Por Trabajadores Unidos, sección de la UIT-CI en Portugal
28/1/2026. Las presidenciales de 2026 acabaron siendo una montaña rusa; de las encuestas que daban para todos los gustos, terminamos con una segunda vuelta entre António José Seguro y André Ventura. La fragmentación en estas elecciones y la dificultad de la clase dominante para llevar a sus candidatos favoritos a la segunda vuelta revela la crisis de régimen en Portugal. De esta coyuntura, solo se podía esperar las presidenciales más disputadas de siempre y con un resultado que no dejaría a nadie satisfecho.
Seguro y Ventura en la segunda vuelta
António José Seguro – candidato que el PS lanzó solo para poder decir que también participaba en la carrera hacia Belém – saltó de la insignificancia para llegar a ganar la primera vuelta con poco más del 30% de los votos. Seguro hizo una campaña altamente despolitizada, evitando involucrarse en polémicas y limitando al máximo sus críticas al Gobierno de la AD. Contando con el “voto útil” del sector a la izquierda del PS, se centró en buscar un electorado más centrista de la AD.
André Ventura – candidato que tampoco había sido su propia primera elección, habiendo revelado que prefería a Passos Coelho – terminó en segundo lugar con el 23%. Ventura, que no pretende ganar las elecciones, utilizó la campaña para no quedar fuera de la escena mediática y empujar el discurso hacia la derecha xenófoba. La mayor parte de su campaña se centró en la polémica en torno a sus carteles racistas, instrumentalizando los prejuicios y la conciencia más atrasada de una parte de la clase trabajadora y movilizando a un sector de la pequeña burguesía en crisis.
Los candidatos del régimen que quedaron fuera
Cotrim Figueiredo fue uno de los que más amargamente sintió la derrota. Después de varias encuestas que le daban el aroma de la victoria en la primera vuelta, terminó la noche con el 16%, a una distancia de 400 mil votos de Ventura. Su posición contradictoria sobre una futura segunda vuelta Seguro-Ventura y su irritación ante preguntas de la prensa sobre la denuncia de acoso sexual habrán tenido su peso en estos resultados. En su discurso en la noche electoral, Cotrim terminó responsabilizando a Montenegro por su derrota electoral. Aun así, reveló que su figura tiene más expresión electoral que su propio partido – que nunca tuvo más del 6%.
Henrique Gouveia e Melo, candidato que hace algunos años venía siendo impulsado por la prensa, terminó con el 12% de los votos. Fue una candidatura lanzada por sectores del PS y del PSD, que intentaba ocupar el sentimiento antipartido. Su falta de posicionamiento en todo – que, en muchos casos, se traducía en un posicionamiento tan a la derecha como el propio PSD – lo llevó a una derrota segura.
Quien perdió con más estruendo fue Luís Marques Mendes, el candidato que se esperaba que se convirtiera en el próximo Presidente de la República. Siguió los pasos de Marcelo Rebelo de Sousa – convirtiéndose en comentarista semanal en televisión e intentando colocarse como el más experimentado para asumir el cargo. No solo no consiguió pasar a la segunda vuelta, sino que terminó en quinto lugar, detrás de todos los demás candidatos de derecha. Fue una gran derrota también para el propio Gobierno, y pone en cuestión la capacidad del ejecutivo de llegar al final de la legislatura. La conexión tan cercana con el Gobierno, al mismo tiempo que se acumulaban los casos en el SNS y el descontento generalizado con el Paquete Laboral, terminó por vaciar su votación tanto hacia Seguro y Gouveia e Melo, por un lado, como hacia Ventura y Cotrim, por el otro. Al final, terminó con el 11% de los votos.
La izquierda mantiene el reflujo electoral
La izquierda, que no presentó un candidato único que pudiera realmente servir como polo alternativo a Ventura y Seguro, continuó perdiendo votos. En una elección con 1,5 millones más de electores respecto a 2021, Catarina Martins perdió 50 mil votos que habían ido a Marisa Matias – en aquel momento un pésimo resultado para el Bloco. António Filipe perdió 90 mil votos en comparación con João Ferreira. Jorge Pinto, cuya candidatura era la más vulnerable a la presión del voto útil, terminó sin conseguir llegar al 1% de los votos, quedando detrás de Manuel João Vieira. André Pestana, que pasó la campaña afirmando que no tenía el apoyo de ningún partido – a pesar de contar con el apoyo encubierto del MAS –, terminó sin llegar a los 11 mil votos.
Es cierto que la presión del voto útil penalizó sobre todo a la izquierda, pero al hacer una campaña centrada en la “defensa de la constitución” y en la salvación de las instituciones, la izquierda abandonó por completo la lucha por una sociedad diferente. Entregó, en bandeja, el combate antisistema a Ventura, que terminó siendo el único candidato en criticar la constitución.
Segunda vuelta y la polarización
André Ventura y José Seguro comenzaron la campaña para la segunda vuelta en la noche electoral. Allí trazaron lo que vendría a ser su discurso en el próximo período. Cada uno intenta aprovechar el clima de polarización a su manera. Seguro intenta transformar esta elección en una disputa entre “democracia” y “nostálgicos de la dictadura”; Ventura la coloca entre “socialistas” y “no socialistas”, intentando afirmarse como el único candidato realmente de derecha.
