se negaron a entregarle el poder. La respuesta de las masas se dio en 1952: fue una insurrección popular encabezada por la clase obrera en la ciudad de La Paz. La insurrección destruyó al ejército completamente, todas las armas existentes pasaron a las milicias obreras y campesinas y, aunque Paz Estenssoro asumió la presidencia, las masas tenían en jaque a su gobierno. Era el momento de luchar con toda la fuerza posible para que el poder fuese a manos de las milicias obreras y campesinas dirigidas por la Central Obrera Boliviana. El trotskismo boliviano, que se había convertido en un movimiento de masas, podía influir decisivamente en este sentido. Pablo y Mandel en cambio sacaron la conclusión de que había que apoyar críticamente al gobierno de Paz Estenssoro. Hicieron lo opuesto que los bolcheviques en la revolución rusa de 1917. Contra el gobierno frentepopulista que engañaba a las masas, Lenin y Trotsky levantaron la consigna del poder para los soviets y señalaron la necesidad de que la clase obrera hiciera una revolución contra este gobierno burgués disfrazado de “popular”. En Bolivia estaban absolutamente todas las armas en manos de los obreros y campesinos y el Secretariado Internacional y su sección boliviana jamás dijeron a las masas: tienen que volver esas armas contra el gobierno burgués y tomar el poder. Esto fue una de las traiciones más espectaculares del siglo. Resultó trágica para el movimiento de masas que, debido a la falta de una orientación revolucionaria, fue paulatinamente desmovilizado y desarmado. Y finalmente sufrió una grave derrota. También como consecuencia de la política de Pablo y Mandel frente a la revolución del 52, comenzó un deterioro del trotskismo boliviano que se dividió, transformándose, de una corriente masiva, en un grupito de sectas.
Capítulo 5 (Pág. 233-241) Bolivia 1952-55: Por qué no luchamos por el poder Si algún joven trotskista intenta estudiar la historia de nuestro movimiento con un enfoque distinto al que utilizó Frank para hacer la suya, encontrará dificultades casi invencibles para saber cuál fue nuestra política en Bolivia. Pese a que nuestra sección allí fue, según declaraciones de Pablo y sus amigos, la más importante de nuestra Internacional (junto a Ceylán), un secreto celosamente guardado bajo siete llaves rodeó su historia durante años. Parece que nunca antes hubiera existido una sección importante en Bolivia. La razón de esta conspiración de silencio es sencilla: en Bolivia se dio la más grande, perfecta y clásica revolución obrera en lo que va del siglo, con una fuerte influencia de nuestra Internacional. Y allí se expresó, en su forma más clara, el terrible peligro que traía consigo la “estrategia” del entrismo “sui generis”. El fracaso del nacionalismo burgués Bolivia es un país muy pobre. El proletariado más fuerte es el minero, que está concentrado en Oruro y La Paz; todo el proletariado fabril y la pequeña burguesía están prácticamente radicados en La Paz. El intento de lograr un gobierno bonapartista militar, apoyado en el movimiento obrero para resistir la presión yanqui, como se había logrado en la Argentina con el peronismo, se estrelló contra la miserable condición de la economía boliviana. En la Argentina, ese proyecto burgués fue viento en popa por su excepcional ubicación comercial y financiera (el tercer lugar en el mundo de la última post guerra); y Perón pudo hacer grandes concesiones económicas a las masas, adquiriendo gran prestigio frente a ellas. En Bolivia, en cambio, la situación económica deplorable dejó sin márgenes de maniobra al gobierno burgués: éste no pudo hacer grandes concesiones y el crecimiento del prestigio del trotskismo fue masivo y fulgurante. El trotskismo adquiere influencia de masas De esta manera, los trotskistas bolivianos se transformaron en una dirección de gran prestigio político en el movimiento obrero y de masas boliviano, aunque no lograron consolidar esa influencia organizativamente. Así lo reconocieron, repetidas veces, los órganos oficiales de nuestra Internacional, y nuestra influencia se vio reflejada en los hechos mismos de la lucha de clases. Un ejemplo de ello fueron las famosas tesis de Pulacayo, base programática del movimiento sindicalmente organizado en Bolivia. En noviembre de 1946, en Pulacayo (una población minera), se reunieron los delegados de todas las minas de Bolivia, y aprobaron por unanimidad las tesis elaboradas por los trotskistas, votando en contra del MNR y los stalinistas. Estas tesis, que se denominaban “programa de reivindicaciones transitorias”, planteaban entre otras posiciones, las siguientes: 1) salario básico vital y escala móvil de salarios; 2) semana de 40 horas y escala móvil de horas de trabajo; 3) ocupación de minas; 4) contrato colectivo; 5) independencia sindical; 6) control obrero de las minas; 7) armamento de los trabajadores; 8) bolsa de huelga; 9) reglamentación de la supresión de las pulperías baratas; 10) supresión del trabajo a contrato. Este programa, especialmente el que iba contra el ejército y por el armamento del proletariado, con milicias obreras, fue propagandizado en forma masiva por los trotskistas y por la organización sindical minera durante los años que van hasta la revolución de 1952. Una consecuencia del colosal triunfo trotskista entre los trabajadores mineros, va a ser la constitución del bloque o frente obrero para presentarse a elecciones. A pesar de que el 90°/o de la población boliviana no votaba en aquellos tiempos (había voto calificado: sólo podían votar los que sabían leer), el bloque obrero ganó en los distritos mineros y obtuvo un senador y cinco diputados. El máximo líder trotskista, Guillermo Lora, y otros compañeros hicieron una buena utilización del parlamento burgués, cuando desde sus diputaciones atacaron al ejército y pregonaron la necesidad de destruirlo e imponer las milicias obreras. En 1951 hubo elecciones presidenciales y triunfó el MNR, pero no se le entregó el gobierno, ya que ante ese triunfo los militares dieron un golpe de estado e instauraron un régimen dictatorial, represivo al extremo. El 9 de abril de 1952, la policía y un sector del ejército, en acuerdo con la dirección del MNR, intentaron dar un contragolpe, pero éste fracasó y su jefe militar se asiló en una embajada. La policía, al verse derrotada por los militares, entregó algunas armas a los trabajadores fabriles y al pueblo de La Paz, para que resistieran la contraofensiva militar. Mientras tanto, los mineros, que ya habían liquidado al ejército en Oruro y se habían apoderado de los regimientos, comenzaron a bajar hacia La Paz. Este vuelco más el copamiento de un tren militar que se dirigía hacia La Paz con armamentos, llevó a la liquidación total del ejército boliviano. En La Paz, por ejemplo, los trabajadores derrotaron completamente a siete regimientos (la base del ejército boliviano), y les sacaron todas las armas. Cayó el gobierno dictatorial, y se le dio el gobierno al MNR. Las milicias obreras y campesinas fueron las únicas fuerzas armadas que quedaban en Bolivia después del 11 de abril de 1952 y estaban dirigidas, en su mayor parte, por los trotskistas. Recién el 24 de julio, más de tres meses después, el gobierno sacó un decreto de reorganización del ejército. Nuestros compañeros trotskistas, apoyándose en las milicias armadas obreras y campesinas —entre 50 y 100.000 hombres (en un día de desfile solamente las milicias campesinas tenían 25.000)— y en las organizaciones sindicales, fundaron y organizaron la Central Obrera Boliviana (COB), que agrupó a todas las milicias y a todas las organizaciones obreras y campesinas de Bolivia. Frente a esa situación, única en este siglo, —una revolución que liquida al ejército burgués y organiza su propio ejército proletario, con una dirección y un programa trotskista, ¿qué hacen Pablo y sus amigos? Aplican una de las tácticas decenales: el entrismo. Esta línea fue impuesta a escala mundial. Donde no había partidos stalinistas, se los reemplazó por partidos socialistas o nacionalistas burgueses, ya que de ellos surgirían las tendencias centristas que iban a dirigir la revolución. He aquí lo que escribían Pablo y sus amigos en 1951: “Por otra parte, en caso de movilización de masas bajo el impulso o la influencia preponderante del MNR, nuestra sección debe sostener con todas sus fuerzas al movimiento, no abstenerse sino al contrario intervenir enérgicamente en vista de llevarla lo más lejos posible, comprendiendo esto hasta la toma del poder por el MNR, sobre la base del programa progresivo de frente único antiimperialista”. [151] ¡Ni una sola palabra sobre el movimiento obrero y sus organizaciones de clase, los sindicatos y, el día de mañana, las milicias o los soviets! El compañero Pablo proponía esto, al mismo tiempo que definía al MNR como un partido de la baja burguesía minera, vale decir como un partido burgués. O sea que, según Pablo, no debíamos utilizar las movilizaciones para desenmascarar al MNR, para denunciar su inevitable papel de ser en última instancia, agente del imperialismo. No debíamos oponerle las organizaciones de clase, los sindicatos o las futuras milicias o soviets. Al contrario, debíamos impulsarlo, de conjunto, para que “tomara