Por Prensa UIT-CI
29/06/2026. En el marco de un nuevo aniversario de la Revuelta de Stonewall, hecho que marcó las movilizaciones del colectivo de las disidencias sexuales y de géneros en el mundo moderno, compartimos la declaración publicada por Lucha Internacionalista, sección de la UIT-CI en el Estado español.
Este 28J llega en medio de una brutal ofensiva capitalista que demuestra que nuestra opresión no se puede entender aislada de la crisis global: no hay derechos garantizados cuando los gobiernos burgueses y las multinacionales nos arrastran a un escenario de guerra para blindar sus beneficios económicos. Hoy el imperialismo reconfigura el tablero mundial buscando nuevas alianzas mientras intensifica su ataque contra los pueblos. Lo hace Trump recuperando la Doctrina Monroe para convertir a América Latina en su “patio trasero”, negociando con Putin el reparto de Ucrania o apuntando a Gaza como la “Riviera de Oriente Medio”. También lo hacen los imperialismos europeos, que utilizan la excusa de la guerra y la política del miedo para rescatar -con dinero público- la industria metalúrgica. Militarizan las fronteras y aumentan la represión para disciplinar a la clase trabajadora mientras la industria armamentística cosecha beneficios récord. Denunciar los presupuestos de guerra, vengan de gobiernos de derechas o “progresistas”, y defender los servicios públicos también es luchar por los derechos de las disidencias sexuales y de género.
La economía de guerra y las políticas de austeridad no son casuales: son la respuesta desesperada de un sistema en descomposición. Y ante la perspectiva de una mayor profundización de la crisis económica, el gran capital ha de invertir en herramientas que frenen el descontento social. Es ahí donde reaparece la extrema derecha. Las multinacionales destinan millonadas a financiar partidos reaccionarios, mientras sus mass media saturan el debate público con discursos retrógrados que hacen girar el espectro político cada vez más a la derecha. Nos colocan en el punto de mira a personas migradas, a mujeres y a disidencias sexuales y de género para señalarnos a nosotras como culpables de una crisis estructural del capitalismo que no se resuelve ni con recortes ni con reformas. Esta estrategia busca la fragmentación de la unidad de nuestra clase, y no es exclusiva de la derecha. Lo hacen también todas aquellas organizaciones que, autodenominándose progresistas o feministas, compran el argumentario de la ultraderecha más rancia, como la falacia del “borrado de mujeres” o el mito del migrante como enemigo de clase. O las organizaciones que dicen dirigirse a la clase obrera, pero en cuyo imaginario solo existe el obrero cis, blanco y heterosexual. Es una trampa política que invisibiliza a las más precarizadas y que pretende negarnos como sujeto revolucionario para desactivar una respuesta unitaria contra el sistema.
El avance de la ultraderecha a escala mundial se traduce en un retroceso generalizado en materia de derechos de mujeres y disidencias; conquistas que habíamos arrancado a este sistema cisheteropatriarcal ahora están en entredicho o son directamente erradicadas. Lo vimos con la llegada al poder de Trump o Milei, cuyas primeras medidas apuntaban directamente a desmantelar ministerios de igualdad, a eliminar los programas de diversidad y a criminalizar la disidencia. Pero la ofensiva reaccionaria no solo avanza donde gobierna la extrema derecha, también lo hace allí donde la derecha tradicional asume su agenda y la socialdemocracia capitula; es el caso de Portugal, con la reciente aprobación de leyes que obstaculizan la autodeterminación de género, o del Estado español, donde el PSOE vació de contenido una necesaria ley Trans, sumándose al cuestionamiento de las identidades trans y no binarias.
La persecución y la represión hacia el colectivo se recrudecen en todo el planeta. A día de hoy, nuestra existencia sigue siendo “ilegal” en 65 países bajo pena de prisión o incluso muerte. El régimen bonapartista de Putin ha catalogado al activismo LGBTIQ+ como “organización extremista”. En el continente africano se endurecen los decretos contra las disidencias sexuales y de género, muchos de ellos herencia de tiempos coloniales. La legislación “anti-LGBTIQ+” convive con prácticas de tortura avaladas por estados e instituciones religiosas como las “terapias de conversión”, que en muchos países hoy recurren a nombres como “coaching de identidad” para sortear las laxas restricciones legales.
