Por Prensa UIT-CI
24/6/2026. Compartimos el Programa de Acción Política para Siria publicado por el “Movimiento por la Libertad y la Dignidad”, un nuevo agrupamiento que busca actuar en la realidad política de ese país. Luego del triunfo que significó la caída de la dictadura de Al Assad y la política proimperialista del gobierno de transición en manos de Sahara, la lucha por conquistar las demandas de la Revolución como la libertad y la dignidad del pueblo trabajador sirio, siguen siendo tareas pendientes.
Este nuevo movimiento, que desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) apoyamos, impulsa la unidad de las y los revolucionarios en Siria y Medio Oriente para luchar por la aplicación de un programa económico de emergencia para garantizar las urgentes necesidades de la clase trabajadora siria y cada uno de los derechos democráticos de los pueblos y las mujeres en la perspectiva de la pelea por imponer un gobierno de las y los trabajadores que recupere la lucha por una Siria Socialista basada en la democracia obrera y el internacionalismo.
Movimiento por la Libertad y la Dignidad de Siria
El 8 de diciembre de 2024, la sangrienta dictadura de Assad, que duró 54 años, llegó finalmente a su fin. Esta fecha constituye un nuevo hito tanto para Siria como para toda la región. Consideramos este hito como una continuación del proceso de las revoluciones del Norte de África y Medio Oriente, iniciado en 2010, que afectó a toda la región y que también desencadenó la Revolución Siria. La movilización revolucionaria de los pueblos de Siria, que comenzó en marzo de 2011 con las demandas de “libertad y dignidad” y con el lema “El pueblo quiere la caída del régimen”, fue ahogada en sangre por el régimen de Assad y sus aliados, como Rusia, Irán y Hezbolá.
La incapacidad de Rusia, Irán y Hezbolá para seguir respaldando al régimen con la misma fuerza de antes dejó al descubierto que el régimen de Assad era en realidad un tigre de papel. El colapso repentino de un régimen que había sido mantenido con respiración artificial durante años, tras apenas una semana y media de enfrentamientos militares, es una prueba de esta realidad. Por lo tanto, consideramos la caída del régimen de Assad como una victoria importante tanto para el pueblo sirio como para los pueblos de la región.
Con la caída del régimen comenzó un nuevo período político lleno de oportunidades y peligros. La liberación de cientos de miles de presos políticos, el cierre de las cárceles que funcionaban como centros de tortura y masacres, el inicio del ejercicio de las libertades de expresión y organización por parte del pueblo sirio, y la apertura del terreno político para el regreso de la oposición siria y del pueblo, deben ser considerados como conquistas de una lucha larga y difícil contra el régimen. Asimismo, el hecho de que los aparatos del Estado burgués derrumbados aún no hayan sido completamente reconstruidos otorga al gobierno provisional un carácter débil y crea un espacio abierto a la intervención política.
El peligro más importante del nuevo período es que, tras la caída del régimen, el poder haya sido asumido por un gobierno provisional que no representa las demandas de la revolución. La prioridad del gobierno provisional encabezado por Ahmed Shara es garantizar la reconstrucción del Estado capitalista que fue garante de la represión y la explotación, y asegurar una dominación permanente en la gestión de este Estado. En este marco, busca construir su propio gobierno autoritario mediante un falso proceso de “diálogo nacional” y una farsa electoral, impulsando un “proceso de transición” que excluye a otros partidos políticos del país y que no reconoce la diversidad nacional y religiosa. En esta línea, intenta consolidar su poder de facto utilizando las divisiones sectarias y nacionales heredadas del antiguo régimen y, sin basarse en un apoyo popular legítimo, apoyándose en la fuerza de las armas bajo su control y obteniendo el respaldo de países extranjeros.
Por esta razón, afirmamos que no debe depositarse ninguna confianza en el gobierno provisional para la realización de las demandas de “libertad y dignidad” por las que nuestros pueblos han pagado costos extremadamente altos. Estas demandas solo pueden hacerse realidad mediante la movilización y la lucha política de los pueblos trabajadores de Siria, y solo pueden convertirse en conquistas permanentes y definitivas bajo el poder de un gobierno de trabajadores y del pueblo.
