Por Maysam Abuhindi – Partido de la Democracia Obrera de Turquía. Sección de la UIT-CI
28/10/2026.Los colonizadores votaron el martes. Lo hicieron por cuarta vez en cinco años para decidir quién gestionará el despojo del pueblo palestino. La participación alcanzó el 77,7 por ciento, la cifra más alta desde 1999. El cuerpo político de los colonos se movilizó en cifras récord para elegir entre dos administradores de un mismo proyecto.
Según los votos escrutados, el bloque de Netanyahu contaría con 53 escaños en la Knéset —por debajo de los 61 necesarios para obtener la mayoría—, mientras que la oposición sumaría 48. Los sondeos a pie de urna situaban al Likud como el partido más votado, con unos 26 escaños, frente a los 21 del partido Yashar, de Gadi Eisenkot. El recuento definitivo se conocerá el viernes y los resultados oficiales, el 4 de noviembre. En cuanto finalice el escrutinio, comenzarán las negociaciones para formar coalición; el presidente Herzog designará a un candidato, quien dispondrá entonces de 42 días para constituir un gobierno. Más allá de quién encabece la contienda, lo que realmente importa es el terreno sobre el que ésta se ha librado. Eisenkot es exjefe del Estado Mayor del ejército que arrasó Gaza. Naftali Bennett, otro pilar de su bloque, cimentó su carrera sobre la expansión de los asentamientos. El «cambio» que propone la oposición es, en realidad, un mero cambio de rostros: la guerra, el asedio, los asentamientos y el ordenamiento jurídico basado en el *apartheid* permanecen intactos, gobierne quien gobierne.
Netanyahu cerró su campaña arremetiendo contra los palestinos que residen en los territorios de 1948. Calificó a los votantes árabes de «partidarios de los Hermanos Musulmanes» y los acusó de irrumpir en los colegios electorales y de robar las elecciones. El orden colonial siempre ha considerado la presencia palestina como una amenaza, y el proceso electoral no es una excepción. Los ciudadanos palestinos respondieron con una participación récord. Según informó *Haaretz*, la afluencia de votantes árabes no tuvo precedentes, y las proyecciones apuntaban a que los partidos árabes obtendrían, en conjunto, 19 escaños. Se trata de una expresión genuina de la voluntad popular, pero que choca con un límite infranqueable: nunca ha habido un bloque palestino en un gobierno que ejerza su dominio sobre los territorios ocupados, y ninguna cifra de escaños cambiará esa realidad. El parlamento, dentro de un régimen colonial de asentamiento, es una herramienta del colonizador; los palestinos lo utilizan de manera defensiva para mantener sus posiciones.
En Gaza, el alto el fuego anunciado el 10 de octubre de 2025 no ha detenido las matanzas. Más de 100 organizaciones humanitarias y de derechos humanos han declarado que dicho alto el fuego existe solo en el papel, mientras las fuerzas israelíes siguen matando e hiriendo a palestinos a diario. El Ministerio de Salud de Gaza registra 1.493 muertes desde el inicio de la tregua, elevando la cifra acumulada a 74.382 hasta el 12 de octubre. La oficina de derechos humanos de la ONU en el territorio ocupado verificó 1.076 muertes relacionadas con el conflicto entre el anuncio de la tregua y finales de julio de 2026, incluidas 268 de menores. La llamada «línea amarilla» fragmenta la Franja; según informa Islamic Relief, ésta otorga a Israel el control de aproximadamente el 65 por ciento de Gaza, confinando a cerca de 2,1 millones de personas en el 35 por ciento restante. La organización Médicos por los Derechos Humanos (Physicians for Human Rights) ha constatado que ninguno de los 36 hospitales de Gaza funciona a plena capacidad. En julio, la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC) informó que más de 1,2 millones de personas —el 59 por ciento de la población— se enfrentan a una inseguridad alimentaria en niveles de crisis o peores, advirtiendo además que podría desencadenarse una nueva hambruna. Una Comisión de Investigación de la ONU concluyó en dos ocasiones —en septiembre de 2025 y nuevamente en junio de 2026— que Israel ha cometido genocidio. La reconstrucción prometida en el acuerdo de alto el fuego no ha comenzado, y la transición en la gobernanza permanece estancada. La entrada de camiones con ayuda humanitaria queda sujeta al arbitrio de la potencia ocupante: durante la primera semana de octubre ingresaron 829 camiones —un 43 por ciento menos que la semana anterior—, mientras que el paso de Rafah permaneció cerrado para los pasajeros.