el poder”. Y disfrazaba esta claudicación a un partido nacionalista burgués tras el programa del frente único antiimperialista. En realidad, esta política era directamente contraria a la táctica del frente único antiimperialista. Lo fundamental de esta táctica consiste en plantear acciones conjuntas que desenmascaren las vacilaciones y traiciones de los burgueses nacionalistas; y su objetivo es lograr la independencia política del movimiento obrero con respecto a esas direcciones burguesas. La otra cara, más grave aún, de esta prostitución de la táctica del frente único antiimperialista, es la renuncia a luchar por la organización y la política independiente de los trabajadores. Esta capitulación total, es llevada al asco en otro párrafo de la resolución: “Si contradictoriamente, en el curso de estas movilizaciones de masas, nuestra sección comprobase que disputa con el MNR la influencia sobre las masas revolucionarias, ella levantará la consigna de gobierno obrero y campesino común a los dos partidos, siempre sobre la base del mismo programa, gobierno apoyado en los comités obreros y campesinos y los elementos revolucionarios de la pequeña burguesía”. [152] Dicho de otra manera, si empezamos a derrotar al MNR frente al movimiento de masas, no debemos llevar esta tarea hasta el fin, sino que debemos plantear un gobierno compartido entre el MNR y nosotros. Este gobierno no debía ser el gobierno de los comités obreros y campesinos, sino “apoyarse” en ellos. Para llegar a semejante política, Pablo debió revisar la posición leninista del gobierno obrero y campesino. Lenin estaba de acuerdo con impulsar la toma del gobierno por los mencheviques y socialrevolucionarios (cuando aún el partido revolucionario no tenía fuerzas para hacerlo); pero sostuvo categóricamente que jamás se debía hacer un gobierno compartido con ellos (y no entró al gobierno kerenskista de los mencheviques y socialistas revolucionarios). La esencia de la posición leninista era mantenerse fuera del gobierno, justamente para quedar como única alternativa cuando el reformismo quedara desenmascarado ante las masas después de demostrar su impotencia desde el poder. Si como línea política, la de Pablo y sus amigos fue revisionista y claudicante, como previsión de los acontecimientos fue catastrófica. La revolución del 52 no siguió ninguna de las pautas que ellos previeron en 1951, sino más bien las opuestas: la clase obrera, a través de las organizaciones de clase, los sindicatos y las milicias, liquidó al régimen militar. Pero, como siempre, la realidad puede ser otra, pero la estrategia de Pablo sigue. Y es entonces cuando la dirección del movimiento obrero boliviano (en primera fila los trotskistas, que decían y hacían lo que Pablo ordenaba) lleva al MNR burgués al gobierno y le da apoyo crítico. Insistimos: Pablo y sus amigos apoyaron a un gobierno burgués, que no tenía ejército ni policía que lo sostuviera en Bolivia, porque habían votado esa “estrategia” a largo plazo en el congreso mundial de 1951. Pruebas al canto: después de abril de 1952, nuestra sección boliviana, directamente controlada por Pablo y sus amigos nos decía: “En el momento presente nuestra táctica consiste en agrupar nuestras fuerzas, en aglutinar el proletariado y los campesinos en un solo bloque para defender a un gobierno que no es el nuestro”. “Lejos de lanzar la consigna del derrocamiento del régimen de Paz Estenssoro, lo apuntalamos para que resista la embestida de la ‘rosca’ “. “Esta actitud se manifiesta primero como presión sobre el gobierno para que realice las aspiraciones más sentidas de los obreros y campesinos”. [153] Mientras nosotros planteábamos que en Bolivia la consigna era “¡Todo el poder a la COB y las milicias armadas!”, en Quatriéme Internationale, sin que se les cayera la cara de vergüenza, los compañeros Frank y Germain, un año después de la revolución del 52, decían lo siguiente: “El POR comenzó con un apoyo justo pero crítico al gobierno del MNR. Vale decir, evitó lanzar la consigna (Abajo el gobierno del MNR): lo apoyó críticamente contra todo ataque por parte del imperialismo y la reacción, así como toda medida progresista”. [154] Entre paréntesis, no sabemos qué tiene que ver no levantar la consigna inmediata “abajo el gobierno”, con el apoyo crítico, puesto que podemos no levantar la consigna sin que esto signifique apoyar al gobierno ni “críticamente” ni de ninguna forma. En julio de 1953, la revista oficial de nuestra Internacional —Quatriéme Internationale—, en su edición en castellano (pero supervisada al milímetro por Pablo y sus amigos) hacía la siguiente pintura de la situación boliviana: “La organización de milicias obreras se amplifica paralelamente a la de las masas campesinas... “ “El régimen ha evolucionado en efecto a una especie de ‘kerenskismo’ muy avanzado, mucho más acentuado que el Mossadegh en Irán, por ejemplo”. [155] Y en esa situación de “kerenskismo avanzado” seguíamos sin lanzar la consigna de “Todo el poder a la COB y a sus milicias”. Pasó un año más —dos desde la revolución— y se reunió el IV Congreso de la Internacional. En él, Pablo y sus amigos siguieron adelante con su estrategia decenal, no perdieron en absoluto su entrañable amor por las organizaciones no proletarias y por las tendencias centristas, y siguieron sin llamar a la COB, la organización obrera por antonomasia, a que tomara el poder. Habían encontrado otra organización centrista digna de su “apoyo crítico”: la izquierda del MNR. “En Bolivia, el giro a la derecha y reaccionario de la política del MNR, cediendo a la presión del imperialismo y la reacción indígena, hace más imperiosa que nunca una franca denuncia de este giro por parte del POR, que debe quitar toda confianza a este gobierno, como también a los ministros obreros; llamando constantemente a la COB y trabajando sistemáticamente en su seno a fin de aplicar una verdadera política de clase independiente del MNR y de comprometer a la Central en la vía del gobierno obrero y campesino; la campaña sistemática por esta perspectiva, así como por el programa para tal gobierno, la campaña por elecciones generales, con derecho a voto para todos los hombres y mujeres mayores de 18 años para elegir una asamblea constituyente y la presentación de listas obre ras de la COB en estas elecciones. Es solamente tal política la que podrá provocar una diferenciación en el seno del MNR y obligar a su ala izquierda muy difusa y desorganizada a romper definitivamente con la derecha y con sus dirigentes ‘obreros’ burocratizados y comprometerse en la vía del gobierno obrero y campesino”. [156] La línea habría sido perfecta con un agregado: para garantizar todo esto (constituyente, elecciones, etc. ), es necesario que la COB tome el poder. Pero eso no lo decían Pablo y sus amigos. ¿Quién iba entonces a llamar a esa constituyente? Si no era la COB desde el poder, sólo quedaban el gobierno de Paz Estenssoro o un supuesto gobierno de la izquierda del MNR. Esta línea confirmaba la que se había dado la sección boliviana un año antes, expresada en un manifiesto lanzado el 23 de junio de 1953, con el beneplácito de Pablo y sus amigos. Allí decía: “La amenaza de conspiración rosquera se ha convertido en permanente... “, por lo tanto se debe “... defender al gobierno actual... “ con la “... defensa armada del gobierno”. [157] Aunque parezca increíble, se están refiriendo al gobierno burgués, ¡burgués!, de Paz Estenssoro. Quizás el peligro de “conspiración rosquera” justificaba no levantar momentáneamente la consigna ofensiva de “¡Todo el poder a la COB!” y reemplazarla por la defensiva de “¡Frente Obrero contra la reacción!”. Pero la estrategia de que la COB tomara el poder seguía teniendo vigencia y en ningún caso se podía levantar la consigna de “defensa” de un gobierno burgués. Sin embargo, ¿cuál es la consigna de poder con que termina este manifiesto? “Toda esta lucha debe girar alrededor de la consigna: control total del Estado por el ala izquierda del MNR”. [158] Pasó el tiempo y la izquierda del MNR fracasó. Así, ¡cuatro años después de la revolución!, cuando el ejército había logrado reestructurarse, cuando ya no podían confiar en el MNR —como al principio— o en su ala izquierda —como después— Pablo y sus amigos bolivianos adoptaron la línea por la que había luchado sistemáticamente nuestro partido desde el comienzo. En una resolución del CE del POR boliviano de mayo de 1956, ¡por fin!, (pero demasiado tarde) se dice: “Fortaleciendo y desarrollando todos los órganos de poder dual, frente a los choques con el gobierno, con la burguesía, con la oligarquía y el imperialismo, frente al parlamento y a las tentativas de restar influencia a los sindicatos que desarrollara el gobierno de Siles, nosotros empujaremos la tendencia de las masas planteando: ¡Que la COB resuelva en todos los problemas! y ¡Todo el poder a la COB!” [159] ¡Por fin se dieron cuenta!, decimos nosotros. Era una victoria tardía de nuestra prédica y nuestra polémica. Habían quedado al descubierto las claudicaciones de Pablo y sus amigos. Habían salido a la luz los terribles peligros que nos acechaban detrás de sus famosas “tácticas” de largo plazo, basadas en hipótesis para el futuro y no en la realidad.