Una movilización social de este tipo requiere que los pueblos trabajadores de Siria se conviertan en sujetos activos de la arena política, movilizándose por sus propias demandas y construyendo sus propios órganos de autoorganización. Para que el futuro de Siria no sea determinado por una minoría autoproclamada, sino por los propios pueblos trabajadores de Siria, los revolucionarios de Siria deben luchar por fortalecer esta movilización y actuar para la construcción de un partido político que represente las demandas actuales e históricas de los trabajadores y de los pueblos oprimidos del país.
En esta dirección, sostenemos que es necesario asegurar la más amplia unidad de los revolucionarios sirios en torno a un programa de acción política basado en las necesidades y demandas urgentes de los trabajadores y de todos los sectores oprimidos y explotados del país. Esta unidad será el primer paso en la construcción del partido revolucionario que representará las verdaderas demandas de la revolución y que encabezará una ruptura definitiva con el sistema de represión y explotación. Invitamos a los revolucionarios y activistas del país a debatir en torno a este programa de acción, a sumarse a nuestro movimiento y a luchar juntos en la construcción del partido revolucionario.
Derechos democráticos y libertades
El gobierno provisional intenta consolidar su poder basando su legitimidad en una autoproclamada “Conferencia de la Victoria” y en un parlamento establecido mediante “elecciones” completamente bajo su control, en las que apenas un total de 6000 personas tienen derecho a voto. En función de este objetivo, intenta construir su propio gobierno autoritario mediante un proceso de elaboración constitucional que excluye a otros partidos y corrientes políticas del país y que no reconoce la diversidad étnica, nacional y religiosa. El futuro político de nuestro pueblo, que derrocó al dictador pagando costos enormes por la demanda de libertad, no puede ser determinado por las preferencias arbitrarias y los límites de tolerancia del gobierno de Shara. Los obstáculos a los derechos democráticos y a la libertad de organización deben ser eliminados de inmediato, y la nueva constitución debe ser determinada mediante la más amplia participación política de los pueblos.
¡Fin a todos los obstáculos a la libertad de organización y de expresión! Los partidos políticos y los sindicatos deben poder constituirse libremente. Todos los derechos culturales y democráticos de todas las minorías nacionales y religiosas deben ser reconocidos de inmediato y garantizados constitucionalmente. ¡A luchar por una asamblea constituyente libre y soberana para garantizar todos los derechos y libertades democráticas!
Justicia transicional, ahora mismo
Las políticas de represión y masacres del régimen de Assad dejaron como herencia una destrucción en la que aproximadamente un millón de personas perdieron la vida, cientos de miles desaparecieron y millones fueron desplazadas de sus hogares. El enjuiciamiento y castigo reales de los responsables de estas políticas criminales, la realización de investigaciones efectivas sobre los desaparecidos y el establecimiento de justicia para todas las víctimas de estas políticas constituyen la demanda más urgente de nuestro pueblo.
Sin embargo, durante el año que ha estado en el poder, el gobierno provisional no ha dado ningún paso serio en esta dirección. Por el contrario, durante su mandato, las masacres ocurridas en marzo en la Costa y en julio en Sueida hicieron aún más urgente la demanda de justicia. Esta incertidumbre absoluta en torno al establecimiento de la “justicia transicional” se ha convertido en uno de los principales factores que desencadenan asesinatos por venganza. Tras la caída del régimen, la mayor proporción de los actos de violencia y asesinatos ha estado compuesta por acciones de “justicia por venganza”.
El principal responsable de este círculo de violencia es el gobierno provisional, que no ha dado ningún paso en favor de la justicia transicional. De hecho, el gobierno incluso ha evitado establecer un sistema judicial activo bajo su propia tutela. Para garantizar que se haga justicia sin demora, deben crearse comisiones de investigación independientes del gobierno, integradas por personalidades respetadas, en particular juristas y activistas de derechos humanos, y dotadas de poder sancionador. Mediante investigaciones efectivas y rápidas llevadas a cabo por estas comisiones y por jurados populares, los criminales de guerra deben ser castigados, los desaparecidos deben ser encontrados y debe iniciarse un proceso para garantizar los derechos de indemnización material y moral de quienes han sufrido daños.