El proyecto colonial ha desplazado su centro de gravedad hacia Cisjordania, donde la anexión avanza a golpe de excavadora y armas de fuego. El diario *The Washington Post* describe una campaña de violencia e intimidación por parte de los colonos sin precedentes en la historia reciente, en la que numerosos asentamientos y puestos de avanzada —respaldados por el gobierno— están redibujando el mapa. El 26 de octubre, más de 3.000 palestinos fueron obligados a abandonar sus hogares en Hebrón, a medida que el ejército intensificaba una operación militar a gran escala; por su parte, el alcalde de Hebrón acusó a Netanyahu de utilizar dicha operación para ganar votos de los colonos. La cosecha de aceitunas —eje económico y cultural de la vida en las aldeas palestinas— se ha convertido en un campo de batalla. El 17 de octubre, unos colonos atacaron a diplomáticos europeos, entre ellos un alcalde francés, cerca de Taybeh; el alcalde señaló que el ataque evidenciaba una tolerancia, por parte del gobierno israelí, hacia la violencia de los colonos. La organización de derechos humanos B’Tselem afirma que la retórica de altos funcionarios alimenta la violencia contra los palestinos y promueve su deshumanización, afectando incluso a los niños.
La ONU ha documentado este patrón. Su oficina de derechos humanos sostiene que la violencia de los colonos está provocando el vaciamiento de extensas zonas de la «Zona C», el valle del Jordán y partes de la «Zona B», con el apoyo y la participación de las fuerzas de seguridad israelíes. Asimismo, señala que el traslado forzoso constituye un crimen de guerra y podría tipificarse como crimen de lesa humanidad. La expansión de la construcción corre pareja a la violencia. Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido han señalado que, tras la aprobación del plan E1 en agosto de 2025 —que fragmentaría Cisjordania—, se autorizó la construcción de 28.000 viviendas en menos de un año, una cifra sin precedentes. Estos mismos gobiernos registraron en octubre de 2025 264 ataques por parte de colonos, la cifra mensual más alta desde que la ONU comenzó a llevar el recuento en 2006. Plan International informa que, entre octubre de 2023 y mediados de septiembre de 2026, al menos 1.136 palestinos —incluidos al menos 250 niños— murieron en Cisjordania. La Corte Internacional de Justicia dictaminó que la ocupación debe terminar y que Israel debe retirarse de todo el territorio palestino ocupado; el régimen respondió con más asentamientos, más demoliciones y más incursiones.
La guerra se extendió por toda la región. El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán comenzó el 28 de febrero y duró 40 días, hasta que se alcanzó un alto el fuego el 8 de abril. En el Líbano, los agricultores que cultivan olivos realizan la cosecha bajo la presencia de drones y aviones de combate. Un proyecto colonial que depende de una guerra permanente necesita enemigos permanentes, y se encarga de fabricarlos constantemente.
Un régimen de colonos se apodera de tierras, establece un orden jurídico que jerarquiza a las personas según su origen y defiende este sistema mediante armas importadas y el respaldo de potencias imperiales. Washington lo arma; los gobiernos europeos emiten declaraciones mientras el comercio continúa, y los fabricantes de armamento obtienen beneficios. La clase trabajadora de la región paga el precio con sus hogares, sus olivos y sus vidas. El cambio real surge de la presión que pone fin al dominio colonial: boicots, desinversiones y sanciones sostenidos, embargos de armas, y la negativa de los trabajadores portuarios y los sindicatos a manipular armamento. Proviene de la resistencia popular palestina y de la solidaridad de los trabajadores en todas partes. Un cambio de primer ministro no aporta nada de esto. Eisenkot, Bennett y Netanyahu pueden discrepar en cuanto a las tácticas, pero coinciden respecto al valle del Jordán, Hebrón y la «línea amarilla». La reivindicación palestina sigue siendo la misma de siempre: el fin de la ocupación y el retorno de los refugiados. La votación del 27 de octubre no aborda ninguno de estos aspectos.
