Notas [151]“Tareas específicas y generales del movimiento proletario marxista revolucionario en América Latina”, para el Tercer Congreso de la IV Internacional, en Quatriéme Internationale, agosto de 1951. El delegado del SWP (Clark) votó esta resolución. Otras resoluciones de tenor parecido también fueron votadas por el SWP. Dejando de lado el hecho de que Clark rompió con el SWP para apoyar a Pablo, lo importante es señalar que el SWP apoyó y contribuyó a construir el Comité Internacional de la IV Internacional. Al hacerlo, el SWP estaba apoyando explícita o implícitamente la batalla en contra de esta línea en Bolivia, que llevaban a cabo nuestro partido y el SLATO (Secretariado Latinoamericano del Trotskismo Ortodoxo), la organización del Comité Internacional para América Latina. [152] Idem, p. 56. [153] Tesis de la décima conferencia del POR, citadas por Liborio Justo en Bolivia: la revolución derrotada, Rojas Araújo editor, Cochabamba, 1967, p. 223. [154] Quatriéme Internationale, abril de 1953, p. 25. [155] Quatriéme Internationale, julio de 1953, p. 74. [156] “Resoluciones del V Congreso Mundial”, en Quatriéme Internationale, junio de 1954, p. 54. [157] Boletín Interno del POR, mayo de 1956, citado por Liborio Justo en Bolivia: la revolución derrotada, ob. cit., p. 225 [158] Idem, p. 225. [159] Resolución del CE del POR boliviano de mayo de 1956, citada por Liborio Justo en Bolivia: la revolución derrotada, ob. cit., pp. 232-233.
Inédito verde
Estoy cansado de contar la anécdota de Oruro durante el primer año de la revolución, que nosotros publicamos acá en un boletín, porque es increíble. Dos días antes de conmemorarse la fecha patria boliviana como si fuera el 25 de Mayo en Argentina , que es cerca de fin de año, el comandante del distrito militar de Oruro el Suárez Mason de Bolivia , que es el segundo en importancia, manda a la COB una carta que dice, más o menos: "Señores dirigentes de la COB, debido a que tenemos que hacer el desfile, rogamos a ustedes encarecidamente que, dado que nos han sacado todas las armas y no tenemos ni un fusil, nos presten por veinticuatro horas fusiles para poder desfilar". Nosotros fotografiamos la carta y la publicamos en un boletín de noticias que sacábamos cada quince o treinta días, para que se entendiera en el extranjero y en nuestro propio partido lo que pasaba en Bolivia. También está la anécdota del presidente. Ningún general salía vestido con su uniforme. Años sin poder usar uniforme. Los tipos andaban escondidos, sin uniforme. Se ponían el uniforme en el cuartel pero después se lo sacaban y salían de civil, porque si no los mataban. Ni el edecán militar del presidente podía ir por la calle de uniforme. A uno de ellos lo mataron en una confitería porque tenía uniforme. El pobre tipo salió de la casa de gobierno uniformado, caminó cinco cuadritas, entró en una confitería a tomar café y trácate, lo mataron porque tenía uniforme. Pero en la historia de los regímenes burgueses, todo edecán militar va con su uniforme: no puede ser que el edecán esté junto al presidente disfrazado de civil, como si fuera un ordenanza. Y Paz Estenssoro tuvo que pedir por favor que se permitiera a su edecán vestir uniforme. Es la destrucción del ejército. Esa es la diferencia.