Debe reconocerse incondicionalmente la diversidad nacional y religiosa del país
A lo largo de su historia, Siria ha sido un país que ha albergado a muy diversas culturas y comunidades religiosas y nacionales. La tarea principal de cualquier corriente política que aspire a gobernar el país debe ser reconocer esta diversidad. Sin embargo, todos los gobiernos que han gobernado Siria hasta hoy han intentado consolidar su poder fomentando las diferencias sectarias y nacionales y enfrentando a los pueblos entre sí.
Esta política, llevada a su extremo durante la dictadura de Assad, ahora es retomada por el gobierno provisional bajo una forma diferente. Intenta crear la ilusión de que la comunidad árabe suní depende de él, presentando a las minorías religiosas y nacionales del país como un elemento de amenaza. Esta estrategia política no es más que un intento de consolidar regímenes autoritarios haciendo que los pueblos trabajadores se enfrenten entre sí.
La lucha contra esta estrategia es hoy uno de los ejes fundamentales de la política siria. En esta dirección, la estructura multinacional y pluriidentitaria del país debe ser reconocida de inmediato, las políticas discriminatorias y sectarias que excluyen las diferencias deben terminar y ser consideradas un delito. Todos los derechos democráticos del pueblo kurdo, incluido el derecho a determinar libremente su estatus político, deben ser reconocidos. Esto debe realizarse no mediante la integración de las antiguas direcciones de las Fuerzas Democráticas Sirias en el gobierno de transición, sino sobre la base del reconocimiento directo de los derechos del pueblo kurdo.
Además, debe reconocerse el derecho del pueblo de Suwayda a la descentralización administrativa; esto constituirá un primer paso para que la población de la región recupere sus procesos de toma de decisiones de manera independiente de cualquier proyecto externo, y garantizará sus derechos democráticos y políticos.
Reconstrucción económica
El régimen de Assad dejó como herencia para Siria, no solo una destrucción humanitaria, sino también una devastación económica masiva. El alto costo de la vida, el desempleo y los salarios de miseria han hecho imposible incluso satisfacer las necesidades más básicas del pueblo. La lucha contra este desastre económico, junto con el establecimiento de los derechos democráticos, es el eje más fundamental del nuevo período en Siria y, como se expresa en el lema de “libertad y dignidad”, ambos están inseparablemente ligados.
El gobierno provisional promete una recuperación económica con el papel de socio “moderado” y “confiable” que intenta desempeñar frente a las monarquías y dictaduras regionales, los Estados imperialistas, el sionismo y los patrones locales. Con esta política, se apunta al levantamiento de las sanciones económicas, a la entrada de capital extranjero en el país y a la generación de recursos mediante privatizaciones. Sin embargo, además de ser una ilusión, esta política tampoco ha producido en la práctica ningún cambio concreto.
Si esta política, que ha quedado limitada al papel y a reuniones de buenos deseos, llegara a implementarse, Siria se convertiría esta vez en una semicolonia del imperialismo occidental y de los países de la región. Mientras las riquezas del país serían saqueadas por el capital local e internacional, los trabajadores del país quedarían condenados a salarios de miseria, y no se produciría una mejora significativa en las condiciones de vida del pueblo trabajador sumido en una pobreza profunda.
Sin embargo, las necesidades urgentes del pueblo sirio, que ha pagado costos enormes por las demandas de “libertad y dignidad”, requieren un programa económico muy diferente. Este programa debe partir no de los equilibrios de poder internacionales, de las imposiciones del imperialismo o de las demandas de los sectores oligárquicos que han saqueado la riqueza del país hasta hoy, sino de las necesidades urgentes del pueblo trabajador. Quienes no consideran esta política “realista” y la califican de “aventurera” no toman como referencia la cruel realidad en la que vive el pueblo trabajador, sino la “realidad” impuesta por el imperialismo y el capital.
