Por Unidad Internacional de Trabajadores y Trabajadoras – Cuarta Internacional
Contra el ajuste de los gobiernos y las agresiones del imperialismo
En el marco del paro internacional feminista, las mujeres y disidencias de todo el mundo saldremos a las calles a repudiar las políticas de ajuste de todos los gobiernos que afecta más a las mujeres y disidencias de la clase trabajadora.
Nos movilizamos contra la violencia de género y los crímenes de odio que, de acuerdo al último informe ONU (2025), ascienden a 83300 en solo un año. Nos organizamos contra las políticas racistas y anti migratorias de ICE en Estados Unidos. Alzamos la voz contra el genocidio en Palestina y el plan imperialista colonizador de Trump en Gaza (Board of Peace). Denunciamos las redes de pedofilia de Jeffrey Epstein en la que se ven involucrados el presidente Donald Trump, el príncipe Andrew y tantos otros. Un puñado de súper ricos que pretende impunidad para sostener un sistema capitalista y patriarcal perverso.
Con todas nuestras fuerzas condenamos la agresión imperialista de Estados Unidos e Israel contra Irán. La repudiamos desde nuestra independencia política respecto al régimen dictatorial y teocrático de los ayatollahs que oprime a las mujeres que luchan por sus derechos. Rechazamos el cerco impuesto por Donald Trump al pueblo cubano, que literalmente está siendo sometido a una hambruna y paralización de la isla.
Como cada 8 de marzo reivindicamos las luchas de las obreras que a principio del siglo 20 se movilizaban por las ocho horas y por el sufragio universal. En homenaje a ellas y a todas las luchas que continuamos librando contra la opresión y la explotación saldremos a las calles, más de un siglo después, a pelear por nuestros derechos.
Como feministas antiimperialistas denunciamos a la OTAN y la campaña del rearme imperialista de la Unión Europea, que utiliza la propaganda del miedo y la falsa narrativa de la “inseguridad” como excusa para disparar el gasto militar y la represión. Esta estrategia supone una inyección masiva de dinero público para salvar la industria armamentística y metalúrgica, tal y como se hizo con la banca hace veinte años, mientras se recortan servicios esenciales como la sanidad, las pensiones o las políticas feministas. Denunciamos la cínica instrumentalización del pueblo ucraniano, cuya resistencia contra la invasión rusa es utilizada como pretexto para un rearme que apenas les beneficia. Frente a este belicismo que solo busca el beneficio empresarial, reivindicamos el legítimo derecho de los pueblos a defenderse ante las agresiones imperialistas. ¡Ni un euro para la escalada militar imperialista!
Este 8 de marzo, en Turquía, la agenda principal de las mujeres es enfrentar el empobrecimiento creciente y la violencia machista. El gobierno de Erdoğan, con las políticas del “Decenio de la Familia”, ataca los derechos conquistados de las mujeres: convierte nuestros cuerpos y nuestras vidas en objeto de políticas demográficas. El acceso a derechos legales como el aborto está siendo bloqueado. Mientras los feminicidios no se detienen, las políticas de impunidad recompensan a los perpetradores de la violencia machista. El aparato judicial se moviliza no para protegernos, sino para quitarnos nuestros derechos. Las personas LGBTI+ son demonizadas y sus existencias negadas. Las políticas económicas profundizan la pobreza, devaluando y precarizando aún más el trabajo de las mujeres. La ausencia de servicios públicos no garantiza las tareas de cuidado que recaen completamente sobre nosotras. Las mujeres seguimos fortaleciendo la lucha por nuestros derechos, nuestros trabajos y por nuestros cuerpos.
En Portugal, la violencia machista sigue cobrando vidas cada año y la violencia doméstica continúa siendo uno de los crímenes más denunciados. En 2025 al menos 24 mujeres fueron asesinadas y decenas de tentativas de feminicidio muestran que no se trata de hechos aislados. Al mismo tiempo, la crisis del sistema público de sanidad ha provocado el cierre y la inestabilidad de urgencias obstétricas, aumentando los partos en ambulancias y fuera del hospital, una forma de violencia obstétrica que afecta especialmente a las mujeres trabajadoras. Enfrentamos también el intento de reforma laboral del gobierno, que avanza en la flexibilización de despidos, la ampliación de la precariedad y el ataque a derechos de parentalidad como la dispensa para amamantamiento. Por eso, este 8 de marzo salimos a las calles para exigir el fin de la violencia machista, el refuerzo del sistema público de sanidad y la defensa de nuestros derechos laborales.
En Argentina enfrentamos la reforma laboral esclavista de Milei que restringe derechos conquistados hace más de cien años como el derecho a huelga, las vacaciones pagas y las jornadas de ocho horas de trabajo. Una reforma que nos afecta más a las mujeres y disidencias quienes tenemos los empleos peor pagos, los trabajos informales y sobre nuestras manos recaen las tareas de cuidado no remuneradas que profundizan las desigualdades de género.