Ernesto González: El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina (Tomo I, 1943-55) Capítulo V El POR ante la ruptura de la Cuarta Internacional (Pág.189-190) [...]El pablismo, que al comienzo aparecía como una posibilidad progresiva al combatir el sectarismo y propagandismo, poco a poco fue acentuando sus rasgos revisionistas y burocráticos hasta culminar con el ataque a la sección francesa, que provocó la ruptura en el año 1953. El POR, pese a reclamarse “pablista de la primera hora”, como lo reafirmaba en su carta de ruptura política, ya había señalado algunos de esos rasgos, pero no había sacado las conclusiones que explicitaría, precisamente, en dicha carta. El pablismo fue la expresión, dentro del trotskismo, de la presión del stalinismo sobre esa dirección internacional intelectual, pequeño-burguesa, no forjada en la lucha de clases. La direcci6n pablista también cederá ante las direcciones de los movimientos de masas que aparecieron en el mundo, como el peronismo en Argentina, el MNR boliviano y el FLN argelino. El análisis que fundamentó sus capitulaciones fue el siguiente: como la guerra mundial era inminente y tendría un carácter abiertamente contrarrevolucionario, porque sería contra la URSS y los nuevos Estados obreros, éstos se verían obligados a movilizar y armarse para enfrentar el ataque imperialista, colocándose a la vanguardia de las masas en todo el mundo en la lucha por el poder. La debilidad de los partidos y grupos trotskistas y la falta de tiempo para desarrollarse (a causa de la guerra “inminente”) los obligaba a “entrar” en esos movimientos y partidos de masas que serían la indiscutida dirección revolucionaria durante toda una larga etapa. De aquí el nombre de “entrismo sui generis” o “a largo plazo” que se le dio a esta táctica, que duró diecisiete años y provocó prácticamente la desaparición del trotskismo en Europa. El pablismo revisó así toda la concepción básica del Programa de Transición sobre el carácter contrarrevolucionario del stalinismo y demás aparatos burocráticos que controlaban el movimiento de masas, negando la necesidad de la construcción de los partidos revolucionarios. En enero de 1952 Pablo quiso imponer estas concepciones revisionistas en forma burocrática obligando a la sección francesa a “entrar” en el Partido Comunista. Como los franceses se resistieron, el SI decretó la separación de dieciséis miembros del CC, luego intentó reemplazar la dirección por otra nombrada por el SI, y finalmente, expulsó a toda la sección, y asaltó sus locales. (Pág. 189/90) [...] EL POR ante la traición pablista de la Revolución Boliviana (Pág. 197) [...] Pero, ¿qué proponíamos nosotros? En primer lugar, hay que tener en cuenta que veníamos del Tercer Congreso Mundial disciplinados y convencidos de sus resoluciones generales. En segundo lugar, no contábamos con informes directos sobre la correlación de fuerzas que se había generado después del 9 de abril en Bolivia. Sin embargo nuestro partido comprendió rápidamente un primer aspecto decisivo: el gobierno del MNR era un gobierno de la burguesía que se apoyaba en las masas por imperio de las circunstancias objetivas. En nuestra revista teórica Revolución Permanente del primer trimestre de 1953 decíamos: “El 15 de mayo de 1952 pocos días después de la Revolución Boliviana, conciliando la posición de la Internacional (aprobada por nosotros por falta de conocimiento de la realidad boliviana) de apoyo al ala izquierda del MNR y nuestra apreciación de clase del gobierno de Paz Estenssoro caracterizábamos a este último: ‘El carácter peculiar de la revolución, movimiento popular (...) que ha llevado al poder al ala reaccionaria del MNR, dará la tónica de los acontecimientos que se suceden en ese país. Las dos alas existentes en el seno del MNR expresan actualmente los intereses del proletariado y la burguesía’. Más claro agua: el gobierno de Paz Estenssoro no es para el POR argentino el gobierno de las masas que hay que apoyar, ‘apoyar críticamente’ o ‘reconocer’ sino de la burguesía y la reacción.”[27] Por eso nuestras consignas sobre el gobierno ya contemplaban este problema: “Exigid la integración del gabinete de Paz Estenssoro con ministros obreros elegidos y controlados por la Federación de mineros y la nueva central obrera (...) Exigid a vuestros ministros e l fiel y rápido cumplimiento de las resoluciones aprobadas por el Congreso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros Bolivianos. ”[28] En el artículo de Revolución Permanente citado, reconocíamos nuestros errores: “Justamente porque el POR (argentino) no se dio cuenta en un principio de la existencia del poder dual y de la relación de fuerzas completamente desfavorable al gobierno burgués, es que planteó la posibilidad en forma extremadamente cauta, sin abanderarse decididamente, de desarrollo, apoyo, y fortalecimiento de un ala izquierda en el MNR. Esto fue un error grave provocado por la falsa caracterización de la relación de fuerzas. Pero justamente ese error demuestra en forma palpable el criterio intransigente de clase del POR ya que desde un principio se atacó al gobierno de Paz Estenssoro y se planteó la salida correcta, de clase, ministros de la COB en todo el gobierno para aplicar el programa de la COB.” Las referencias del documento eran sobre los artículos que Frente Proletario había publicado hasta entonces. En el número 73, del 29 de mayo de 1952, decíamos: “La vanguardia obrera boliviana debe ser consciente de que su lucha recién comienza ahora y que se halla en el momento crucial de determinar por su propio y decisivo peso si se gana avanzando por el camino revolucionario hacia el poder auténticamente obrero o se pierde por el camino de la conciliación y de la esperanza pasiva en los cuadros dirigentes del MNR.” El 26 de junio de 1952 ante la reorganización del ejército permanente bajo el título “Paz Estenssoro quiere desarmar la revolución”, decíamos: “Hoy como nunca la consigna '¡Cuadros obreros armados!’ debe hacerse carne para enfrentar con ella al gobierno de Estenssoro que prepara el camino de la reacción.” El POR argentino desde mayo-junio de 1952 ya empezaba a plantear el control del gobierno por la COB. En Frente Proletario de octubre del mismo año, avanzamos mucho más. El título de la portada era: “La COB marca el camino a los trabajadores bolivianos”. Al mismo tiempo denunciábamos a Juan Lechín, secretario general de la COB, como agente del gobierno en la Central Obrera. A fines de 1952, en un documento para el Comité Central del POR argentino, caracterizábamos que era evidente la existencia del doble poder en Bolivia aunque “no tenemos elementos como para precisar la vía organizativa por la cual se concreta”.[29] Finalmente, en enero de 1953 denunciábamos en Frente Proletario el carácter traidor de la dirección de la COB, planteando “Lechín sirve a la Rosca”, pero también definíamos con claridad la consigna "Todo el poder a la COB”.[30]
Notas 27.Revolución Permanente, Primer trimestre de 1953, Pág. 10. Lo resaltado corresponde a Frente Proletario del 15 de mayo de 1952. 28.Frente Proletario, Nº 91. 15 de Octubre de 1952. 29.Informe al CC del POR Argentino. Archivo del MAS. 30.Frente Proletario, Año 7, Nº 102, 15 de enero de 1953, Pág. 5.
1970-1971 Argentina y Bolivia: un balance 1. De Barrientos a Banzer Mientras todavía estaban desarrollando su teoría de una represión tan aguda que no admitiera otro recurso que la guerra de guerrillas en la lucha contra el general Barrientos, la figura principal de la Junta Militar que derrocó al régimen de Paz Estenssoro el 4 de noviembre de 1964, nuestros camaradas del Partido Obrero Revolucionario informaron sucesos que de hecho abrían otras posibilidades. Este es un ejemplo: «El 1° de mayo [1968] un mitin de masas militante, antiimperialista y antimilitar se llevó a cabo con consignas fuertemente radicales y condenó abiertamente la dictadura de Barrientos. En las ciudades principales -Oruro, Cochabamba, Potosí, Santa Cruz- hubo demostraciones similares. En Cochabamba, el prefecto del distrito, general Reque Terán... apareció en la demostración respaldado por la fuerza. Trató de arengar a la multitud pero no se lo permitieron. Hubo una violenta reacción de los obreros que gritaban: ¡Usted asesinó al Che! ¡Lacayo imperialista! ¡Gorila! Tuvo que retirarse frente al clamor general. “Además de las consignas militantes indicadas hubo gritos de aclamación para el Che y las guerrillas en estas demostraciones. El gobierno movilizó todas sus fuerzas: la policía, la guardia nacional, el ejército, la fuerza aérea (los Mustangs sobrevolaban las demostraciones de La Paz para amedrentar a los manifestantes), pero no se atrevió a reprimir. La