Por Aisha Awdeh
15/06/2026. Tras la consolidación del dominio de Hay’at Tahrir al-Sham (HTS) sobre las demás facciones en el norte de Siria, hoy podemos hablar de una estrategia de gobierno impulsada por el gobierno de transición que puede describirse como una “toma de control por partes”. Este método no se basa en lograr una victoria repentina y directa sobre los adversarios, sino en derrotarlos de manera gradual.
Este enfoque se apoya en una paciencia estratégica de largo plazo. Consiste en desmantelar gradualmente las estructuras de los adversarios sin recurrir a una confrontación militar total ni a choques decisivos, mientras se espera el momento adecuado, ya sea en el plano interno o externo, para debilitar o contener a la parte contraria, haciendo así más fácil imponer condiciones y consolidar un control completo.
Esta estrategia sigue una secuencia clara: comienza despojando al adversario de legitimidad, luego explota sus errores, distorsiona su imagen mediante campañas mediáticas y populares organizadas, y finalmente actúa contra él una vez preparado el terreno político.
Mediante esta táctica, HTS pudo imponer su control político y militar sobre el norte de Siria, en Idlib, años antes de la operación “Disuasión de la Agresión” hacia Damasco. Cuando llegó el momento de avanzar hacia la capital, pudo, gracias a su fuerza organizativa, unificar a las facciones bajo su bandera en la batalla de la “liberación”, al tiempo que prometía a las fuerzas participantes puestos limitados dentro de la estructura de autoridad. De este modo reforzó su dominio político sin renunciar a su poder efectivo absoluto.
Hoy, después de que HTS llegara al poder y tomara el control de la mayoría de los ministerios soberanos y de instituciones clave del Estado, este enfoque ya no es simplemente una táctica temporal. Se ha convertido en una estrategia integral para gobernar y tratar con los adversarios, que atraviesa las diferencias nacionales, religiosas e ideológicas.
Por otra parte, este método ha provocado grandes crisis en momentos críticos. Las masacres en la costa y en Suwayda son ejemplos de ello. Además, esta política tampoco ha logrado proporcionar la legitimidad y la estabilidad buscadas por el gobierno de transición. El enfoque de “contener gradualmente al otro mientras se le conceden migajas de poder” crea tensiones permanentes y vuelve el “pluralismo político” en gran medida superficial, como se demuestra en el nombramiento de algunas mujeres o de ministros de distintas sectas. Mientras tanto, la relación con las Fuerzas Democráticas Sirias representa el ejemplo más claro de la naturaleza del actual arreglo de reparto de poder. En esta relación, lo que tuvo prioridad no fueron los derechos del pueblo kurdo, sino los intereses de los aparatos.
Por otra parte, esta ecuación no puede comprenderse sin considerar la crisis de la oposición de izquierda siria. Enfrentar a la autoridad actual requiere, en primer lugar, un análisis científico de la estructura del poder, de sus métodos de funcionamiento y de sus puntos débiles. En segundo lugar, requiere la formulación de un programa político claro que vincule la estrategia general con las tácticas cotidianas, manteniendo al mismo tiempo la flexibilidad suficiente para ajustar esas tácticas según los cambios de la realidad.
Las debilidades más significativas de la oposición de izquierda radican en la ausencia de un programa integral capaz de unificar las demandas económicas, sociales y democráticas dentro de una visión integrada. A esto se suman la fragmentación organizativa y la negativa de ciertos activistas de organizaciones no gubernamentales a construir una coordinación política que trascienda identidades y divisiones estrechas, reforzando así el individualismo y las iniciativas dispersas.
Del mismo modo, no pueden ignorarse los intentos de los restos del antiguo régimen de explotar demandas legítimas, como ocurrió durante las protestas del 17 de abril contra el aumento del costo de vida. Los leales al exrégimen presentaron estas protestas espontáneas en las redes sociales como si fueran una iniciativa propia. El gobierno de transición utilizó hábilmente esto para criminalizar todo el movimiento. Sin recurrir directamente a los aparatos represivos, abrió el camino a ataques contra los manifestantes alegando que estaban vinculados al antiguo régimen.
Por esta razón, proteger a la oposición en términos organizativos y políticos se convierte en una necesidad fundamental para preservar la legitimidad de las demandas sociales y económicas y garantizar su independencia frente a cualquier autoridad burguesa existente.
En realidad, lo que enfrentamos hoy es un gobierno de transición que carece de una sólida legitimidad social. Un año y medio después de llegar al poder, el gobierno no ha logrado ofrecer soluciones serias ni duraderas a las demandas fundamentales planteadas por la revolución, entre ellas, ante todo, el grave sufrimiento social y económico que viven los trabajadores y los pobres.
Por ejemplo, después de que el gobierno tomara el control de la región de Jazira, rica en recursos y situada en el noreste de Siria, esto no se tradujo en ninguna mejora de las condiciones de vida de las masas. Por el contrario, las condiciones empeoraron aún más con el aumento de los precios del combustible y de las facturas de electricidad, lo que hizo que las críticas populares contra las autoridades fueran más visibles y extendidas.
Esto se hizo evidente en las protestas realizadas por cientos de agricultores en Raqqa, Deir ez-Zor y Daraa tras el anuncio del precio de compra del trigo por parte del gobierno. Los agricultores consideraron que el precio era injusto e insuficiente frente al fuerte aumento de los costos de producción, y señalaron que no respondía a sus expectativas ni a sus demandas de mejores condiciones de vida y de mayor apoyo al sector agrícola.
Una de las movilizaciones laborales más destacadas de las últimas semanas fue la huelga llevada a cabo por cientos de trabajadores de la empresa Zenobia, una instalación industrial ubicada en la zona rural del sur de Damasco. Los trabajadores exigieron salarios más altos, mejores condiciones laborales y un entorno de trabajo más seguro. Esta huelga refleja el grado de deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora en medio de la creciente brecha entre los salarios y el costo de vida. También señala una disposición cada vez mayor entre los trabajadores a organizarse y protestar en torno a las demandas económicas y sociales inmediatas que afectan directamente su vida cotidiana.
En el fondo, las promesas gubernamentales de desarrollo mediante la inversión extranjera y la privatización no son más que ilusiones vacías. Problemas urgentes como la pobreza profunda, el desempleo, la crisis de vivienda y los bajos salarios solo pueden abordarse mediante medidas genuinas y radicales, empezando por la nacionalización de la riqueza de la oligarquía de Assad, el rechazo de las deudas del antiguo régimen y la orientación de los recursos del país hacia la satisfacción de las necesidades de las clases trabajadoras y los sectores populares.
En cuanto a la justicia transicional y los derechos de las distintas comunidades nacionales y religiosas, la política del gobierno se basa principalmente en la demora y en los intentos de fragmentar o contener a la oposición. Lo mismo se aplica a las cuestiones de la soberanía nacional, el enfrentamiento a las ocupaciones y la oposición al proyecto sionista.
Desde esta perspectiva, se necesita un plan político que levante las demandas económicas y democráticas urgentes de los trabajadores y los sectores oprimidos, y que busque movilizar a las masas en torno a ellas. Sobre esta base, llamamos a todos los sectores de vanguardia y activistas que siguen comprometidos con las consignas de libertad y dignidad de la revolución a unirse en torno a un programa común de lucha.
Entendemos que este camino no es ni el más fácil ni el más corto. Sin embargo, creemos que la construcción de una alternativa genuina y seria para las clases trabajadoras, independiente de las fuerzas burguesas e imperialistas, solo puede lograrse por esta vía.

































