Por MST, sección de la UIT-CI en Chile
17/10/2026. Con el ultraderechista Kast en la Moneda, se vuelve más importante que nunca sacar las lecciones correctas de aquella rebelión. La necesidad de enfrentar los planes de miseria del gobierno, movilizados en las calles, nos obliga a no repetir los errores que nos llevaron a la derrota en esas heroicas jornadas.
El gobierno de Boric, que llegó al poder reivindicando las demandas del estallido, terminó presentando como uno de sus grandes logros haber devuelto Chile a la «normalidad». ¿Pero qué normalidad? La de las pensiones miserables, la crisis de vivienda, la salud pública colapsada, la educación convertida en negocio, los bajos salarios, la destrucción medioambiental y las enormes ganancias de los grandes empresarios. La misma normalidad contra la que millones salieron a luchar en octubre de 2019. Lejos de resolver las causas de aquella rebelión, su gobierno contribuyó a recomponer la estabilidad del régimen que la provocó, favoreciendo el avance de la ultraderecha.
Por su parte, Kast y la derecha han intentado reducir aquella rebelión a un supuesto «estallido delictual», aprovechando el temor de la población frente a la delincuencia para desacreditar las movilizaciones que pusieron contra las cuerdas al gobierno de Piñera y abrieron una profunda crisis del régimen político. Pero esta campaña no apunta solamente al pasado: también busca desacreditar las futuras luchas de los trabajadores y el pueblo, mientras el gobierno impulsa recortes sociales, beneficios para los grandes capitales y mayores herramientas represivas.
Sin embargo, pese a las campañas de deslegitimación del estallido social por parte del gobierno y la oposición, el pueblo empieza a luchar. La desigualdad social, el deterioro de las condiciones de vida y la rabia acumulada siguen presentes. Las protestas comienzan a surgir y el apoyo es cada vez más masivo. Nuevamente: estudiantes, mujeres, disidencias y trabajadores salen a movilizarse, expresando lo mismo que sucede en distintas partes del mundo con importantes procesos de lucha. Al igual que el 2019.
Por eso reivindicamos el 18 de octubre, una rebelión que expresó décadas de descontento y demostró la enorme fuerza de millones de trabajadores y sectores populares movilizados. Pero también debemos comprender por qué no triunfó. Su masividad logró enfrentar la represión y poner contra las cuerdas al gobierno de Piñera, pero la ausencia de una dirección revolucionaria capaz de disputar el rumbo de la lucha fue su principal debilidad. Las asambleas territoriales no lograron centralizarse nacionalmente y el movimiento obrero organizado no asumió un papel dirigente. Esto fue decisivo para que el régimen político, mediante el Acuerdo por la Paz, lograra desviar las movilizaciones hacia una salida constitucional pactada con el gran empresariado dueño de Chile, arena en que los capitalistas agrupados en el RECHAZO pudieron llevar a cabo sus artimañas para derrotar el proceso de luchas.
Esta es la principal lección que debemos sacar para enfrentar los ataques de Kast. Necesitamos retomar las calles con movilizaciones, unitarias y sostenidas, superando los límites de la oposición parlamentaria y las direcciones burocráticas. Pero la masividad por sí sola no garantiza el triunfo: debemos construir organismos democráticos desde las bases que unifiquen las luchas, y fortalecer una dirección revolucionaria capaz de disputar su conducción, con un programa anticapitalista y socialista. No se trata simplemente de repetir octubre, sino de superar sus límites para que las próximas luchas puedan triunfar.

