Junta se acobardó y se retiró. Está claro, que más que expresar el nuevo ascenso y espíritu militante de las masas, las demostraciones de Mayo significaron una victoria sobre el gobierno. “Aun sin dirección, las masas salieron a la calle dispuestas a la lucha. Era evidente que en su espíritu estaba incorporar a sus movilizaciones las lecciones dejadas por la guerrilla. Las masas llevaron su lucha hasta el límite del enfrentamiento armado. En cada ciudad, estaban presente las guerrillas: en las consignas, en las banderas y en el espíritu de las masas, que salieron el 1° de mayo con creciente confianza y coraje” (“New Revolutionary Ferment in Bolivia», Intercontinental Press, 2 de septiembre de 1968, pp. 544-45). Es muy cierto que el nombre del martirizado Che aparecía por todas partes, como informaban nuestros camaradas de La Paz. Pero no era el surgimiento de otro frente guerrillero sino algo muy diferente: una acción de las masas llevada a cabo en las calles de todas las ciudades principales. Aun más significativamente: La Junta se acobardó y se retiró. De importancia similar fue la naturaleza de la lucha desarrollada por las masas. El informe continúa: “Se está gestando un movimiento general por aumento de Jornales y salarios. Los mineros proponen la restauración de los viejos jornales y la devolución de las propiedades sindicales. El conflicto inmediato es la exigencia de los maestros de un aumento de salario de 470 a 900 pesos. El gobierno rechazó esta solicitud. Los maestros reunieron una Convención Nacional y aprobaron varias medidas de lucha conducentes a una huelga general. Entre éstas se encuentran paros parciales distribuidos por distrito, manifestaciones relámpago, barricadas callejeras, etc.” (Ibíd., p. 545.) El autor del informe hizo lo posible por calzar el levantamiento en el esquema de la guerra de guerrillas, sin embargo los hechos mismos anunciaban una interpretación diferente. Particularmente hay que señalar dos cosas: 1) la capacidad del régimen de Barrientos, pese a su naturaleza represiva, de retirarse frente al levantamiento popular; 2) la tendencia de la lucha de las masas bolivianas a imitar el molde «clásico»: las normas leninistas de la revolución proletaria. Barrientos, muerto en un accidente el 27 de abril de 1969, fue sucedido por el vicepresidente Adolfo Siles Salinas. Sin otro valor para la Junta que el de una pieza ornamental, Siles fue volteado por un golpe de estado que puso en el poder al general Alfredo Ovando, el 26 de septiembre de 1969. Ovando permitió el funcionamiento de los sindicatos. Se reasumieron las tradicionales actividades sindicales y la Central Obrera Boliviana comenzó a reconstruir su estructura. Durante abril, mayo y junio de 1970 el proletariado aprovechó las concesiones semilegales de Ovando y desarrolló continuas y masivas movilizaciones. Otros sectores se unieron: estudiantes; docentes, parte de la pequeña burguesía urbana y aun algunos sectores del campesinado. Estas acciones masivas fueron suficientes para permitir a la COB reasumir una actividad abierta. En sus manifestaciones, los estudiantes llegaron a tomar universidades enteras. La clase dominante enfrentaba una crisis creciente, ya que no podía por el momento ni suprimir el movimiento de las masas ni ofrecer concesiones económicas en una escala suficiente como para suavizar la lucha de clases. Las divisiones cada vez más profundas se reflejaron en las fuerzas armadas. Un sector, encabezado por el general Rogelio Miranda, propiciaba intentar una escalada represiva y estrechar lazos con el imperialismo. El otra ala, dirigida por el general Juan José Torres, se inclinaba por la utilización de las masas para extorsionar al imperialismo, obteniendo así la posibilidad de apaciguar momentáneamente a las masas y aplazar el enfrentamiento para un momento mas propicio. Hasta cierto grado, las divisiones en el ejército eran hasta geográficas. Miranda apoyado por los círculos dominantes de Santa Cruz y Torres por los del altiplano (región de La Paz). El 13 de junio de 1970 los cuerpos de dos jóvenes izquierdistas, Jenny Koeller y su marido Elmo Catalán Aviles, un periodista chileno, fueron descubiertos cerca de Cochabamba. Habían sido atrozmente torturados y luego electrocutados por agentes del gobierno. Estallaron en todo el país demostraciones masivas de protesta y los enfrentamientos con el ejército produjeron muertos y heridos. El régimen de Ovando sufrió una fuerte sacudida. Fue precisamente en este momento de crecientes movilizaciones masivas, de enfrentamientos callejeros, que el ELN abrió su frente guerrillero final. Bajo la dirección de Osvaldo «Chato» Peredo, unos setenta y cinco jóvenes revolucionarios abandonaron el escenario de las masas y partieron para el villorrio minero de Teoponte, a unos 100 kilómetros al norte de La Paz. Independientemente de lo válida que haya sido su «concepción» de la guerrilla, el día que llegaron (el 19/7/70) cometieron un error al «analizar la situación». Abrieron las hostilidades volando una planta de procesamiento de oro de propiedad americana. Para el ejército, el desafío de la guerrilla representó un bajo costo en entrenamiento antiguerrillero. Para mediados de octubre sólo quedaban vivos seis de estos jóvenes revolucionarios. Mientras tanto, la verdadera lucha de clases boliviana continuaba. Durante agosto y septiembre. Ovando zigzagueaba entre las masas que pedían concesiones y un sector de las clases dominantes que insistía en la línea represiva. En agosto, una batalla por el control de la Universidad de San Marcos precipitó una crisis nacional. El 6 de octubre de 1970 Ovando renunció entregando las riendas del gobierno a Miranda. La consecuencia fue una inmediata explosión masiva en la forma clásica. Estudiantes y obreros se lanzaron a las calles para impedir la asunción del ultraderechista. El ejército se rompió totalmente. El general Torres declaró su oposición a la nueva Junta nombrada por Miranda y se reunió con Juan Lechin, el jefe de los sindicatos mineros y con Siles Suazo, un ex-presidente del país y con los principales dirigentes del Movimiento Nacionalista Revolucionario. “Los estudiantes comenzaron a construir barricadas en las calles de la capital para bloquear cualquier movimiento de las fuerzas favorables al General Miranda”, informa Le Monde del 8 de octubre”. En Catavi los poderosos sindicatos mineros denunciaron el golpe de estado fascista de los oficiales derechistas y decidieron ofrecer ‘apoyo condicionado’ al general Torres. “La federación de mineros exigió armas ‘para defender nuestras conquistas sociales’ y puso como condición para su apoyo ‘el establecimiento de libertades democráticas y libertad de los presos políticos, derogación de los decretos anti-huelga, nacionalización de la banca extranjera y todos los intereses americanos, expulsión de todos los organismos imperialistas y el establecimiento de un gobierno popular. La COB ya ha preparado un llamado para una huelga general en todo el país’.” La COB también ordenó a sus miembros bloquear las calles y evitar los movimientos de tropas dentro de La Paz. Se unieron a la acción destacamentos armados de campesinos, civiles armados liberaron a los presos políticos, los hogares de militares y civiles ultraderechistas fueron asaltados, se ocuparon los edificios de tres importantes periódicos, jubilosos mineros tomaron estaciones de policía y anunciaron que exigirían rápidos aumentos de salario. El New York Times informa que el 8 de octubre “estudiantes armados tomaron el cuartel general de la división criminal de la Policía Nacional. Sin aparente oposición arrasaron las oficinas y destruyeron los archivos... “Los estudiantes también emprendieron ataques contra propiedades de los EE.UU. Ayer entraron al Centro Binacional Boliviano-Americano derribando una bandera americana y anunciando que anexaban el edificio a la Universidad.” Mientras este gran movimiento de masas, desarrollándose según las líneas clásicas de una revolución proletarias sacudía al gobierno y dividía al ejército, los acorralados sobrevivientes del frente guerrillero de Teoponte seguían siendo hostigados. Los únicos sobrevivientes finalmente se rindieron y el Chato Peredo y sus cinco seguidores fueron deportados por Torres a Chile. ¿Podría pedirse más dramática (y trágica) prueba de la falsedad de la concepción de que el camino de las masas pasa por las guerra de guerrillas rurales? El establecimiento del régimen de Torres, un producto directo de una insurrección urbana de las masas, reflejaba una situación en la cual ni el proletariado ni la burguesía tenían por el momento la carta de triunfo. Al proletariado le faltaba la dirección marxista