Por Patrick König. 10/10/26
Profundicemos la movilización hasta derrotar al gobierno de Merz y su plan de recortes
A veces en política nos da la impresión de que el tiempo se detiene y nada o casi nada se mueve. Pero hay otros momentos en que los acontecimientos políticos se empiezan a suceder rápidamente. Esto es lo que está empezando a pasar en Alemania. Todo hace pensar que el descontento que generan las medidas del gobierno de Friedrich Merz, los tambores de guerra que suenan en Europa, la sensación de un futuro más que incierto y de que el Estado de Bienestar va a ser desmantelado están generando que la pasividad o del simple debate pasen a tener manifestaciones concretas que se expresan de distintas maneras. A veces electoralmente, a veces con manifestaciones sectoriales, como las de los estudiantes y las del sector automotriz o las manifestaciones convocadas por la DGB (Federación alemana de Sindicatos) el pasado 26 de septiembre, de la que participaron un número importante de organizaciones sindicales, políticas y sociales para protestar contra los recortes, el plan de despidos en la industria, el armamentismo, el genocidio en Palestina y para exigir un reparto justo de la riqueza.
Este cambio en el estado de ánimo de un sector importante de la población trabajadora y juvenil nos plantea la necesidad de hacernos algunas preguntas e intentar responderlas. Por ejemplo; ¿hay realmente un cambio en el proceso de resistencia y movilización al gobierno? ¿Por qué se da este cambio? ¿Cómo se expresa esta nueva situación? A lo largo del artículo intentaremos dar algunos elementos que sirvan para comenzar a abordar estas cuestiones.
La situación internacional y en la Unión Europea (UE)
La profunda crisis que está atravesando el sistema capitalista es un factor fundamental que socaba las bases del llamado “Estado de Bienestar” y de la estabilidad que durante décadas hubo en el país. En ese marco, Alemania se ve obligada a buscar las mejores condiciones posibles para participar de la disputa inter imperialista por el reparto de la torta mundial. Esta disputa en el terreno internacional la obliga a “reorganizar” en el terreno nacional a su economía, para lo que elige herramientas como los planes de recortes sociales, el endeudamiento y la apuesta a la guerra como forma de salvar a la industria. También “disciplinar” y aumentar la tasa de explotación de su propia clase obrera es una tarea de primer orden. Para eso, el gobierno de Merz y el sector empresario impulsan planes de recortes y cierres de plantas como en VW, Mercedes Benz, Audi, BMW, ZF, Bosch, Varta y un largo etc.
En el terreno de la movilización y las luchas, los hechos que se están sucediendo en países como Francia, con las protestas estudiantiles contra el deterioro de la educación pública, o España, con las acampadas por la vivienda, la reciente convocatoria anticipada a elecciones y a una próxima Huelga General el 11 de noviembre por los principales centrales sindicales, son factores que empujan y animan al activismo potenciando la movilización. Todo hace pensar que vamos a un otoño caliente en varios países de la UE y Alemania no es ajena a ese proceso europeo.
De lo que se trata entonces es de intentar interpretar los nuevos fenómenos que se van sucediendo, tanto en el terreno electoral como en el de las movilizaciones para así poder ver para dónde va la lucha de clases en Alemania y como nos preparamos para intervenir, desarrollar y profundizar esta situación y lograr que avance en el sentido de una salida de clase, obrera y socialista. Vayamos por partes.
Las elecciones regionales
Los resultados de las últimas 3 elecciones regionales (Sajonia Anhalt, Berlín y Mecklenburgo-Pomerania Occidental) han sido muy comentadas no sólo en Alemania sino a nivel mundial. Mas allá de los porcentajes y siempre teniendo en cuenta que los fenómenos electorales normalmente reflejan la realidad de manera distorsionada, se pueden sacar algunas conclusiones generales.
La primera, aunque quizás no fue la más comentada, es que en las tres elecciones a la vez que hubo un aumento en la participación electoral hubo una caída muy grande de los dos principales partidos capitalistas, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el SPD (socialdemocracia). Estos partidos y sus alianzas vienen alternándose en el poder desde hace muchos años y son los responsables de la caída del nivel de vida y de la decadencia social del pueblo trabajador y la juventud que no ven perspectivas.
Otro elemento que está claro es que la que más creció es la ultraderecha. Lamentablemente en las elecciones, se produjo un voto castigo equivocado de millones hacia la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD). Con falsas promesas y mucho populismo, AfD se apoya en el descreimiento en los viejos partidos capitalistas para aparecer como “alternativa”. Nosotros sabemos que si llegaran al poder van a profundizar el ajuste social y el recorte a las libertades democráticas conquistadas. Así lo demuestran las experiencias de Viktor Orban en Hungría, Donald Trump en EE.UU. o Javier Milei en Argentina, entre otros. Son los mismos que avalan a Benjamin Netanyahu y el genocidio palestino, las guerras y agresiones a los pueblos. Pero esto que está claro para la izquierda, no lo está para un gran número de votantes que tendrán que hacer su experiencia. En estos días, AfD logró formar gobierno en Sajonia Anhalt. Si bien la votación fue secreta, es un grito a viva voz que contó con votos de la CDU y de BSW, el partido de la ex izquierdista Sahra Wagenknecht. El AfD tiene ahora la obligación de pasar del discurso populista a poner en práctica su plan de gobierno. ¿Logrará reafirmar y aumentar a su electorado o después de un tiempo comenzará un sector de su base a sentirse nuevamente defraudado? A este fenómeno tendrá que prestarle mucha atención la izquierda revolucionaria y presentarse como alternativa.
