{"id":4238,"date":"2020-10-19T18:44:17","date_gmt":"2020-10-19T18:44:17","guid":{"rendered":"http:\/\/uit-ci.org\/index.php\/2020\/10\/19\/john-reed-un-siglo-del-cronista-de-la-revolucion-de-octubre\/"},"modified":"2025-07-28T20:02:37","modified_gmt":"2025-07-28T20:02:37","slug":"john-reed-un-siglo-del-cronista-de-la-revolucion-de-octubre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uit-ci.org\/index.php\/2020\/10\/19\/john-reed-un-siglo-del-cronista-de-la-revolucion-de-octubre\/","title":{"rendered":"John Reed: El cronista de la Revoluci\u00f3n de Octubre"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><img loading=\"lazy\" class=\" alignleft size-full wp-image-4237\" style=\"margin: 5px; float: left;\" src=\"http:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3.jpg\" alt=\"5a2ac90f9e2f3\" width=\"203\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3.jpg 1500w, https:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3-300x222.jpg 300w, https:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3-1024x758.jpg 1024w, https:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3-768x568.jpg 768w, https:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3-600x444.jpg 600w, https:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3-750x555.jpg 750w, https:\/\/uit-ci.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/5a2ac90f9e2f3-1140x844.jpg 1140w\" sizes=\"(max-width: 203px) 100vw, 203px\" \/><br style=\"clear: both;\" \/>El periodista John Reed muri\u00f3 hace un siglo. Yace en un peque\u00f1o t\u00famulo en el Kremlin, cerca de Lenin y de otras personalidades de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Joaqu\u00edn Estefan\u00eda. en El Pa\u00eds. 18 de octubre 2020. Madrid.<\/span><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Fue V\u00e1zquez Montalb\u00e1n quien dijo: \u201cSi el ingl\u00e9s E. H. Carr ha sido el mejor escritor a mucha distancia de la revoluci\u00f3n bolchevique, John Reed ha sido su mejor periodista\u201d. Reed fue un periodista, escritor, poeta y activista norteamericano, cuya corta vida (32 a\u00f1os: de 1887 a 19 de octubre de 1920) estuvo marcada ante todo por dos acontecimientos que transformaron la historia y en los cuales \u00e9l estuvo presente: cubri\u00f3 la revoluci\u00f3n mexicana en 1911, acompa\u00f1ando a Pancho Villa (que le llamaba \u201cel chatito\u201d) en sus incursiones por el norte de M\u00e9xico, y fruto de sus cr\u00f3nicas fue uno de sus mejores libros, M\u00e9xico insurgente (reeditado estos d\u00edas en Espa\u00f1a por la editorial Capit\u00e1n Swing). El segundo hito que tuvo a Reed como testigo fue la revoluci\u00f3n bolchevique, de 1917.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Cuando estalla la revoluci\u00f3n en la ciudad de Petrogrado (luego Leningrado, ahora San Petersburgo), el periodista se incrusta en la vida cotidiana, entrevista a los protagonistas de aquel levantamiento (dos de ellas, una a Ker\u00e9nski, el l\u00edder del Gobierno provisional contra el que se levantaron los bolcheviques, y a Trotski, que junto a Lenin dirigi\u00f3 la toma del Palacio de Invierno, tuvieron relevancia mundial), y convive con ellos y con el resto de los que luego ser\u00e1n comisarios del pueblo (ministros) en el primer Gobierno bolchevique.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Una vez que regres\u00f3 a Nueva York y a pesar de que le fueron retenidos numerosos apuntes y documentos de lo ocurrido, escribi\u00f3 uno de los libros seminales de la revoluci\u00f3n rusa y de la historia del periodismo: Diez d\u00edas que estremecieron al mundo, que apareci\u00f3 en 1919. Aunque dos a\u00f1os antes lleg\u00f3 a Petrogrado con la mochila de sus ideas izquierdistas (adquiridas en el mundo del sindicalismo y del comunismo estadounidense) y all\u00ed adquiri\u00f3 una cercan\u00eda ideol\u00f3gica a los militantes bolcheviques, Reed dice: \u201cAl relatar la historia de aquellos grandes d\u00edas me he esforzado por observar los acontecimientos con ojos de concienzudo analista, interesado en hacer constar la realidad\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Grandes acontecimientos y vida cotidiana, la voz de los l\u00edderes y las conversaciones en las barricadas, los caf\u00e9s, los autobuses\u2026 su centro de trabajo fue el Instituto Smolny, que \u201czumbaba como una gigantesca colmena\u201d. En el Smolny vio