Por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, de Argentina y la UIT-CI
14/10/2026. Sorpresivamente, Donald Trump anunció el 9 de octubre que había llegado a un acuerdo con Putin, presidente de Rusia, para aumentar el suministro de diésel a los mercados estadounidenses y mundiales. Y que eso era parte del acuerdo para “una tregua energética” en la guerra entre Rusia y Ucrania. Tras una llamada de 90 minutos con Putin, Trump escribió en Truth Social que “se acordó que Rusia suministrará inmediatamente más de 300,000 toneladas de combustible diésel al mercado estadounidense y mundial, otras 500,000 toneladas durante el mes de noviembre, y 1,000,000 toneladas inmediatamente después».
El anuncio del ultraderechista Trump, provocó un nuevo escándalo político internacional. Este acuerdo con Putin, en medio de la guerra con Ucrania por la invasión imperialista rusa, que ya lleva más de 4 años, es un apoyo directo al agresor, ya que lo favorece con los miles de millones de dólares que van a recibir por esta venta de combustible.
El colmo es que Trump ni siquiera le avisó a Zelenski, el presidente de Ucrania, de su llamado y menos de su acuerdo, quien se enteró por las redes. Zelenski lo calificó de “regalo de cumpleaños a Putin”.
Trump rompe así, unilateralmente, con todas las sanciones económicas que pesan sobre Rusia. Esto vuelve a poner en evidencia que el jefe del imperialismo norteamericano, desde que asumió en enero de 2025, busca abiertamente un pacto con Putin lo que significa apoyarlo para que Ucrania se rinda y entregue el Donbas y Crimea, que son partes de su territorio histórico y que han sido usurpados y están ya controlados militarmente por Putin.
Trump hace abiertamente lo que ya hacía Biden en forma solapada cuando era presidente al momento de la invasión en febrero de 2022. Entonces Biden le ofreció a Zelenski un avión para sacarlo de Ucrania y exiliarse. Así lo confirmaba la CNN en el 2022 en una nota: “Zelensky, rechazó una oferta de Estados Unidos de evacuación de la capital, Kiev (…)
“La lucha está aquí; necesito municiones, no un aventón”, dijo Zelensky” (CNN, 26/2/2022). O sea, Biden estaba a favor de ceder Ucrania a Putin, quien había anunciado que tomaría Kiev, la capital de Ucrania, en dos semanas. Fue por la resistencia militar y popular de masas que eso no ocurrió. Han pasado cuatro años y medio de guerra y no hay solución a la vista. Nunca los EE.UU. ni los imperialismos europeos ni el Vaticano estuvieron a favor de derrotar a Putin. El Papa Francisco, por ejemplo, en 2024 “instó al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, a tener ‘valentía’ para alzar la ‘bandera blanca’ y negociar el fin de la guerra con Rusia” (9/3/2024, Infobae). Lo que le ocasionó al fallecido Papa un justo rechazo popular en Ucrania.
El acuerdo de compra toneladas de diésel ruso y la presión de Trump a Ucrania para que pare los eficaces ataques con drones a las destilerías de petróleo en territorio ruso, son cuestiones que favorecen a Rusia. La guerra está estancada y Rusia no puede avanzar en el frente. La economía rusa está deteriorada por los gastos de guerra, las reservas petroleras se reducen y más con los golpes sufridos a la producción de petróleo y derivados. La compra de diésel por los EE.UU. le permite una entrada de miles de millones de dólares para tener un respiro. Y también necesitaría que Ucrania parara de bombardear sus destilerías. Por eso el reclamo de Trump de una “tregua energética”. Cuestión que, por ahora, ni Rusia ni Ucrania aceptan.
Pero el centro de Trump es pactar un acuerdo de largo alcance con Putin y para eso se juega a la rendición de Ucrania. Por eso Trump salió a abiertamente a cuestionar a Zelensky porque, por ahora, no acepta “negociar” que en forma directa es decir que se rinda y acepte que Putin y Rusia se queden con parte de Ucrania. Zelensky sabe, como todo gobernante burgués, que aceptar esa entrega sería el seguro fin de su gobierno. Por otro lado, la política económica del gobierno capitalista de Zelensky, al servicio de los grandes oligarcas y con fuertes elementos de corrupción, debilita en los hechos la resistencia popular.
Trump ha llegado al colmo de reclamar elecciones para sacar Zelensky, casi en nombre de Putin. Acusó a Zelensky “de no querer negociar, y marcó que desde el Kremlin estaban interesados en llegar a una solución que permita desescalar el conflicto (…) planteó que había llegado el momento de un recambio presidencial y pidió a los ucranianos que «consigan un nuevo líder que pueda llegar a un acuerdo» (Clarín, Argentina, 13/10/2026).
Trump actúa a favor de Putin sin tapujos, por varias razones: 1) porque la crisis política, económica y militar del imperialismo yanqui ha crecido, incentivado por la política agresiva y colonizadora de Trump y necesita mostrar que sigue intentando terminar con la guerra de Ucrania, 2) porque Trump fue derrotado en su guerra de agresión a Irán y una de sus consecuencias ha sido al aumento del precio del petróleo lo que ha agudizado la crisis económica capitalista, en especial en los EE.UU, perjudicando a las y los estadounidenses en su nivel de vida, con inflación a raíz del aumento del precio de los combustibles, 3) porque al caer su popularidad crece el peligro de que en las elecciones de medio tiempo del 3 de noviembre, pueda perder la mayoría de las cámaras legislativas y necesita mostrarse tomando “medidas” para intentar reducir los precios de los combustibles, en este caso comprando toneladas de diésel a Putin.
