Por Partido de la Democracia Obrera, sección de la UIT-CI de Turquía
¡No pasarán el imperialismo, el sionismo ni la monarquía!
11/1/2026. El pueblo iraní vuelve a estar en pie con demandas económicas y sociales y con una lucha existencial contra la dictadura. Las protestas iniciadas el 28 de diciembre en Teherán contra la depreciación del rial y el encarecimiento del costo de la vida se extendieron en poco tiempo por todo el país y se transformaron en una nueva rebelión contra el régimen. Esta rebelión constituye la quinta ola de movilización masiva desde 2017 y, una vez más, el régimen de los mulás intenta reprimir las protestas mediante la represión y la violencia.
La actual insurrección popular reviste una importancia particular, ya que es la primera gran movilización a escala nacional tras la supervivencia del régimen, que logró mantenerse en pie ahogando en un mar de sangre el levantamiento de “Jin, Jiyan, Azadi” a finales de 2022. Al mismo tiempo, esta rebelión es crítica por producirse después de lo que se conoce como la “Guerra de los Doce Días”, tras los duros ataques sufridos el año pasado por parte del sionismo y de Estados Unidos.
Imperialismo, sionismo y el régimen de los mulás
Las dificultades generadas en el comercio por la volatilidad y la extraordinaria depreciación del rial frente al dólar desencadenaron, a finales de diciembre, protestas y cierres de comercios por parte de pequeños y medianos comerciantes en el bazar de Teherán. Estas acciones se extendieron rápidamente en la capital a los sectores trabajadores asfixiados por el aumento del costo de la vida y la pérdida del poder adquisitivo. Las protestas surgidas en Teherán, combinadas con la memoria aún reciente del levantamiento de “Jin, Jiyan, Azadi”, movilizaron también a las mujeres y a otros sectores sociales, extendiéndose a diversas universidades y a otras ciudades, y adquirieron el carácter de una insurrección popular.
El hecho de que las protestas comenzaran en el bazar de Teherán, que simboliza una de las bases sociales tradicionales del régimen de los mulás, llevó a que, a diferencia de experiencias anteriores, el gobierno adoptara inicialmente un tono moderado frente a las movilizaciones. Mientras el presidente Pezeshkian declaró que las protestas eran legítimas y que no debían ser reprimidas con violencia, el presidente del Banco Central fue destituido. Sin embargo, a medida que las protestas se extendieron, el régimen volvió a su discurso y actitud tradicionales contra los manifestantes. Jamenei calificó a los manifestantes de “alborotadores” y “mercenarios de potencias extranjeras”, y se estima que, a partir del 11 de enero, el número de muertos en las protestas se acerca a 200 y el de detenidos a 2.500. Debido a los cortes de internet y de las redes de comunicación impuestos por el régimen desde mediados de la semana pasada, existen serias dificultades para acceder a información precisa sobre las protestas.
Por otro lado, el imperialismo estadounidense bajo la administración de Trump, el sionismo, los monárquicos partidarios del Sha y otros sectores de derecha y de fascizantes desarrollan una intensa actividad con el objetivo de apropiarse de las demandas y acciones legítimas del pueblo. El fascista Trump afirma que “apoya las protestas” y que intervendrá en el país si el gobierno de los mulás ataca al pueblo. El genocida Netanyahu declara que “están en solidaridad con las demandas de libertad y justicia del pueblo iraní”. Reza Pahlavi, hijo del Sha derrocado, que en la “Guerra de los Doce Días” se posicionó abiertamente del lado de Estados Unidos e Israel, y que es alimentado por el imperialismo y el sionismo, llama al pueblo a salir a las calles y a derrocar al régimen. Los medios financiados por el sionismo llevan a cabo una campaña compartiendo videos de las protestas manipulados, a los que añaden consignas favorables al régimen del Sha.
Es bastante evidente que lo que desean es un gobierno títere bajo el control absoluto del imperialismo y del sionismo, y que para ello intentan utilizar a sectores reaccionarios y corruptos de una supuesta oposición. También es un hecho que entre los manifestantes hay sectores monárquicos, racistas y fascistas, y que lamentablemente son hoy más visibles que en movilizaciones anteriores. Sin embargo, presentar a las masas populares que una vez más salen a las calles arriesgando sus vidas como partidarias del imperialismo, del sionismo o de la monarquía solo sirve para crear una falsa dicotomía, exactamente la que desea el régimen de los mulás.
