Por Colectivos Unidos – UNIDAD DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA – UNIR-
6/6/2026. Los voceros de la ultraderecha intentan presentar como una victoria arrolladora el resultado de la primera vuelta presidencial, luego de que Abelardo de la Espriella obtuviera una ventaja de apenas dos puntos porcentuales sobre Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico. Los grandes medios de comunicación afines a los sectores dominantes celebran anticipadamente el supuesto regreso de la derecha al gobierno nacional y dan por descontado el resultado de la segunda vuelta del próximo 21 de junio. Es comprensible su entusiasmo.
Después del Estallido Social de 2021, que puso en evidencia el rechazo popular al gobierno de Iván Duque y al proyecto uribista, y tras la derrota de la derecha en las elecciones de 2022, las élites económicas y políticas buscan presentar la actual coyuntura como una restauración definitiva de su poder. A ello se suman los respaldos recibidos por De la Espriella desde sectores conservadores nacionales e internacionales y el optimismo de quienes celebran eventuales beneficios para inversionistas y grandes corporaciones.
Sin embargo, detrás de esa euforia existe una realidad menos espectacular. El crecimiento electoral de la candidatura de ultraderecha se produjo principalmente absorbiendo la votación de otros sectores de la propia derecha tradicional. Más que una expansión significativa de su base social, lo que ocurrió fue una recomposición interna de ese mismo campo político.
La oligarquía pretende ocultar un hecho fundamental: tanto en las elecciones parlamentarias de marzo como en las presidenciales del pasado 31 de mayo se confirmó la consolidación de un profundo sentimiento anti-uribista y anti-derecha, que viene creciendo desde hace más de una década. No se trata de una reacción pasajera, sino de la expresión de un descontento acumulado frente a la desigualdad, la exclusión social, la concentración de la riqueza y el deterioro de las condiciones de vida de las mayorías. Ese sentimiento recorre los barrios populares, los centros de trabajo, los colegios y universidades, las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, los movimientos de mujeres, la población sexualmente diversa y múltiples expresiones organizativas del pueblo trabajador.
APOYEMOS LA MOVILIZACION JUVENIL Y POPULAR
La mejor demostración de la rebeldía social contra la ultraderecha se produjo inmediatamente después de las elecciones del domingo 31 de mayo. Desde esa misma noche, la juventud estudiantil y los sectores populares comenzaron a tomar la iniciativa política mediante movilizaciones, encuentros y procesos de deliberación surgidos de manera espontánea, autoconvocada y desde abajo. No se trata de una orientación institucional ni de una campaña electoral tradicional, sino de la respuesta de una generación que comprende que están en juego sus derechos, la educación pública, las libertades democráticas y las conquistas sociales.
Esta dinámica ha empezado a extenderse mediante asambleas y discusiones en importantes universidades públicas del país, entre ellas la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad del Valle, la Universidad de Antioquia y la Universidad de Nariño. En estos espacios se debaten iniciativas de movilización, pedagogía política y articulación con sectores más amplios de la población para enfrentar a la ultraderecha. Saludamos con entusiasmo este despertar de la iniciativa popular. Su principal fortaleza radica en su carácter autónomo, democrático y autoconvocado. Son los propios estudiantes, trabajadores, mujeres, habitantes de barrios populares y organizaciones sociales quienes comienzan a asumir la tarea de organizar la resistencia y construir una alternativa de lucha para derrotar a la ultraderecha en las calles y en las urnas.
La perspectiva más importante que se abre no es únicamente la obtención de un resultado favorable el próximo 21 de junio. Lo verdaderamente trascendental es que esta dinámica se extienda a colegios, universidades, centros de trabajo, sindicatos, barrios populares y organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes en todo el país. De consolidarse, estaríamos ante un fenómeno político inédito en la historia reciente de Colombia: una campaña electoral impulsada fundamentalmente por la movilización consciente y organizada de la población, y no por las maquinarias políticas o los medios de comunicación.
Aunque cada voto será decisivo para derrotar a la ultraderecha, la fuerza estratégica de los cambios profundos reside en la organización y movilización de las mayorías populares. Una juventud deliberando en asambleas, organizándose y actuando desde abajo constituye una conquista política mucho más profunda y duradera que cualquier resultado electoral coyuntural. Por ello respaldamos este proceso de autoorganización y auto convocatoria y llamamos a fortalecerlo, coordinarlo y ampliarlo en todo el territorio nacional.
Ese ímpetu de lucha que se abre paso en las calles debe servir también para impulsar la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que desmonte el andamiaje neoliberal que se consolidó al amparo de la Constitución del 91, permitiendo los procesos de privatización de las empresas del estado, de los derechos de la salud, la educación, las pensiones, la implementación de una contrarreforma laboral que liquidó las más importantes conquistas obtenidas por la clase trabajadora, así como la instauración de regímenes políticos y gobiernos antidemocráticos, reaccionarios, profundamente violentos contra la población y sumisos frente a las potencias extranjeras. Esta tarea debe entenderse como una lucha democrática y no como una simple moneda de cambio en coyunturas electorales o para intentar asustar a la oligarquía.
La experiencia de los últimos años demuestra que los avances democráticos y sociales no dependen exclusivamente de los resultados electorales ni de acuerdos con sectores de la vieja clase dirigente. Las transformaciones profundas solo pueden sostenerse sobre la organización independiente y la movilización consciente de las mayorías populares. Por ello, resulta necesario extraer lecciones de las limitaciones que tuvo la estrategia de conciliación con sectores de derecha impulsada por el gobierno de Petro, que privilegió los esfuerzos por instaurar un gobierno de unidad nacional, renunciando a atender las demandas de la población y garantizarlas apoyándose en la movilización populares.
En la actual coyuntura, desde UNIOS ratificamos nuestro apoyo crítico a la candidatura de Iván Cepeda en la segunda vuelta presidencial, al tiempo que nos sumamos y llamamos al conjunto de la clase trabajadora, las fuerzas democráticas y los sectores populares a converger con la amplia movilización que comienza a desarrollarse en el país en defensa de los derechos democráticos y las conquistas populares, en peligro en el caso de que Abelardo de la Espriella gane la presidencia en la segunda vuelta.
La confrontación política de las próximas semanas exige combinar la lucha electoral con la movilización social. Más que concentrar los esfuerzos en denuncias sobre posibles irregularidades electorales, la principal tarea consiste en organizar, convencer y movilizar. La diferencia obtenida por la ultraderecha en la primera vuelta es estrecha y reversible. Nada está definido. El resultado dependerá de la capacidad de organización y lucha de quienes aspiran a una Colombia más justa, democrática e igualitaria.
Por ello, la consigna sigue siendo plenamente vigente: con la juventud estudiantil y el pueblo, en las calles y en las urnas, a derrotar la ultraderecha.
Bogotá, 4 de junio de 2026

