Todo este accionar de Trump en acuerdo con Putin, pone en evidencia dos cosas: 1) que el imperialismo yanqui, el dominante en el mundo capitalista, buscar la derrota de Ucrania y de su pueblo, ante el país agresor que es el imperio ruso y 2) muestra que no es correcto, como lo hacen muchos sectores de izquierda, definir esta guerra como “inter imperialista”. Esto ha creado mucha confusión en sectores de la vanguardia antiimperialista y de izquierda.
Son discusiones difíciles por la confusión que existe en el mundo. Y porque muchas direcciones reformistas de izquierda, pintan a Putin y a Rusia como si fueran “antiimperialistas”. Rusia es un país capitalista imperialista y Putin es un dictador de ultraderecha. No existe más la URSS. Y, por otro lado, Ucrania es una semi colonia burguesa europea. Rusia invade para intentar colonizar a Ucrania. Como los EE.UU. invade o agrede a Irán. No hay dos países imperialistas combatiendo entre sí. La política acuerdista de Trump con Putin muestra eso, que no son dos imperialismos al borde de una guerra, sino que buscan un acuerdo para repartirse Ucrania.
Trump pone en evidencia que toma a Ucrania como una moneda de cambio entre los imperialismos y que está dispuesto a entregar buena parte del territorio ucraniano a Rusia a cambio que esta no obstruyera sus numerosas operaciones de agresión yanquis en otras zonas. De ahí la abstención de Putin al plan de Trump para Gaza o la inacción ante el ataque de EE.UU. a su aliada Venezuela, y al secuestro de su presidente Maduro. Trump ya impuso a Ucrania la entrega de parte de los recursos en tierras raras como pago por el material militar entregado.
Desde ya que hay diferencias y choques inter imperialistas entre las distintas potencias de la Unión Europea (UE) y Rusia. Pero también existen entre los EE.UU. y la UE, al punto que Trump hasta intentó quedarse con Groenlandia, que pertenece a Dinamarca.
Muchos dicen “pero detrás de Zelensky está la OTAN apoyando la derrota militar de Putin”. Pero esto no es real. Como lo venimos señalando desde la invasión del 2022, ni EE.UU. ni la UE ni la OTAN querían la derrota militar de Putin, sino buscar una negociación para repartirse Ucrania. Por eso nunca le dieron a Ucrania la cantidad de armamento moderno que necesitaba.
Los países europeos y EE.UU. tardaron, por ejemplo, más de un año y medio para enviar unos pocos tanques a Ucrania y muchos eran modelos obsoletos. Alemania, por ejemplo, envió unos cien, modelo Leopard 1A5 que “es tan antiguo que los instructores alemanes tuvieron que recurrir a soldados de los ejércitos holandés y danés -donde el modelo se utilizó durante más tiempo- y a antiguos tanquistas alemanes que se formaron en las décadas de 1980 y 1990” (Clarin, Argentina, 31/08/2023)
El punto fuerte de Ucrania, en su industria militar, es la producción de drones que, desde hace un año, hacen estragos en territorio ruso, Pero eso ha sido por el prodigio y la capacidad de las y los técnicos, científicos y trabajadores ucranianos.
Pero la gran debilidad militar de Ucrania es la falta de defensas antiaéreas que puedan parar los modernos misiles rusos que entran diariamente en Kiev y otras ciudades.
Los que los pueden parar son los interceptores Patriot de fabricación norteamericana. Pero ya hace tiempo que Ucrania se quedó sin esos interceptores y no se los reponen. Esta es la realidad que muchos desconocen. “Un lanzador Patriot descansa en medio de un campo de maíz, con sus tubos vacíos. Hace semanas que no dispara. No porque el sistema no funcione, sino porque Kiev se está quedando sin interceptores.” (El Nacional, Barcelona, 18/8/2026). Trump anunció en setiembre la “posibilidad” de dar la licencia de los Patriot para que los produzca Ucrania, pero eso puede demorar años ya que requieren de instalar una cadena industrial compleja y tecnología altamente especializada.
Creemos que es equivocado definir que son dos bandos igualmente malos. Los socialistas revolucionarios de la UIT-CI, no estamos ni con la OTAN ni le damos apoyo al gobierno burgués de Zelensky. Apoyamos la resistencia del pueblo ucraniano que hace más de cuatro años enfrenta una invasión a su territorio por el imperialismo ruso. De la misma manera que apoyamos a Irán contra la agresión de Trump. Pero no por eso apoyamos al régimen dictatorial de los Ayatollah.
Siguiendo a los maestros del marxismo definimos que en esta guerra hay una causa justa de una nación oprimida contra una potencia invasora, el imperialismo ruso, que se quieren quedar con una gran parte del territorio ucraniano.
Esta no es la primera vez que hay una guerra justa con dirección contrarrevolucionaria. En 1937 Trotsky apoyó a China semicolonial y capitalista en su guerra contra Japón, el invasor imperialista, a pesar que gobernaba Chiang Kai-Shek, un dictador fascista asesino que había masacrado a miles de obreros y campesinos en las insurrecciones y revueltas de los años veinte. China recibía armas de la Alemania de Hitler, luego del imperialismo norteamericano, y más tarde de la URSS. Nosotros seguimos esas enseñanzas. Y si no lo hiciéramos habría que decir que Trotsky se equivocó.
De la misma manera que en 1982, con Nahuel Moreno y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) apoyamos a Argentina en la guerra de Malvinas contra Gran Bretaña: una guerra que encabezaba una dictadura genocida. La consigna de lucha de entonces hoy sigue presente “Las Malvinas son argentinas”.

