El régimen de los mulás, amparándose en esta excusa, intenta perpetuar su existencia corrupta reprimiendo con sangre las demandas legítimas del pueblo. El régimen carga el costo de las sanciones económicas y del embargo imperialista sobre el pueblo trabajador mediante una mayor austeridad y recortes sociales, elevando la miseria a un nivel insoportable. Al mismo tiempo, estas políticas económicas profundizan aún más la dependencia de Irán del imperialismo chino. Por otro lado, los representantes del régimen, hundidos en la corrupción y la decadencia, junto con los círculos oligárquicos que los rodean, multiplican sus riquezas mediante el doble tipo de cambio, el mercado negro y las devaluaciones. En consecuencia, quienes pagan el precio de las sanciones no son las clases dominantes del país, que no dejan de proclamar un discurso antiimperialista y antisionista, sino los trabajadores y el pueblo pobre.
Mientras los mulás continúan acusando a los manifestantes de ser “agentes de potencias extranjeras”, la “Guerra de los Doce Días” ya había expuesto con total claridad dónde estaban los verdaderos agentes y hasta qué punto había llegado la corrupción del régimen. El sionismo, a través de funcionarios del régimen que había convertido en agentes, asesinó de manera humillante a los más altos dirigentes del régimen en las operaciones militares que llevó a cabo en junio de 2025. La incapacidad del régimen de los mulás para proteger a su propio pueblo y incluso a sus propios dirigentes de los ataques del sionismo y del imperialismo fue una muestra ejemplar del grado de descomposición al que ha llegado.
Precisamente por estas razones, el régimen de los mulás atraviesa el período de mayor pérdida de legitimidad de su historia y su fase más débil. El inicio de las protestas en el bazar cubierto de Teherán, considerado el corazón del régimen, y la realización de movilizaciones masivas en ciudades como Mashhad y Qom, consideradas bastiones del régimen, muestran la pérdida de prestigio que también sufre en su propia base social.
Mientras tanto, una parte de la izquierda mundial sigue alineándose con este régimen corrupto y sangriento, alegando que el régimen de los mulás es antiimperialista y forma parte del llamado “Eje de la Resistencia”, y continúa guardando silencio frente a las acciones legítimas del pueblo iraní. El régimen de los mulás no solo oprime a los pueblos de Irán, sino que, con sus políticas contrarrevolucionarias sectarias, racistas e instrumentalizadoras, también oprime a los pueblos de la región, y ya hace mucho tiempo que merece ser arrojado al basurero de la historia.
La solución no está en el pasado, sino en la construcción del futuro
Los pueblos de Irán vuelven a estar en las calles para tomar su destino en sus propias manos y poner fin al régimen dictatorial. A pesar de que miles de personas han sido asesinadas por las fuerzas de seguridad en las movilizaciones que se suceden desde 2017, los pueblos de Irán regresan a la escena política para conquistar sus derechos económicos, sociales y democráticos. El problema fundamental de este proceso sigue siendo la ausencia de una alternativa política que represente las demandas de los trabajadores y de los pueblos oprimidos. En la actualidad, se intenta encorsetar a los pueblos de Irán entre el régimen dictatorial existente y la restauración de la dictadura del Sha, que fue derrocada en 1979 mediante un levantamiento grandioso.
Los partidarios del Sha, el imperialismo y el sionismo no prometen nada más que volver a someter a los pueblos de Irán. Las demandas legítimas de los pueblos de Irán solo pueden realizarse mediante el desarrollo de sus propias formas de autoorganización, tal como ocurrió con el ejemplo de los consejos de 1979, y la construcción de una dirección revolucionaria que represente estas demandas en la arena política. En este sentido, la tarea de la izquierda mundial debe ser desarrollar la solidaridad con la lucha del pueblo iraní sobre una base independiente de todas las fuerzas dominantes.

