Rechazamos esta imposición y defendemos que las riquezas del país deben ser movilizadas de inmediato para satisfacer las necesidades urgentes del pueblo trabajador. Para ello, todos los activos internos de la oligarquía de Assad deben ser nacionalizados sin indemnización, y la riqueza que sacaron del país debe ser repatriada. Las deudas con Irán y Rusia, principales responsables de la destrucción del país, deben ser canceladas, y los activos de las empresas vinculadas a estos países deben ser confiscados. Las deudas públicas de las que es responsable el régimen de Assad deben ser repudiadas. La fuente principal de los impuestos no deben ser los trabajadores y el pueblo pobre, sino los ricos mediante impuestos a la riqueza. Los recursos obtenidos de esta manera deben utilizarse, sobre la base de una planificación central y democrática, para satisfacer las necesidades más urgentes del pueblo, como vivienda, alimentación, transporte, salud y educación. Una de las prioridades más importantes de esta planificación debe ser el apoyo a los campesinos pobres y la rehabilitación de la agricultura sobre la base de las necesidades del pueblo. Debe distribuirse tierra a los campesinos sin tierra y pobres, las tierras agrícolas estatales deben ser explotadas bajo el control y la gestión de la población local, y las grandes explotaciones capitalistas deben ser nacionalizadas bajo control obrero. Debe declararse una movilización urgente para resolver el problema de vivienda de los ciudadanos desplazados y cuyas casas han sido destruidas, y debe crearse un programa público. Para que esta movilización económica se lleve a cabo de manera efectiva y rápida, el sistema bancario y financiero debe ser público y formar parte del plan económico central. Los recursos de petróleo y gas natural deben ser cien por cien públicos y explotados no con fines de lucro, sino de manera que beneficien a todos los pueblos del país. Los salarios deben elevarse de inmediato a un nivel que permita una vida digna.
Lucha contra el imperialismo y el sionismo
El régimen de Assad, utilizando una falsa retórica antiimperialista, convirtió en la práctica al país en una semicolonia de Rusia e Irán. Nunca tuvo un enfrentamiento serio con el imperialismo estadounidense y occidental. Apoyó la ocupación de Irak por parte de Estados Unidos. Y, lo más importante, entregó el Golán al Estado sionista, que es el puesto de avanzada del imperialismo en la región, y asumió el papel de guardián de la frontera norte de Israel.
El gobierno provisional, por su parte, hasta ahora solo ha producido excusas en lo que respecta a la recuperación de la soberanía nacional y la retirada de las fuerzas militares extranjeras del país. Utilizando como pretexto el cansancio del pueblo por la guerra y la debilidad militar, guardó silencio ante la ampliación de la ocupación sionista en el sur, no adoptó una posición contra el control militar de Turquía en el norte, contra la presencia y las operaciones militares de Estados Unidos, ni contra la continuidad de la presencia de Rusia en sus bases militares en la región costera.
Subrayamos que la debilidad del país frente a las potencias intervencionistas externas no es una cuestión militar o técnica, sino política. La política exterior es la continuación ininterrumpida de la política interior. Un gobierno que intenta gobernar el país mediante divisiones sectarias y nacionales, y que no se basa en la legitimidad de amplios sectores del pueblo, jamás puede defender al país frente a las potencias intervencionistas externas. Por lo tanto, un gobierno nacional que no pueda reconciliarse con el pueblo de Sueida ni con los kurdos, y que no pueda obtener su apoyo, tampoco podrá alzar la voz contra las ocupaciones en curso en el país. En consecuencia, el problema frente a las ocupaciones militares no es el cansancio del pueblo sirio por la guerra ni su desventaja tecnológica, sino las políticas antidemocráticas y sectarias del gobierno provisional.
No consideramos válida ninguna excusa política de capitulación en relación con las ocupaciones militares en el país y la recuperación de la soberanía nacional. Todas las fuerzas militares deben abandonar el país de inmediato e incondicionalmente, y todas las bases militares extranjeras deben ser cerradas.