llegar a Lenin, hasta entonces en la clandestinidad, y ser recibido por Trotski, jefe del Comit\u00e9 Militar Revolucionario, el hombre encargado de planificar la sublevaci\u00f3n. Trotski cedi\u00f3 su despacho en la segunda planta del Smolny a un Lenin que lleg\u00f3 disfrazado (ropa vieja de un obrero, gafas y una peluca que se negaba a quedarse en su sitio; adem\u00e1s, se hab\u00eda afeitado su caracter\u00edstica barba rojiza) para evitar a la polic\u00eda. Vlad\u00edmir Ant\u00f3nov-Ovseyenko escribi\u00f3: \u201cPodr\u00edas haberlo confundido con un director de escuela o con un librero de viejo. Se quit\u00f3 la peluca (\u2026) y entonces reconocimos sus ojos, que brillaban, como era habitual, con una chispa de humor\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">En Diez d\u00edas\u2026 refleja Reed su primera impresi\u00f3n: \u201cEra un hombre bajito y fornido, de gran calva y cabeza abombada sobre robusto cuello. Traje bastante usado, pantalones un poco largos para su talla. Nada que recordara a un \u00eddolo de las multitudes\u2026\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">La primera edici\u00f3n de Diez d\u00edas\u2026 (existe una muy cuidada edici\u00f3n de 2017, coincidiendo con el centenario de la revoluci\u00f3n, ilustrada por Fernando Vicente, en Capit\u00e1n Swing) tuvo dos prologuistas que revelan la significaci\u00f3n que los l\u00edderes bolcheviques dieron al libro: el propio Lenin y su mujer Nadia Krupskaya. El primero dice: \u201cDespu\u00e9s de leer con viv\u00edsimo inter\u00e9s y profunda atenci\u00f3n el libro de John Reed, recomiendo esta obra con todo el alma a los obreros de todo el mundo\u201d. Y la Krupskaya resalta que se antoja extra\u00f1o a primera vista que este libro lo haya escrito un extranjero: \u201cJohn Reed est\u00e1 inseparablemente unido a la Revoluci\u00f3n Rusa. Amaba la Rusia sovi\u00e9tica y se sent\u00eda cerca de ella. Abatido por el tifus, su cuerpo reposa al pie de la muralla roja del Kremlin. Quien ha descrito los funerales de las v\u00edctimas de la Revoluci\u00f3n como lo hizo John Reed merece tal honor\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">En efecto, despu\u00e9s de escribir su libro en Nueva York y de sufrir los permanentes procesos de escisi\u00f3n de la izquierda americana, Reed volvi\u00f3 a Mosc\u00fa y muri\u00f3 de tifus. Fue reconocido como h\u00e9roe de la revoluci\u00f3n y enterrado con otros protagonistas de la historia de la URSS: Stalin, Krupskaya, Gagarin, Inessa Armand, Kalinin, Lunacharski, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai&#8230; al lado del mausoleo de Lenin.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">En la obra de Reed la presencia del \u201cuniverso Stalin\u201d es muy escasa. Stalin no est\u00e1 al mismo nivel que los dem\u00e1s dirigentes (sobre todo, de Trotski) hasta que muere Lenin en 1924. Solo entonces, y manipulando la historia, trat\u00f3 Stalin de convencer de lo contrario. Hay una an\u00e9cdota que lo ilustra bien y que describe la historiadora Catherine Merridale en su libro El tren de Lenin (Cr\u00edtica), que cuenta el viaje desde Z\u00farich hasta Petrogrado del arquitecto de la revoluci\u00f3n. Un reducido n\u00facleo de camaradas le acompa\u00f1\u00f3 en el tren sellado que lleg\u00f3 a la Estaci\u00f3n Finlandia. Entre ellos no se encontraba Stalin. Uno de los cuadros can\u00f3nicos del viaje, pintado en el m\u00e1s puro estilo realista d\u00e9cadas despu\u00e9s, refleja el momento en el que Lenin pone el pie en la entonces capital rusa, en abril de 1917. En el \u00f3leo se le ve descendiendo de un vag\u00f3n de tercera clase, y un escal\u00f3n por encima, mirando directamente al espectador, se observa a un aguerrido bolchevique con gorra y su reconocible mostacho negro. \u00a1Es Stalin!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Como los caracteres de los nombres de los enterrados en la muralla del Kremlin est\u00e1n en cir\u00edlico, quien no conoce ese alfabeto tiene dificultades para encontrar la peque\u00f1a tumba de John Reed, de quien ahora se cumple el centenario de su muerte y de quien Trotski, en su Historia de la revoluci\u00f3n rusa destac\u00f3 su \u201cmirada ingenua\u201d. Ten\u00eda 30 a\u00f1os.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El periodista John Reed muri\u00f3 hace un siglo. 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