revolucionaria necesaria para conducir la revolución a la victoria. La débil y dividida burguesía no podía reunir a las fuerzas necesarias para imponer una solución contrarrevolucionaria. Torres estaba suspendido entre ambos extremos. Naturalmente ésta era una situación inestable; la revolución debería avanzar hasta el establecimiento de un estado obrero o la contrarrevolución se recobraría, elegiría un momento oportuno para golpear e intentaría establecer una fuerte dictadura policiaco-militar. Torres estaba entre dos fuegos. Otorgó concesiones al proletariado mientras le impedía movilizarse definitivamente contra las fuerzas de ultraderecha. Ofreció un escudo a los ultraderechistas mientras forcejeaba por mantenerlos quietos. En última instancia, condujo una operación de sostén para la burguesía en una situación prerrevolucionaria. Desde el punto de vista proletario las concesiones otorgadas por Torres no eran duraderas ni iban demasiado lejos, pero por el momento eran muy importantes. Incluían la liberación de prisioneros políticos y la nacionalización de algunas empresas imperialistas. La clase trabajadora y el campesinado podían funcionar con legalidad casi total. Era una oportunidad única para que los marxistas revolucionarios salieran de la clandestinidad y trabajaran con toda su energía para construir su partido revolucionario y profundizar y extender sus lazos con las masas. El 10 de enero de 1971 las fuerzas contrarrevolucionarias intentan otro golpe pero nuevamente son rechazadas por la movilización de masas. Esta vez éstas estaban mejor organizadas, reflejando los avances que se habían hecho desde las movilizaciones que derrotaron al general Miranda tres meses antes. Miles de mineros armados desfilaron por La Paz. El movimiento de masas empezó a proclamar abiertamente su propósito de una transformación socialista de Bolivia. Bajo esta creciente presión, el régimen de Torres otorgó mayores concesiones. La International Metal Proccessing Corporation fue nacionalizada. En febrero, Torres accedió aumentos de salario a los mineros. En la época de la lucha de octubre contra el general Miranda, la COB y todos los partidos de izquierda habían formado un Comando Político para coordinar la lucha. A mediados de febrero se decidió convertir este organismo en Asamblea Popular. Este fue un paso tremendamente significativo. Como parlamento obrero, la Asamblea Popular era potencialmente un soviet. Los acontecimientos ofrecían incontrovertible evidencia de que en lo esencial la revolución boliviana estaba siguiendo el modelo “clásico” de la Revolución Rusa. Tal proyecto atestiguaba la profunda necesidad de la clase trabajadora de contar un frente de lucha común en el cual sus aliados -los estudiantes, campesinos y pequeña burguesía urbana- pudieran participar. Sin embargo, la ausencia de representación de la base del ejército y de la mayoría del campesinado conformaban una grave debilidad que un partido revolucionario hubiera puesto prioritariamente en su orden del día para solucionar. Otra seria debilidad, que requería similar atención, era la inexistencia de organismos de apoyo locales. Estos comenzaron a formarse sólo en vísperas del golpe que derribó a Torres. En los meses siguientes, el proletariado luchó contra el tiempo. Lo que se necesitaba era una dirección revolucionaria que planteara objetivos y tareas, que marcara una línea de acción. Así, tos trabajadores bolivianos enfrentaban una crisis de dirección. No ofrecer a las masas populares otra alternativa que apoyar a Torres significaba un vacío de dirección política. Esto condujo a un debilitamiento de las fuerzas que podían haber sido movilizadas detrás del proletariado en la lucha por el poder. Como resultado, la contrarrevolución comenzó a recuperar su confianza y a urdir nuevos complots con creciente seguridad. Tras la fachada de un festejo religioso, las fuerzas contrarrevolucionarias montaron una demostración de 15.000 personas en Santa Cruz el 15 de agosto. Siempre vacilante. Torres trató de arrestar a los generales derechistas, incluido Hugo Banzer Suárez. Esto determinó un asalto al poder de la ultraderecha cuatro días más tarde. Al principio sólo algunas fuerzas relativamente pequeñas pero resueltas estaban de parte de Banzer. Sin embargo, la dirección del proletariado, formada por farsantes y traidores tales como Juan Lechín y el Partido Comunista promoscovita, se quedó paralizada, esperando que Torres hiciera algo. Torres, a su vez, esperó para ver si se podía evitar un conflicto. Las pocas horas de fatal indecisión frente a la incipiente guerra civil se reflejaron en un rápido cambio en las relaciones de fuerza de las clases. La oficialidad del ejército comenzó a pasarse al lado de la contrarrevolución. Pronto sectores del virtualmente desarmado proletariado, desmoralizados por lo que estaba sucediendo, se rehusaron a responder a los desesperados llamados de sus dirigentes para enfrentar al enemigo poderosamente armado. El período preparatorio había sido desperdiciado, el momento oportuno se había perdido. Al final sólo una pequeña vanguardia y una parte de las masas montaron un intento heroico de detener el golpe. Era demasiado poco y demasiado tarde. Torres huyó, buscando refugio el 22 de agosto en la embajada peruana. Una vez en el poder, Banzer emprendió una represión asesina contra las organizaciones revolucionarias. No obstante, necesitado de tiempo para consolidar su régimen, postergó el intento de aplastar al movimiento sindical. Pero a pesar de sus medidas represivas, no logró estabilizar las relaciones de clase en Bolivia. Un reflejo de las insalvables diferencias dentro de la clase dominante lo muestra la inestable unidad de la Falange y el MNR, ambos incluidos en el gobierno. La continua aparición de roces se nota en la mezcolanza de figuras de «derecha» e «izquierda» en el aparato estatal. La vanguardia de la clase obrera sufrió una seria derrota; está desmoralizada y sobre todo confundida. De todos modos, la lucha de clases en Bolivia continúa siendo explosiva. La clase dominante es impotente para aliviar la crisis socioeconómica permanente de Bolivia de una manera definitiva; es incapaz de establecer un régimen auténticamente fascista movilizando a la pequeña burguesía y es incapaz de armar un régimen reformista duradero que pueda ganar el amplio apoyo de las masas. Se puede contar con que la clase obrera, comenzando de nuevo por reivindicaciones inmediatas, reasuma su lucha por medidas democráticas y transicionales, debilitando a Banzer como lo hizo con Barrientos y Ovando.
Documento del Vº Congreso del PRT (La Verdad) – octubre 1971
Los gobiernos latinoamericanos y la lucha revolucionaria
[...] La experiencia boliviana
Bolivia es el espejo en el que debemos mirarnos todos los revolucionarios latinoamericanos para sacar conclusiones que nos sean útiles para nuestros países. Cada país latinoamericano es una Bolivia en potencia. Hubo tres momentos decisivos en la situación boliviana: la caída de Ovando y la subida de Torres; la etapa que va hasta el golpe de Banzer y, por último, el golpe triunfante de este último. Cada uno de esos momentos arroja enseñanzas específicas y trascendentes. Cuando cayó Ovando se produjeron dos hechos de importancia. El primero, fue la división de las Fuerzas Armadas, contra la tesis guerrillera del carácter monolítico, oligárquico y proimperialista de ellas. Esta división de las Fuerzas Armadas reflejaba la división de la propia burguesía, o sombra de burguesía nacional. El segundo y fundamental hecho, fue la transformación de la división de las Fuerzas Armadas en una semiinsurrección del movimiento obrero y de las masas urbanas, que permitió la toma del poder a Torres, originando una situación de poder dual. Los compañeros del POR de González (Combate) han hecho una caracterización correctísima de la situación. La posibilidad de tomar el poder estuvo en manos de las masas trabajadoras, según este informe, durante dos días. A partir de la subida de Torres al poder, se abrió una situación de total inestabilidad para el régimen burgués, con un gobierno suspendido en el vacío, con esbozos de poder dual. Se comenzó una débil reorganización de las milicias obreras y se creó la Asamblea Popular, como débil superestructura política del poder de las masas. En ese sentido, la definición de soviet es correcta, aunque todas las direcciones le hicieron el juego al gobierno Torres, sin desarrollar la Asamblea Popular como un verdadero poder por la base. Por eso decimos que fue un esbozo de soviet.[...]
El Partido revolucionario es más indispensable que nunca para dirigir las situaciones insurreccionales y semiinsurreccionales que se presentarán.
