Por Javiera Munita, dirigente MST Chile, sección de la UIT-CI.
13 de julio 2026. El triunfo electoral de Kast, con el 58% de los votos en segunda vuelta, conmocionó la política nacional. El progresismo y sectores de centro izquierda interpretaron el masivo giro electoral como apoyo a un programa conservador y ultra neoliberal, incluso hubo quienes hablaron de la venida del fascismo. Desde el MST, sección chilena de la UIT-CI, polemizamos con estas lecturas, y sostuvimos que el de Kast sería un gobierno débil, expresión de una profunda crisis económica y política que los capitalistas no han logrado superar. Hasta hoy la realidad nos está dando la razón, y se abren incipientes movilizaciones que comienzan a demostrar el descontento contra el gobierno y su plan económico pro empresarial, antipopular y represivo.
La debilidad de la ultraderecha chilena.
Kast logró romper récords en sus primeros cien días. En dos semanas las encuestas mostraron que el rechazo a su gestión superó el 50%, y el apoyo retrocedió al treinta y tanto por ciento. ¡En sólo dos semanas perdió el apoyo del voto castigo contra Boric! Es el gobierno que, desde el retorno a la democracia, más rápido perdió el apoyo que recibió en las urnas. No sólo eso, debió sacar a dos ministras en menos de tres meses de administración, batiendo un nuevo récord.
Todas las encuestas muestran una creciente sensación de malestar social. La preocupación por que la situación económica de millones de familias trabajadoras empeore se intensifica. No es un hecho aislado. Ante la pregunta de si Kast cumplirá alguna de sus promesas de campaña, se impone la opción NO. Las expectativas caen como un castillo de naipes.
El gobierno viene publicando preocupantes cifras. Este año el crecimiento del PIB se ubicará bajó el 2%, mostrando una caída en la economía respecto a años anteriores. Lo mismo sucede con los vaticinios hasta 2030 que en el mejor de los casos marcan menos del 3%, muy por debajo de las promesas hechas por Kast. El empleo vive una crisis, con 40 meses sobre marcando sobre 8% de cesantía. Este año marcó 9%, lo que obligó al presidente a dar una sombría conferencia de prensa llamando a las y los trabajadores a “resistir”.
Desde la Moneda (casa de gobierno) responden a la actual situación imponiendo un plan económico que se basa en brutales recortes a derechos sociales-laborales y ayudas del Estado. Al mismo tiempo, impulsan una reforma que reducirá los impuestos a los más ricos, les dará más subsidios estatales a sus negocios, y les permitirá destruir el medio ambiente con total impunidad. El discurso se basa en que “mayor crecimiento económico e inversión resolverán la crisis”, pero todos sus pronósticos para los próximos años muestran que seguiremos sufriendo hasta el 2034, cuando en virtud de algún milagro Chile crecerá como “potencia económica”.
Por si acaso no entendemos las virtudes de su propuesta, Kast avanza en leyes anti movilizaciones y de criminalización de la protesta. Según declara, el “orden social” es parte fundamental de un país que “atraiga como imán las inversiones extranjeras”. En realidad, sabe que el talón de Aquiles de su política es el creciente descontento social contra un gobierno que no soluciona ni uno de los problemas que prometió resolver.
No es sólo un fenómeno en Chile, la ultraderecha mundial choca con la realidad de un mundo que avanza hacia más problemas económicos y polarización política-social, en las que las promesas conservadoras y ultra neoliberales se hacen agua. Lejos del entusiasmo que intenta mostrar, Kast mira con temor la creciente debilidad de sus gobiernos aliados en el mundo.
¿Cómo se puede gobernar con una creciente debilidad?
La clave del triunfo de la ultraderecha chilena no está en un giro masivo de apoyo de su programa, ni del crecimiento de sectores reaccionarios. Al contrario, es la respuesta de voto castigo al progresismo tipo Boric, que gobernó descaradamente para las multinacionales y los empresarios nacionales. Kast surge de un malestar social que no logra capitalizar como apoyo político.
Para gobernar contra el descontento creciente social, Kast usa el apoyo de la oposición progresista que se niegan a convocar a movilizaciones. Lo que prima en estos partidos es la promesa de que si votamos por ellos en cuatro años más terminaremos con el problema. Los mismos partidos que con sus mentiras provocaron la victoria de la ultraderecha, hoy le entregan una descarada tregua para que imponga sus planes.
Surgen incipientes movilizaciones que expresan el descontento.
No podemos dejar de mencionar un aspecto crucial, y es que la confusión en la conciencia de las trabajadoras y los trabajadores que equivocadamente votaron por Kast, también se expresa en la falta de iniciativa para la movilización masiva. Aunque es visible la ruptura con el gobierno, aún no provoca un enfrentamiento abierto con el mismo.
De todos modos, movilizaciones se vienen dando, aún contra el control de la falsa oposición parlamentaria. Las organizaciones estudiantiles han convocado a distintas marchas que han logrado tener impacto nacional. En la última de ellas, Kast llevó a cabo una brutal represión. Junto a estas, una convocatoria del 1 de junio en contra del gobierno, convocada por organizaciones feministas, de estudiantes secundarios y otros, consiguió mucho mayor convocatoria de la esperada. Señales de descontento expresado en movilizaciones comienzan a aparecer en el horizonte, en un país donde crece la rabia.
La salida es la organización y la movilización, así como la construcción de nuevas alternativas políticas
Como lo hace el peronismo con Milei en Argentina, los demócratas en EEUU con Trump, las oposiciones capitalistas permiten los ataques contra los pueblos. No organizar el descontento social, y llevar los reclamos a las calles, es dejarles el camino despejado a nefastos gobiernos como el de Kast.
Cuánto podemos detener a Kast se mide en cuántos sindicatos, organizaciones estudiantiles, medioambientales y sociales surgen o se fortalecen con el creciente malestar social, cuantos se unen en planes de luchas unitarios y retoman las calles en el mayor número de movilizaciones posibles. Este es el único camino que hasta hoy ha funcionado. Junto a esto, es urgente que la dirección de la CUT y la CONFECH rompan la tregua que le están dando a este gobierno, y que ha permitido que Kast avance. Se debe convocar a asambleas de base para discutir y aprobar un plan de luchas nacional para frenar los brutales ataques del gobierno, y dejar de confiar en las maniobras en el parlamento de la falsa oposición.
En Chile la tarea es la misma. Pero no basta con organizar la bronca y llevarla a las calles. Debemos darle una expresión política, una organización surgida de las mismas manos que sostienen la movilización, para mejor organizar la lucha contra la ultraderecha y el falso progresismo, contra el capitalismo y su devastación, y para que gobiernen la clase trabajadora y los pueblos.

































