Por, Partido de la Democracia Obrera, sección de la UIT-CI en Turquía
10/1/2026. Tras el fracaso de las negociaciones en curso entre el gobierno de Damasco y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), Alepo volvió a convertirse una vez más en el epicentro de los enfrentamientos militares. Inmediatamente después de que las negociaciones concluyeran sin resultados el 4 de enero, el gobierno de Damasco declaró como zona de operaciones los barrios de Sheikh Maksud y Ashrafieh en Alepo. Estos barrios, de mayoría kurda y controlados por Asayish, fuerza vinculada a las FDS, llevaban ya un tiempo sometidos al bloqueo de la administración central. Tras el anuncio de la operación gubernamental, más de diez civiles perdieron la vida y decenas de miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares.
Detrás de la escalada militar que se ha intensificado en Alepo en los últimos días se encuentra el carácter débil y frágil del Acuerdo del 10 de Marzo, firmado entre el gobierno de Shara y las FDS, pero que nunca llegó a aplicarse. De hecho, este acuerdo nació condenado al fracaso desde el momento mismo de su firma. Esto se debe a que, en esencia, no fue suscrito para garantizar los derechos democráticos y la seguridad de kurdos y árabes en el Norte y Este de Siria. Por el contrario, funcionó como una cobertura destinada a proteger los intereses de corto plazo de las FDS y del gobierno central de transición. Más aún, el acuerdo se configuró en el marco del afianzamiento del reparto de influencias entre potencias externas, principalmente el imperialismo estadounidense y Turquía, a costa de los derechos democráticos de los pueblos.
En este contexto, el barrio de Sheikh Maksud se transformó en un espacio ideal para el intercambio de mensajes entre las partes. Mientras que las FDS, en su última declaración, negaron su vínculo con las fuerzas de Asayish en el barrio, este mismo barrio, que desde el inicio de la revolución siria ha sido uno de los que más se ha opuesto y resistido al régimen de Assad, está siendo utilizado por la administración de Damasco como un instrumento de presión para obligar a las FDS a aplicar el Acuerdo del 10 de Marzo, mediante una política de zanahoria y el garrote.
Por otro lado, el papel de Turquía en este proceso tampoco puede ser ignorado. La reciente visita del ministro de Asuntos Exteriores, Fidan, a Damasco y sus declaraciones sobre el Acuerdo del 10 de Marzo han hecho aún más visible la intervención de Turquía. Es evidente hasta qué punto el proceso de negociación con el movimiento político kurdo en Turquía está vinculado a los acontecimientos en Siria, así como la profunda preocupación del régimen represivo de Erdoğan ante la posibilidad de que se establezca una administración kurda autónoma en el Norte y Este de Siria. Por esta razón, Turquía intenta desempeñar un papel central en este acuerdo, forzando a las FDS a sentarse a la mesa de negociaciones y a rebajar el nivel de sus demandas.
Ni los kurdos, ni los árabes, ni los pueblos de Siria tienen ningún interés en los enfrentamientos que actualmente se desarrollan en Alepo. Estos conflictos reproducen las divisiones racistas, religiosas y sectarias heredadas del régimen de Assad. En este sentido, el gobierno de Damasco debe, ante todo, detener las operaciones militares que ha iniciado contra los barrios de Sheikh Maksud y Ashrafieh y poner fin al bloqueo impuesto sobre estos barrios. Los derechos nacionales y democráticos del pueblo kurdo deben ser reconocidos sin ser objeto de ningún tipo de negociación.
Por su parte, es una necesidad imperiosa que las FDS actúen no en función de intereses de corto plazo ni de políticas basadas en equilibrios de poder regionales y globales, sino de acuerdo con los intereses de largo plazo de los kurdos y de los pueblos de Siria y de toda la región, basados en una convivencia pacífica.
La intervención del imperialismo, del sionismo y de las potencias regionales en Siria solo puede ser frenada mediante el reconocimiento y el fortalecimiento de los derechos democráticos y sociales de los pueblos. Por ello, la lucha por garantizar los derechos democráticos de los pueblos en Siria se ha vuelto inseparable de la lucha contra las intervenciones externas. En este marco, la lucha que se lleve adelante en torno a la exigencia de una “Asamblea Constituyente libre y soberana, para garantizar todos los derechos y libertades democráticas” continúa manteniendo su vigencia y su carácter central.


