[...] Nosotros, los trotskistas ortodoxos, creemos que la experiencia boliviana, al igual que la anterior experiencia dominicana, como las experiencias en Montevideo y Córdoba-Rosario en nuestro país, no son las excepciones, sino el futuro de todos los países y ciudades latinoamericanas. En todas ellas habrá "octubres con parálisis de la fuerza represiva del ejército, vacío de poder y... en esos momentos habrá que actuar con las masas en la calle para derrotar a los mirandistas en la acción y la lucha." Al informe de nuestro compañero boliviano habrá que agregarle un punto decisivo, que creemos es el que divide, en situaciones como la boliviana, una política bolchevique de una centrista de izquierda. El trabajo sobre las Fuerzas Armadas, para pasarlas, por su base, a la revolución por eso al informe del compañero boliviano para que fuera completo, habría que agregarle que había que "actuar con las masas en la calle para derrotar no sólo a los mirandistas en la acción y la lucha, sino a todas las corrientes burguesías haciendo propaganda revolucionaria sobre el Ejército boliviano para pasar sus soldados y suboficiales a la revolución." Comités de soldados y suboficiales, libre carrera hacia la oficialidad para suboficiales y soldados, propaganda desde las organizaciones sindicales, populares y los partidos obreros sobre los soldados, era el punto clave de una política revolucionaria. El triunfo de Banzer es la consecuencia de la falta de esa política revolucionaria por parte de todos los partidos obreros de Bolivia. Para hacer esa. política no faltarán muchas oportunidades a los trotskistas y revolucionarios latinoamericanos. Pero para esa política, la culminación de una política revolucionaria, insurreccional, que sencillamente es la propaganda revolucionaria sobre los ejércitos en crisis de las burguesías latinoamericanas, es necesario un partido marxista revolucionario. Sólo un partido marxista, ligado al movimiento obrero y de masas, dotado de un método y de una dirección, será capaz de comprender cuándo ha llegado el momento supremo de concentrar su propaganda sobre la base del ejército burgués para pasarlo a la revolución. Construir ese partido es la gran tarea de los trotskistas latinoamericanos. Para ello deberán comprender la etapa que vive el movimiento obrero y de masas de sus países, el carácter de clase de sus gobiernos y ajustar un programa de transición que acelere la movilización de los trabajadores, fortifique al embrión de partido marxista revolucionario, porque sólo el ascenso revolucionario será capaz de lograr la crisis del ejército burgués y su transformación en un ejército revolucionario.
NOTAS
1 "Los errores políticos cometidos surgen de una falsa caracterización de la crisis militar, de la incomprensión del "reformismo militar" y de una concepción capitulante que ignoró la toma del Poder por los trabajadores y que en los hechos transfiere esta tarea histórica a otros sectores. "La creación del Comando Político inicialmente fue un acierto, pero la presencia en su seno de tendencias burguesas y pequeño-burguesas, lo desviaron hacia criterios reformistas y no revolucionarios. "Cuando el Comité Político debía ser la dirección revolucionaria de las masas movilizadas, que encauzara la energía revolucionaria hacia la salida independiente obrera, se conformó con el papel del segundón que se conforma con les migajas del festín. En ningún momento intervinieron para hacer pesar la fuerza de las masas para abrir camino a un gobierno obrero popular. La huelga general indefinida, las movilizaciones de campesinos y obreros, fueron decretadas para favorecer a uno de los sectores militares en pugna, para apoyar a un general contra otro general. El Comando Político no actuó como el dirigente de estas masas para llevarlas a la victoria sino como el negociador subalterno de esa fuerza popular. Dentro del Comando Político se vio un espectáculo vergonzoso, no se discutía allí cómo aprovechar la crisis militar para hacer avanzar la salida obrera socialista, sino cómo repartirse las prebendas, los cargos, los ministerios. El Comando Político tuvo su mayor auge en esos momentos, pues todos los candidatos y los oportunistas asistían y deliberaban en masa. Cuando la posibilidad de agarrar los cargos ministeriales fracasó, el Comando Político perdió popularidad.
Faltan las notas de Pág. 16 (se terminó el programita que conseguimos como muestra gratis!!)
El Partido y la revolución Capítulo I (Pág. 101- 112) Moreno, consejero del POR […] La verdadera posición de la minoría Comenzaremos, pues, con la carta del 20 de noviembre de 1965, que fue publicada varias veces (por eso decimos que Germain no puede ignorarla), con ligeras modificaciones de forma. En ella Moreno le decía a González: “Ustedes repetidamente definen en ‘Lucha Obrera’ al gobierno como fascista. Como se desprende de nuestra resolución nosotros discrepamos con vuestra caracterización. Creemos que es un gobierno bonapartista reaccionario, agente del Pentágono, producto de una semicontrarrevolución, pero no creemos que sea fascista”. “Dicho de una sola vez: en Bolivia no se ha cerrado la etapa prerrevolucionaria con el triunfo del fascismo, sino que se ha agudizado con el triunfo de un gobierno ultrarreaccionario, bonapartista, que no ha logrado aplastar todavía al movimiento de masas, y al que le resulta por el momento imposible lograr una base de masas para aplastar al movimiento obrero”. [74] Como para esa fecha el gobierno de Barrientos todavía no había aplastado al movimiento de los obreros mineros, dábamos allí una línea esencialmente correcta: “Esta es la clave de la actual situación boliviana y de ella surgen con nitidez toda una política, que no puede ser otra que: impedir una lucha aislada de los mineros y organizar al resto de los trabajadores para que den una batalla junto con los mineros. Si logramos esto, la derrota de la junta militar es segura”. “¿Desde qué organizaciones ayudaremos a los mineros?” y respondíamos: “... nosotros estamos especialmente por la reorganización de la COB a través de los comités de defensa sindical clandestinos y concentraremos todos nuestros esfuerzos en propagandizar y llevar a cabo esta colosal tarea”. El frente único obrero Por aquella época, González sostenía que no era necesario luchar por el frente único con los partidos obreros y populares, porque la clase obrera comenzaba a seguirlo a él y a su partido. Nosotros discrepábamos, porque pensábamos que los partidos reformistas seguirían teniendo influencia en el movimiento obrero. Sosteníamos que nuestra obligación era, por lo tanto, levantar una política de frente único con ellos para tareas concretas. Dicho frente único estaba ligado, para nosotros, al problema del poder: “Creemos que la primera consigna que responde al problema del poder es ‘Abajo la Junta Militar’. Sobre esta consigna todos estamos de acuerdo. Y al decir todos, me refiero a toda la base popular y a todos los partidos con influencia popular, desde sectores de la Falange al MNR, los dos PC, el PRIN, el POR y la COB en la clandestinidad. El problema surge cuando debemos responder a las preguntas siguientes: ¿cómo voltear a la Junta Militar? ¿Quiénes deben voltearla? y ¿para qué voltear a la Junta Militar? Vamos a empezar por la respuesta a la última pregunta: ¿para qué voltearla? Si hemos de guiarnos por vuestro periódico debemos voltearla para implantar el socialismo, ‘la única alternativa real que es el socialismo’, ‘se trata del enfrentamiento del programa burgués con el programa socialista’. Creemos que ustedes cometen aquí un grave error de método, que es confundir vuestras aspiraciones con las de las masas y la dinámica de clase, los métodos, con las grandes tareas que tienen planteadas las masas que son tres aspectos de la realidad íntimamente relacionados, pero no idénticos. Por ejemplo, las grandes tareas de la Revolución Rusa eran democráticas, aunque sus métodos y su dinámica de clase fueran proletarios. Estamos convencidos de que la gran tarea actual que unifica a todos los trabajadores bolivianos, al proletariado con el campesinado y la clase media de las ciudades es voltear al gobierno para llamar a elecciones libres y democráticas. Y no voltearlo para inaugurar el socialismo como plantean ustedes. Esta tarea mucho más modesta que la de instaurar el socialismo exige que el