Por CST – Seccion de la UIT-CI en Brasil
27/02/2026 Después de casi ocho años de espera e impunidad, la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal (STF) condenó, el 25 de febrero, a los mandantes y articuladores del crimen que acabó con la vida de la concejala Marielle Franco y de su conductor Anderson Gomes. Los hermanos Domingos y Chiquinho Brazão recibieron las penas más altas, siendo condenados a 76 años y 3 meses de prisión. También fueron condenados: Ronald Paulo Alves Pereira (Mayor de la PM): 56 años de prisión por monitorear la rutina de Marielle y pasar información estratégica a los ejecutores; Rivaldo Barbosa (exjefe de la Policía Civil): 18 años de prisión por utilizar su cargo público para obstruir las investigaciones y encubrir el crimen; Robson Calixto Fonseca (ex-asesor de Domingos Brazão): 9 años de prisión por su participación en actividades relacionadas con las milicias.
La reciente condena no es un evento aislado de la justicia; es, por encima de todo, una victoria histórica de la movilización. Se trata del resultado directo de años de resistencia, en los que la presión incansable de las manifestaciones callejeras, protestas y demás acciones —tanto a nivel nacional como internacional— impidió que el crimen fuera enterrado por el olvido o por la obstrucción a la justicia. El desenlace marca un paso crucial en la responsabilización de los involucrados en este crimen bárbaro que conmocionó al país. Sin embargo, el Estado brasileño también necesita ser responsabilizado por la infiltración criminal en sus instituciones. No podemos olvidar que, en 2018, cuando Marielle fue asesinada, Río de Janeiro estaba bajo intervención federal comandada por Braga Netto, y el gobernador en ese momento era Luiz Fernando Pezão (MDB). Y no están completamente esclarecidas las relaciones de los asesinos con la familia Bolsonaro.
Por eso, la responsabilidad política de los políticos y de las instituciones del Estado también debe ser investigada. El caso Marielle demuestra cómo las milicias y su poder están intrínsecamente ligados a los poderes y órganos gubernamentales del sistema capitalista. La condena de los autores intelectuales fue un paso fundamental, pero debemos seguir movilizados. Seguimos en las calles, honrando la memoria de Marielle y Anderson.
¡Marielle y Anderson, presentes! Hoy y siempre.
