En Brasil en diciembre de 2025, miles de mujeres ocuparon las calles en todo el país con un solo grito: Mujeres Vivas! contra una ola de feminicidios brutales. Con estadísticas de cuatro feminicidios declarados por día, 2025 fue el año record de asesinatos de mujeres. Brasil también es el país que más mata personas trans en el mundo. La acción de la extrema derecha, de ideologías conservadoras y machistas como los red pills están profundizando todo tipo de violencia. El actual gobierno del Frente Amplio de Lula utilizó apenas el 15% del valor destinado al Plan de acción del Pacto Nacional de Prevención a los feminicidios (PNPF). Por eso, en este 8 de marzo las mujeres en Brasil vamos a las calles a exigir: Basta de violencia de género, criminalización a la misoginia, prisión para feminicidas, violadores y abusadores, criminalización de los movimientos red pill, sus discursos misóginos y prisión para sus líderes, presupuesto para protección de mujeres y disidencias, la deuda es con nosotras.
En Venezuela, luego del ataque militar del gobierno imperialista estadounidense que se produjo el 3 de enero, se agudizó el retraso en la agenda de exigencias de las mujeres. Esta agresiva política del imperialismo estadounidense constituye un acto de barbarie, cobarde, desproporcionado, una verdadera masacre contra el conjunto del pueblo venezolano y una amenaza cierta para América Latina y el Caribe que lo único que busca es intensificar el saqueo de los recursos naturales, incrementar aún más la explotación extrema de los pueblos y frenar los movimientos de masas que con sus luchas ponen límites al sistema capitalista e imperialista que atraviesa su crisis más profunda. La gravedad de este ataque se ha intensificado con el pacto entre el gobierno de Trump y el gobierno encargado de Venezuela, con la anuencia de sectores empresariales nacionales y extranjeros, todo a espaldas de las verdaderas necesidades de la clase trabajadora y sectores populares. Ante esta situación, como mujeres que luchamos por la autonomía de nuestros cuerpos, abogamos porque el pueblo trabajador venezolano en su conjunto decida su propio destino. Luchamos por el derecho a la autodeterminación de los pueblos, nos reconocemos antiimperialistas y defendemos nuestro derecho a ejercer nuestra soberanía. Este 8 de marzo, como mujeres y disidencias en lucha también levantamos la consigna por la libertad de las y los presos políticos, haciendo especial énfasis en las trabajadoras presas por denunciar corrupción y exigir reivindicaciones salariales y por las presas por abortar.
En Panamá, rechazamos y luchamos contra la violencia institucionalizada que se expresa en la judicialización de la protesta, la violencia contra manifestantes y particularmente contra las mujeres y la política anti obrera de Mulino de retener las cuotas sindicales promoviendo sindicatos amarillos y reprimiendo a las trabajadoras/trabajadores al interior de sus centros de trabajo. Luchamos contra la indignante e inaceptable situación que viven los niños, niñas y adolescentes en los albergues a cargo del SENIAF que se han convertido en centros de horror. Peleamos contra el aumento de los feminicidios y desapariciones forzadas. Enfrentamos la negativa del gobierno de Mulino de ejecutar el convenio 190 de la OIT y contra la separación y despidos de docentes (la mayoría mujeres) por ejercer el derecho a huelga. Nos organizamos contra el intento de eliminar el Ministerio de la mujer, contra el racismo por parte del Ministerio de educación de pedir “certificación afro” en las escuelas y contra la violación de nuestra soberanía. Denunciamos el uso de nuestro territorio por parte del imperialismo yanqui y la entrega de Mulino para agredir a los pueblos del mundo.
En México, a pesar de que gobierna por primera vez una mujer, Claudia Sheinbaum, la gran mayoría de las trabajadoras, las jóvenes, de la disidencia sexogénerica e indígenas seguimos enfrentando la desigualdad y la violencia. El gobierno ha sido indolente con la crisis humanitaria que se ha impuesto con la desaparición de más de 131 mil personas, las mujeres y niñas desaparecidas son víctimas de trata y explotación sexual o de feminicidios. Ante ello, los colectivos de madres buscadoras de sus hijas e hijos desaparecidos han llevado a cabo las acciones por encontrarlos ya que el Gobierno ha sido omiso y cómplice de estos delitos, muchos de ellos cometidos por el crimen organizado. En el primer año de gobierno de Sheinbaum han sido asesinadas o desaparecidas 14 madres buscadoras, quedando sus casos en la impunidad. Por eso, este 8 de marzo, el movimiento de mujeres reivindicará la movilización independiente, retomando la consigna de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación “gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) somos parte de las luchas antipatriarcales impulsadas por mujeres y disidencias en todo el planeta. Estas luchas importantísimas deben unirse a la pelea anticapitalista porque en este momento de profunda crisis, ninguna conquista podrá ser garantizada a largo plazo si no terminamos con este sistema de explotación y opresión. Por eso somos feministas socialistas y peleamos en todo el mundo por gobiernos de la clase trabajadora.