proletariado la dirija y métodos insurreccionales para poder lograrla. Este es el cómo lograrlo. Tenemos que responder ahora quiénes o a quiénes debemos plantearles el logro de este objetivo, o dicho de otra forma, qué fórmula de poder propugnamos como reemplazante de la Junta Militar que queremos voltear. Creemos que corresponde que llamemos a la constitución de un frente cuya base de sustentación sea la COB, en frente único con las centrales de estudiantes, maestros y campesinos, con el apoyo de todos los partidos que están contra el gobierno, tienen base popular y están por el llamado en 60 días a elecciones absolutamente libres y democráticas. Es decir, nosotros creemos que el golpe militar de mayo ha ampliado la necesidad del llamado a frente único y no lo ha parcializado. Que los partidos pequeño burgueses van a sabotear este frente único lo mismo que la burocracia sindical y no van a aceptar la jefatura de la COB y del movimiento obrero, no nos queda ninguna duda. Pero que esto servirá para desenmascararlos ante el movimiento de masas, si nosotros efectuamos este llamado al frente único de acuerdo a los lineamientos generales del trotskismo, no sólo por la base sino también a las direcciones con base de masas, tampoco nos queda ninguna duda.” Las milicias armadas de la COB y los sindicatos Previendo que se masacraría a los mineros -que fue lo que ocurrió- planteamos una tarea precisa de lucha armada: “Coincidimos plenamente con ustedes en que el gran problema es prepararse para la inevitable lucha armada que se dará contra la Junta Militar. Este problema tiene distintas facetas. Antes que nada, la relación con los heroicos luchadores que quieran organizar guerrillas, siguiendo las enseñanzas del castrismo. A estos camaradas hay que tratar de ligarlos a nuestra estrategia y táctica fundamental de lograr el apoyo armado e inevitable del movimiento minero. En ese sentido hay que exigirles que coordinen su acción con las organizaciones sindicales en la clandestinidad y principalmente la COB. Sin esperar mucho de estos camaradas, la gran tarea para prepararnos para la lucha armada pasa por la organización de un aparato de defensa armado de la COB y sus organizaciones sindicales y paralelo a ello de las organizaciones unitarias del frente, que serán barriales, campesinas o urbanas. Nuestro partido debe comenzar, donde puede, a llevar a la práctica esta política. Hay que reorganizar comités unitarios armados de defensa de tres o cuatro camaradas y donde sea posible centralizarlos y disciplinarlos. Esta tarea, que es la fundamental, va íntimamente ligada a otra que es tan importante como ella, que es el trabajo sobre la base del ejército. Si combinamos y organizamos todas estas tareas, aceleraremos la crisis del régimen y su derrota será cuestión de poco tiempo. Si, por el contrario, dejamos que las masas actúen por su cuenta y riesgo, muy posiblemente el régimen puede ir derrotando a cada uno de sus sectores”. “De nuestra caracterización del régimen surge la posibilidad de que en determinados momentos se abran resquicios legales. Nuestro odio justificado a la dictadura militar no debe hacernos olvidar que tenemos la obligación de utilizar esos resquicios legales. Debemos utilizarlos para plantear aumentos de salarios o consignas mínimas, en lo posible unificadas, que aceleren la crisis del régimen. Lo mismo que decimos de los aumentos de salario podríamos decirlo de todo resquicio dentro de los sindicatos amarillos reconocidos o una futura elección nacional amañada. Antes de declarar el boicot a estos resquicios debemos tomarle muy bien el pulso a la situación de la lucha de clases y sólo si hay condiciones óptimas declararlo”. [75] Esta línea tenía el objetivo inmediato de evitar que los mineros fueran aplastados. Salió en una carta polémica contra los intentos de los camaradas bolivianos, especialmente del camarada González, de largarse a la guerrilla. Como vemos, ya en esa carta se expresan todas las diferencias actuales. Lo que decía “La Verdad” en marzo de 1971 Esta misma línea prosiguió posteriormente. Cuando se empezaron a filtrar las primeras noticias de la guerrilla del Che, nuestro periódico (La Verdad) señaló que la apoyábamos en la perspectiva de que fuera una guerrilla masiva, dentro de la estrategia insurreccional y no guerrillera. En pleno año 1967, La Verdad insistía en que la perspectiva para la revolución boliviana era la insurrección y no la guerrilla. Es el mismo método de análisis y de elaboración de la línea política que nuevamente nos hizo discrepar con los compañeros del POR(C) acerca del gobierno de Torres. Recordemos que, para ellos, Torres era un agente del imperialismo, la variante táctica resuelta entre los militares bolivianos y la embajada yanqui, y su subida al gobierno una derrota de las masas ante el ejército. Para nosotros, en cambio: “La huelga del 6 de octubre de 1970 permitió la derrota del ala más reaccionaria del ejército y la ascensión de Torres al poder, no liquidó las fuerzas proimperialistas ni mucho menos”. “Es un hecho que siguen existiendo sectores de derecha dentro y fuera del ejército”. “A Torres lo hemos definido como el Kerensky boliviano, oscilante entre el movimiento obrero y las fuerzas burguesas e imperialistas”. “... el grupo Lora cae en el mismo pecado oportunista (actúa como si el gobierno de Torres fuera el gobierno de la clase obrera, con la excusa de que la COB está burocratizada), no exige que la COB tome el poder, ni que sean los sindicatos quienes se armen para luchar contra el peligro de la reacción”, Y viendo el peligro que se cernía sobre el proletariado boliviano como consecuencia de la política “trotskista” de Lora y González, decíamos: “Desgraciadamente, no vemos en Bolivia ningún partido que se dé la estrategia de los revolucionarios rusos”. [76] No vamos a abundar en citas, sólo queremos demostrar que desde Barrientos, hasta ahora siempre mantuvimos nuestra estrategia de formar “un partido que se dé la estrategia de los revolucionarios rusos”. Siempre estuvimos contra la política guerrillera, siempre planteamos el armamento de las organizaciones de masas, siempre nos opusimos a los famosos “Ejércitos Revolucionarios” y siempre dijimos que eran las organizaciones de masas las que debían armarse y tomar el poder, bajo la dirección de un partido revolucionario y que para ello era esencial el trabajo sobre la base del ejército.
[74] Moreno, Nahuel: “Carta a Hugo González”, reproducida por Revista de América, No. 6/7, pp. 40-43. [75] Idem. [76] La Verdad, No. 254, de marzo de 1971.
Lora reniega del trotskismo (Revista de América # 8/9, Mayo-Agosto de 1972) Buenos Aires, 1 de julio de 1972. Estimado compañero: Su estadía entre nosotros, así como nuestro acuerdo de principios acerca de la necesidad de defender contra viento y marea los principios trotskystas ortodoxos, anudaron una relación que me permite enviarte esta carta abierta. No lo hubiera hecho, ni me inmiscuiría en los arduos problemas que enfrentan en el proceso de unificación con la “Fracción”, sino creyera justamente que esos principios, así como el Programa de Transición, están en peligro de ser abandonados por algunos de los compañeros y posiblemente por vuestra organización en su conjunto. En la Conferencia Latinoamericana patrocinada por los loristas [1] , Política Obrera [2] y los lambertistas [3] (que desgraciadamente no pudo contar con la presencia de Lora, ya que éste, respetuoso del derecho de asilo chileno, con muy buen criterio, se abstiene de toda intervención política), vuestro delegado jugó el triste papel de furgón de cola de la fracción Lora-Política Obrera en favor del Frente Revolucionario Antiimperialista y de la participación de Lora en el mismo. Los lambertistas, justo es reconocerlo, defendieron contra Lora y Política Obrera los más elementales principios marxistas revolucionarios. La historia del POR de Lora y de Política Obrera es una larga lista de traiciones más o menos encubiertas al trotskysmo. En esta conferencia, abandonaron abiertamente y sin tapujos el programa y los principios trotskystas. Nuestra preocupación es que alguno de ustedes siga la política de vuestro delegado, capitulador de capituladores, Voy a dejarme de adjetivar, para ir directamente al grano. Lora y Política Obrera luchan actualmente po
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