Tácticamente, el Gobierno y la AD decidieron que no llamarían a votar por ninguno de los candidatos. En su discurso en la noche electoral, Montenegro se colocó equidistante entre Ventura y Seguro. En realidad, PS y PSD son los dos principales partidos de la clase dominante; tienen entre sí un acuerdo de régimen que dura hace décadas. Es por eso que el PSD se negó a avanzar con la modificación de la constitución sin la participación del PS. Esta posición del Gobierno solo puede comprenderse a la luz de lo que ha sido la campaña permanente de Montenegro para intentar captar electorado del Chega.
A pesar de la posición del Gobierno – que, como reveló la primera vuelta, cuenta para poco –, la mayoría de las figuras ligadas al PSD, CDS e IL se posicionaron por el voto a Seguro. Su preocupación no es por “las libertades” o por la falta de “responsabilidad”; su temor es que una presidencia de Ventura – con su programa de choque directo con un sector organizado de la clase trabajadora – no permitiera la calma social necesaria para aplicar los ataques a la clase trabajadora que están intentando imponer mediante la negociación.
Votamos contra Ventura en la segunda vuelta
En esta segunda vuelta de las presidenciales, el régimen presenta dos soluciones para su crisis: por un lado, la extrema derecha de André Ventura, que busca canalizar la revuelta social hacia el odio, el racismo, el autoritarismo y la represión directa e inmediata contra trabajadores, inmigrantes, mujeres y jóvenes; por el otro, el centrismo de António José Seguro, que promete estabilidad, moderación y consenso, es decir, la continuación de las políticas que crearon el terreno para que la extrema derecha creciera.
Seguro representa la gestión “responsable” del mismo sistema que nos trajo hasta aquí. Cuando José Seguro afirma que “no quiere presionar a nadie” está admitiendo que no intentará impedir la modificación de la ley laboral que el gobierno quiere aplicar; no impedirá la modificación de la ley de nacionalidad; no responsabilizará al gobierno por la crisis en el SNS; no frenará el saqueo de los servicios públicos. Presionará, sí, a los trabajadores para que acepten las medidas draconianas del gobierno. Seguro será el presidente de la “estabilidad”, léase “estabilidad” para aplicar más fácilmente ajustes contra nosotros, los trabajadores. Recordamos cómo José Seguro se colocó al lado del PSD de Passos Coelho para aplicar las medidas de austeridad de la troika.
Ventura, en cambio, trae una política de guerra directa contra los trabajadores. Quiere limitar el derecho a huelga y los derechos de los sindicatos; quiere una policía más militarizada y con aún menos control; quiere intensificar la persecución a inmigrantes y acabar con los programas de apoyo a mujeres y personas queer. Se trata de asegurar que la bonapartización en curso se haga de la forma más acelerada posible.
No se trata de una elección entre “democracia” y “fascismo” – ya que, por ahora, el proyecto de Ventura no pasa por la destrucción de las organizaciones de los trabajadores mediante métodos de guerra civil. Aun así, estas dos formas no son iguales, especialmente para los sectores más vulnerables de la clase. Por eso llamamos a votar contra André Ventura. Lo hacemos de forma defensiva, conscientes de que Seguro no será ninguna barrera contra el retroceso que el Gobierno de la AD, la IL y el Chega quieren aplicar; pero conscientes de que una victoria de Ventura galvanizaría grupos neonazis, como el 1143, e implicaría más represión sobre la clase trabajadora organizada. No obstante, entendemos a aquellos que – por todo lo que Seguro representa – votarán nulo o blanco en estas elecciones.
En la propia noche electoral, todos los candidatos de izquierda lanzaron su apoyo a Seguro. Muchos bajo el argumento de “frenar a la extrema derecha” o “derrotar a Ventura”. Pero la historia nos muestra que combatir realmente a la extrema derecha no se hace con indicaciones de voto. Solo conseguimos derrotarla cuando construimos otra alternativa: cuando conquistamos salarios dignos, más protección de nuestros derechos, sindicatos más combativos, vivienda accesible.
La Huelga General del 11 de diciembre mostró que los trabajadores, cuando están organizados en una lucha nacional, consiguen poner en movimiento la defensa de sus derechos. Es en nuestra fuerza, en el avance de nuestra lucha, en la derrota del paquete laboral, donde debemos concentrar nuestra energía. Profundizar y democratizar la lucha contra el paquete laboral y comenzar a construir una alternativa política tanto a las políticas del PS como a la política racista del Chega.
Al día siguiente de las elecciones, sea quien sea el Presidente, continuaremos enfrentando a los mismos patrones, al mismo Estado y a las mismas políticas. Y estaremos del mismo lado de siempre: el lado de las huelgas, de la organización, de la lucha colectiva y de la independencia política de los trabajadores.

