En tercer lugar, podemos afirmar que no todo es el avance de la extrema derecha, sino que también hay millones que buscan una alternativa hacia la izquierda. Esto es lo que expresa el triunfo electoral de Die Linke en Berlín y su crecimiento en la afiliación y participación en las movilizaciones.
Por último, podemos constatar que si bien sería precipitado afirmar hoy que estamos ante el fin del bipartidismo que gobernó Alemania desde la postguerra hasta nuestros días, si podemos decir que estos resultados fueron un duro golpe a la coalición de gobierno y en especial a la figura de Merz -la crisis de legitimidad es tal que muchos hablan de un gobierno muerto que tendrá que convocar a nuevas elecciones a corto plazo- y que cada vez se les hace más difícil a estos partidos patronales conseguir gobiernos estables con mayoría parlamentaria absoluta y un claro apoyo social.
Las movilizaciones y el convenio metalúrgico
Cómo comentábamos al comienzo del artículo y en otros que hemos publicado en los meses pasados en esta web, se viene dando un aumento en el número de manifestaciones y acciones callejeras como las que fueron protagonizadas por el sector automotriz, los estudiantes o las manifestaciones convocadas por la DGB. Aunque es justo y necesario decir que todavía no estamos ante movilizaciones como la situación exige, ni por su número de participantes ni por su contundencia, si podemos afirmar que estamos en una nueva dinámica y que todo indica que no van a disminuir sino por el contrario, tanto el descontento como las movilizaciones van a aumentar. De momento los estudiantes secundarios y los jóvenes son el sector que más se está movilizando y están preparando una nueva jornada europea de lucha para el 20 de noviembre.
Por su parte el sector del automóvil y del metal en general, además de lo concerniente a los planes de ajuste y despidos en el sector, está negociando el nuevo convenio colectivo. De momento no hay ningún acercamiento entre las partes, lo que deja abierta la posibilidad de que la IGMetal se tenga que ver obligada a convocar a una huelga de 24 horas en los primeros días de noviembre. Hay que exigir a IGMetal y a las direcciones sindicales dar continuidad a un plan de lucha, reclamando que las empresas se hagan cargo de su crisis. Son grandes multinacionales que tienen ganancias millonarias en Alemania y en el mundo. Debemos exigir que no se acepten despidos, ni cierres de plantas, ni ningún recorte de las conquistas. Hay que exigir que en lugar de aumentar la semana de 35 a 40 horas se repartan las horas de trabajo, con jornadas de 6 horas con el mismo salario. Toda empresa que cierra debe ser estatizada bajo control de las y los trabajadores. Como en su momento lo hizo la ciudad de Bremen con la antigua Klöckner, la actual ArcelorMittal.
El rol de Die Linke en las luchas y por una nueva alternativa política
Hemos intentado dar algunos elementos y argumentos a lo largo del artículo para explicar y entender la situación. Podemos cuestionarlos o minimizarlos. Se le puedan dar mayor o menor peso en la incidencia que puedan ejercer sobre la realidad. Sabemos que no hay nada unilateral en la lucha de clases y que estamos recién al inicio de una nueva situación. También sería un error hacer caracterizaciones y pronósticos cerrados o triunfalistas. Pero de lo que podemos estar seguros es de que nos vamos a equivocar si pensamos que esto es más de lo mismo, que nada ha cambiado o que porque es verdad que la extrema derecha haya sacado buenos resultados electorales vamos hacia una derrota o al triunfo de una variante fascista. La izquierda revolucionaria, junto a otras organizaciones sociales y junto a los activistas sindicales y juveniles debe intervenir desde ya en este proceso. Tenemos que discutir sobre cómo enfrentar al gobierno y las consecuencias de los recortes, hay que discutir sobre el programa y las formas de organización. Los activistas sindicales deben exigirles a las direcciones que se dejen de pastelear con el gobierno y convoquen planes de lucha. Hay que apoyar las acciones de la juventud por la educación o contra el intento de reestablecer el servicio militar obligatorio, por una vivienda digna y el congelamiento de los alquileres y unir los reclamos juveniles a los reclamos de las y los trabajadores.
Al calor de esta intervención y pelea podremos ir construyendo las nuevas herramientas sindicales y políticas que nos permitan derrotar al gobierno actual de Merz y su plan de recortes.
Die Linke no sólo por su crecimiento electoral, sino porque se ha transformado en referente para muchos/as compañeros/as nuevos que se acercan a la política debe jugar un rol protagónico en esta tarea de apoyar las luchas y unirlas.
Die Linke se tiene que seguir fortaleciendo como la alternativa política de una izquierda independiente de los viejos partidos capitalistas y reformistas tradicionales y desde allí, enfrentar y derrotar el proyecto de la extrema derecha de AfD. Solo desde una izquierda independiente podemos avanzar en la perspectiva de un cambio de fondo que pasará por lograr un gobierno de las y los trabajadores.

































