Por Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI
21/5/2026. La Paz, sede del gobierno de Bolivia, se encuentra cercada por los bloqueos de caminos impulsados por la Central Obrera Boliviana (COB), sindicatos campesinos, organizaciones de pueblos indígenas originarios, vecinos y gremiales, entre otros sectores.
En los últimos días, el gobierno respondió con una brutal represión policial y militar para intentar romper los bloqueos y aplastar la movilización. Ya hubo cuatro muertos, más de cien heridos y decenas de detenidos. Además, pesa una orden de captura contra Mario Argollo, principal dirigente de la COB.
Sin embargo, lejos de retroceder, la movilización continúa creciendo. La medida de lucha exige hoy la renuncia del presidente Rodrigo Paz y acorrala a un gobierno derechista al servicio de la oligarquía terrateniente y de las empresas multinacionales. Los bloqueos se profundizan en La Paz, se extienden a nivel nacional y nuevos sectores siguen incorporándose a la lucha.
El presidente Rodrigo Paz solicitó apoyo diplomático internacional y recibió el respaldo de Donald Trump, Benjamín Netanyahu, Javier Milei y distintos gobiernos latinoamericanos de derecha. Incluso se pronunciaron contra la COB y las movilizaciones populares. Trump sostiene a Paz y a estos gobiernos como piezas funcionales al saqueo de las riquezas del país y a la defensa de los intereses de las multinacionales estadounidenses. Por eso la rebelión popular en Bolivia pone en riesgo esos intereses.
Una de las principales mentiras del gobierno es afirmar que todas las movilizaciones responden a órdenes de Evo Morales. Esto es falso. Aunque Morales declaró su apoyo a las protestas y participan sectores campesinos del Chapare vinculados al evismo, la enorme mayoría de las marchas y bloqueos surgieron y continúan de manera independiente, sin responder políticamente al expresidente ni levantar sus consignas.
Por supuesto, Evo Morales intenta recuperar protagonismo político, pero eso no significa que las protestas tengan ese objetivo. Hay que recordar que tanto su gobierno, entre 2006 y 2019, como el de Luis Arce, entre 2020 y 2025, terminaron acordando con la oligarquía del agronegocio y con las multinacionales, consolidando sus privilegios y grandes propiedades. Esa política, que se presentó con un falso discurso “socialista”, aunque nada tenía que ver con el socialismo, preparó la crisis actual, profundizada luego por las medidas de Rodrigo Paz.
El actual gobierno pretende quitarles tierras a pequeños campesinos y a comunidades indígenas para entregarlas a la oligarquía terrateniente. Al mismo tiempo, redujo los presupuestos de salud y educación públicas con el objetivo de avanzar en su privatización. También permitió un aumento de más del 50% en los productos básicos de la canasta familiar, mientras rechaza cualquier recomposición salarial que compense esa pérdida.
Paz ganó las elecciones de octubre pasado con falsas promesas y gracias a una ley electoral profundamente restrictiva, que impide la legalización de partidos populares. El nuevo partido impulsado por Evo Morales tampoco pudo legalizarse. Incluso la propia Central Obrera Boliviana votó en su último congreso la necesidad de construir una alternativa política de las y los trabajadores, pero tampoco pudo obtener reconocimiento legal. Paz se presentó entonces con un falso discurso “anti derecha”, que rápidamente quedó desenmascarado por su política de ajuste y represión.
Desde el Partido de los Trabajadores, del cual es integrante Alternativa Revolucionaria del Pueblo Trabajador, sección boliviana de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional, se llama a profundizar la lucha hasta derrotar al gobierno derechista y al régimen de la oligarquía terrateniente y las transnacionales.
Proponen la conformación de un gobierno transitorio encabezado por la COB y las organizaciones en lucha, que convoque a elecciones libres, legalice los partidos populares y abra el camino a una salida obrera, campesina, indígena y popular. Sostienen que son necesarios cambios revolucionarios para terminar con la pobreza creciente del pueblo trabajador, con el dominio de la oligarquía del agronegocio y con el saqueo de las multinacionales sobre las riquezas del país.

