Mientras el Estado sionista genocida continúe existiendo, no será posible la paz y la tranquilidad para los pueblos de la región. No será jamás posible coexistir en paz con el Estado ocupante, establecido como proyecto colonial del imperialismo para someter a los pueblos trabajadores de la región. El Estado genocida debe retirarse de los territorios que ocupa, incluidos los Altos del Golán. Estamos incondicionalmente del lado del heroico pueblo palestino que resiste contra el genocidio. ¡Que caiga el Estado sionista de Israel! ¡Palestina libre del río al mar!
Derechos de las mujeres y lucha por la igualdad de género
El reconocimiento y la aplicación de la igualdad de género y de los derechos de las mujeres en todos los ámbitos de la vida constituyen uno de los ejes de lucha más fundamentales del período en el que nos encontramos. Rechazamos el sistema patriarcal que no ve a la mujer como un individuo igual, sino únicamente como un miembro de la familia. Las leyes y prácticas discriminatorias heredadas del régimen de Assad deben ser abolidas, y deben tomarse las medidas necesarias para que las mujeres puedan participar libremente en todos los ámbitos de la vida social.
En este contexto, en primer lugar, el derecho civil debe ser modificado para garantizar la plena igualdad para las mujeres. Debe reconocerse el derecho de la madre a transmitir su ciudadanía a sus hijos sin ninguna restricción. Para garantizar una representación real de las mujeres en la vida política y administrativa, deben adoptarse medidas concretas como las cuotas de género.
Debe combatirse la violencia intrafamiliar, la violencia basada en el género y todas las formas patriarcales que impiden la liberación de las mujeres y su participación en la sociedad. Debe establecerse una comisión de investigación independiente con facultades ejecutivas efectivas para dar seguimiento a los casos de secuestro de mujeres y garantizar que todos los responsables rindan cuentas de manera definitiva. Las leyes necesarias contra la violencia y el acoso deben elaborarse con la participación de las mujeres, y deben crearse mecanismos de denuncia y apoyo para las mujeres.
Para garantizar la justicia social, debe asegurarse la plena igualdad en salarios y derechos en los lugares de trabajo en los sectores industrial y agrícola, y deben ofrecerse condiciones justas y oportunidades iguales para mujeres y hombres en la vida laboral.
Por la construcción del partido revolucionario y por un gobierno de trabajadores y del pueblo
Se intenta encerrar la política siria en una dicotomía entre el antiguo régimen y el gobierno provisional. Esta dicotomía es una ilusión, la política siria tiene una dimensión mucho más amplia. Rechazando esta falsa dicotomía, sostenemos que, para la realización de las demandas de “libertad y dignidad” de la revolución, es necesario construir una alternativa política independiente del gobierno de Shara y de los capitalistas. Debe actuarse con el objetivo de un gobierno de trabajadores y del pueblo, mediante la construcción de un partido que represente de manera inseparable las aspiraciones económicas y democráticas del pueblo trabajador.
El régimen de Assad, además de su supuesta retórica antiimperialista, intentó legitimar su dictadura enemiga de los trabajadores utilizando una máscara de izquierda y socialista. Los partidos de izquierda que apoyaron a este régimen, de manera condicional o incondicional, empezando por el Partido Comunista Sirio, reforzaron esta ilusión y traicionaron al socialismo. El capitalismo mafioso del régimen de Assad no tiene la más mínima relación con el socialismo ni con la izquierda. El socialismo es el nombre de una sociedad sin clases, sin fronteras y sin explotación, en la que se ha abolido la explotación del trabajo asalariado. Es un proceso que se alcanzará rompiendo con el sistema de represión y explotación, basándose en los órganos de autogobierno de la clase trabajadora y del pueblo trabajador, y mediante la instauración de gobiernos de trabajadores y del pueblo. Rechazamos la degeneración del socialismo y de la izquierda por parte del régimen de Assad y sus apoyos, que reducen el socialismo a una dictadura de capitalismo de Estado, y subrayamos que la forma auténtica del socialismo se basa en la democracia obrera y el internacionalismo.
Movimiento por la Libertad y la Dignidad
Junio de 2026
































