Editorial de Lucha Internacionalista, sección de la UIT-CI en el Estado Español
17/06/2026. Tras el acuerdo firmado por EE.UU. e Irán, todas aquellas apocalípticas amenazas de Trump a Irán resuenan como debilidad. El acuerdo es una derrota en todos aquellos objetivos que había proclamado Trump. Incluye no sólo el reconocimiento del régimen de la república islámica por parte de EE.UU., permite la exportación de petróleo iraní con exenciones del Tesoro y la recuperación de cuentas bloqueadas. También a modo de compensación, inversiones por unos 300.000 millones dólares. Se incluye el cese inmediato de los ataques en Líbano. A cambio, Irán y EE.UU. se comprometen a reabrir el estrecho de Ormuz y a seguir negociando para alcanzar un acuerdo general.
El fracaso estrepitoso de Trump lo recogen todos los analistas, a la vez que la ira que ha provocado en Israel, contra Netanyahu y contra el propio Trump. La guerra asimétrica en la que EE.UU. e Israel bombardearon numerosos objetivos militares y civiles casi sin oposición, fue contrarrestada por los misiles y drones iraníes no sólo con objetivos a Israel sino también hacia todos los estados del Golfo en el que EE.UU. tenía bases. Y, más que la amenaza nuclear el cierre de Ormuz y sus efectos económicos mundiales, sirvieron para equilibrar la balanza y lograr el empantanamiento imperialista. Ninguno de los objetivos que se fijó Trump fueron conseguidos, del mismo modo que tampoco consiguió los suyos Netanyahu, ni en Gaza ni en Líbano.
Estos son los límites del imperialismo, que demuestran que a pesar de su enorme poder, no es invencible. El síndrome Vietnam, Afganistán, Irak sigue pesando como una losa sobre la capacidad del imperialismo, si los pueblos resisten, de imponer armas en mano su dictado.
El principal damnificado del acuerdo es Netanyahu y el régimen sionista. Ya ha dicho que no retirará las tropas que siguen ocupando Líbano. En las primeras horas de anunciado el alto el fuego Israel ha seguido bombardeando Líbano, cuestionando el acuerdo que tiene que firmar este viernes. Las declaraciones de Trump sobre Netanyahu han subido de tono. Mientras en Israel, el enfrentamiento contra el primer ministro crece tanto en el seno del gobierno como de la oposición. Las declaraciones de gobiernos europeos también critican la ocupación y masacres en Líbano y en Cisjordania. Vuelve a crecer el aislamiento internacional del régimen sionista que, con el falso plan de paz para Gaza había conseguido apaciguar.
Hay que intensificar la solidaridad con la resistencia del pueblo palestino y libanés, como se volvió a intentar con la flotilla. Es posible derrotar los planes sionistas, no hay que aflojar ni un instante. Tenemos que avanzar nuevas iniciativas con la misma línea de denuncia de la complicidad occidental con el genocidio sionista y la exigencia de ruptura completa de relaciones militares, políticas, comerciales, académicas, culturales, deportivas. Y a la vez, seguir manteniendo la solidaridad a través de la campaña con la Unión de comités Obreros Independientes, que ya lleva 25 entregas.
La intervención imperialista ha reforzado el régimen criminal de los ayatolah. Aprovechando los tambores de guerra se aceleraron las ejecuciones de activistas, muchas de ellos en prisión desde el levantamiento mujer, vida y libertad, también de las enormes movilizaciones de hace unos meses. Un sector del pueblo iraní y de activistas creyeron ver en el ataque y las proclamas imperialistas una forma para la liberación del odiado régimen, y que los bombardeos en que cayeron cientos de civiles podían ser un mal menor. No entendían que pusiéramos como primer punto la lucha contra la agresión imperialista-sionista. Parecía que o estabas con el régimen o con el imperialismo, pero esa era la falsa disyuntiva de la situación. Se podía estar contra la agresión imperialista, sin dejar de denunciar el régimen, porque la agresión alimentaba el régimen. Esta es la dialéctica real de la lucha de clases.
La derrota del imperialismo, como ha ocurrido, permite profundizar la crisis de su principal instrumento en la región: el estado de Israel. Y esta crisis favorece la resistencia palestina y libanesa. Es por ello y por la nueva correlación de fuerzas que genera, que el reforzamiento del régimen teocrática de los ayatolah es sólo temporal. Y la solidaridad internacionalista, especialmente entre los pueblos de Oriente Medio va a ser de nuevo importante.
Lo mismo ocurre en Venezuela. Un sector de la clase obrera de venezolanos/as y de la emigración, ante la gran pobreza en sus salarios y la represión aplaudieron equivocadamente la intervención de Trump contra Maduro, y esperaban que –fuera como fuera- llevara a una mejora de salarios, bajaran los precios y algo de libertad. Pero unos meses después todo está peor, la alianza entre el chavismo con Delcy Rodríguez y los EE.UU. que permite el saqueo del país (minas, hidrocarburos…) por las multinacionales y no la mejora de los y las venezolanas. Por eso, porque el principal enemigo del capitalismo no son los gobiernos sino los pueblos Trump ha impuesto un bloqueo sobre Cuba que golpea salvajemente la población trabajadora.
Una vez más en la historia se confirma: de las armas del imperialismo nunca ha surgido ni la libertad de los pueblos ni una mejora para los y las trabajadoras. Todo nuestro apoyo a lucha de la clase obrera y los pueblos contra los imperialismos y los gobiernos reaccionarios.


