Esta violencia institucional se refleja en las calles con un aumento de agresiones y delitos de odio, pero no se detiene en lo físico: el capitalismo nos empuja sistemáticamente a los márgenes del sistema, condenándonos a la más absoluta precariedad. Se estima que entre el 25% y el 40% de las personas sin hogar en todo el mundo pertenecen al colectivo, muchas de ellas jóvenes expulsadas de sus casas tras salir del armario.
En el estado español, aun con el “gobierno más progresista de la historia”, la realidad material del colectivo va a peor. Según los datos de la FELGTBI+, las agresiones LGBTIQfóbicas se han duplicado en un año, pasando del 6.8% en 2024 al 16.5% en 2025. A esto se le suma una inestabilidad económica estructural: el 11.5% de las personas del colectivo sobreviven con ingresos inferiores a 1000€ al mes (frente al 7% de la población en general), mientras que la tasa de paro de la disidencia escala al 12.2% -33.3% en caso de los hombres trans- frente al 10.4% de la media nacional.
Por todo esto, tenemos que seguir luchando. Es urgente enfrentar ideológicamente los discursos machistas, xenófobos y LGBTIQfóbicos de la derecha y la ultraderecha. Pero es imprescindible denunciar también la hipocresía de los gobiernos socialdemócratas que, mientras levantan la bandera arcoíris, ponen alfombra roja a la reacción con sus reformas laborales antiobreras y sus leyes de extranjería racistas que matan y precarizan a las personas migrantes.
En las últimas décadas el neoliberalismo viene utilizando herramientas como el pinkwashing para intentar desactivar el potencial revolucionario de las disidencias. El capitalismo se ha vestido de rosa para mercantilizar nuestra lucha, despolitizándola y utilizando nuestros derechos y nuestra simbología como mera estrategia de marketing. El PRIDE ha convertido el día por la liberación sexual y de género en un desfile de empresas, en puro consumismo, en una fiesta vacía. Ha transformado el Orgullo en un escaparate neoliberal que esconde la precariedad que atraviesa a las disidencias, donde el desempleo, el acoso, el sinhogarismo o la violencia institucional son el pan de cada día. Sin embargo, con el ascenso global de la ultraderecha, muchas de las multinacionales que teñían sus logos con el arcoíris una vez al año han dejado caer la careta, y hoy no dudan en retirar abiertamente su apoyo al colectivo para proteger sus beneficios.
Nos quisieron hacer creer que nuestra lucha acababa en las instituciones, que el matrimonio igualitario era la última meta y que el Orgullo era solo una fiesta para recordar el pasado. Pero la realidad demuestra lo contrario. Hoy vemos que acabar con la precariedad y la violencia LGBTIQfóbica en el marco de un sistema capitalista y cisheteropatriarcal es imposible. Que todos los derechos conquistados son susceptibles de sernos arrancados cuando el capital lo requiere. Que en un sistema decadente, con crisis cíclicas permanentes, ni nuestros derechos democráticos básicos están asegurados ni nuestras condiciones materiales están cubiertas.
Stonewall marca el camino. Como aquellas mujeres trans y racializadas que en 1969 enfrentaron la brutalidad policial en las calles de Nueva York, hoy toca a nosotras plantar cara a este sistema explotador y opresor. Frente a la farsa del Pinkwashing y la ofensiva reaccionaria, la única salida es la lucha organizada independiente de gobiernos e instituciones. Mujeres, disidencias y el conjunto de la clase trabajadora, tomemos las calles por la liberación sexual y de género, por la libertad de todos los pueblos oprimidos y por el fin de este sistema capitalista y patriarcal.
- Contra la miseria a la que nos condena este sistema, exigimos leyes integrales que avancen hacia la erradicación de las desigualdades sociales y laborales de todas las disidencias sexuales y de género.
- · Contra el machismo y la LGBTIfobia, exigimos políticas de prevención y reparación y recursos para su aplicación. Por la separación real de la Iglesia y el Estado y por una educación, sanidad y servicios sociales 100% públicos y con perspectiva de género.
- · Contra la instrumentación de nuestra lucha; porque nuestros derechos no sirvan para justificar políticas racistas y xenófobas. ¡Por una Palestina libre desde el río hasta el mar!
Lucha Internacionalista
































